No se reconoce como parte del colectivo de la llamada «tercera edad», tan maltratado y a la vez tan ultraprotegido en esta crisis global originada por un extraño tipo de coronavirus. No es de extrañar. Norma Morandini (Córdoba, Argentina, 1948) es una mujer vital, capaz de ilusionarse con su primera cita tras el confinamiento como una niña en su fiesta de cumpleaños.

Confinada en Madrid, donde el estallido de la pandemia la sorprendió en marzo, cuando visitaba a su hijo y a sus dos nietos, reconoce que en España se siente a gusto. Le recuerda sus tiempos de corresponsal de Cambio 16 en Portugal, Brasil y luego en Argentina, su país de origen.

Argentina le duele. Lo transmite con un lenguaje cuidado y reflexivo. Escuchas a Norma Morandini como si estuvieras leyendo un libro de meditaciones sobre la vida.

Nadie fue capaz de imaginar la pandemia, pero seguimos siendo arrogantes para imaginar el futuro, en lugar de resolver los problemas que nos deja la pandemia

«Ahora todos imaginan el postvirus, cuando creo que antes debemos entender y trabajar sobre el presente que nos está mostrando su rostro de intolerancia política. Nadie fue capaz de imaginar la pandemia, pero seguimos siendo arrogantes para imaginar el futuro, en lugar de resolver los problemas que nos deja la pandemia», afirma Norma Morandini, y a la vez va desentrañando recuerdos que desde hace pocos años puede verbalizar.

«Barajar y dar de nuevo las cartas no puede servir solo para el poder financiero, sino para debatir el tipo de sociedad que queremos, sin olvidar lo que ha significado para nuestros países la recuperación democrática. Es decir, ser ciudadanos responsables para vencer el virus del autoritarismo. Pensar diferente no es relevante, lo relevante es cuán respetuosos somos con las divergencias», explica pausadamente.

Según Morandini, la pandemia ha dejado claro que «seguimos siendo sociedades con miedo y eso nos torna manejables». Teme que nos hayan «encerrado» para que «no veamos de manera descarnada lo mal que se hizo, la privatización de lo que deben seguir siendo derechos universales a la salud, a la educación… Los países que mejor manejaron la pandemia son los que tienen sistemas sanitarios más robustos. Y si solo el 7% de las mujeres del planeta son líderes, y muchos países que gestionaron bien la pandemia están gobernados por mujeres, bien podemos sacar conclusiones útiles».

Hija y hermana de su tiempo

Norma Morandini es hija y hermana de su tiempo. De la época más negra de la Argentina reciente. Sus hermanos, Néstor y Cristina, desaparecieron el 18 de septiembre de 1977. Como señalaba en el recordatorio de Página 12, en 2007, coinciden los nombres con los de Néstor y Cristina Kirchner.

Entonces tenía esperanza de que cultivaran una «cultura de derechos y de ciudadanía». Ahora ve cómo poco a poco va muriendo la democracia argentina.

Norma Morandini vivió en el exilio, como tantos de sus compatriotas. Descubrió por una información de El País que habían sido arrojados al mar en los llamados vuelos de la muerte. Su madre, Rosa Huespe de Morandini, fallecida en 2014 a los 86 años, fue una de las madres de la Plaza de Mayo, esas incansables mujeres que lucharon por recuperar a sus hijos, que les fueron arrebatados por la dictadura militar.

El pasado solo puede ser aprendizaje, nunca venganza. Menos aún, manipulación política

Cuarenta años después del secuestro de sus hermanos, Norma Morandini, que tardó décadas en hablar de ellos sin que su voz se quebrara, escribió en Perfil: «El pasado solo puede ser aprendizaje, nunca venganza. Menos aún, manipulación política. La perversión de la figura del desaparecido, me temo, no termina de entenderse. Al desaparecido nadie lo vio morir. Fue deliberadamente secuestrado para ocultar su cadáver y luego negar el crimen. Ocultamiento, secretismo y mentira, las tres lacras que la luz democrática debe erradicar como cultura política para recuperar el camino que comenzamos de la mejor manera con el juicio a las Juntas Militares y el histórico alegato del ‘Nunca Más’… El mayor consenso al que llegó nuestro país cuando nadie le preguntaba al otro sobre las preferencias o pertenencias partidarias».

Escribió De la culpa al perdón, un libro que tardó una década en publicarse. Supo mucho más tarde que era por mencionar la palabra «perdón». Es su libro más comprometido, donde profundiza sobre la cultura de la memoria. Bebe de las fuentes de Hannah Arendt, a quien cita tanto como a los clásicos.

Este viaje a Europa en 2020 le había llevado a la ciudad alemana de Dresde, tan vinculada a la Historia de Alemania, a un acto sobre la cultura de la memoria. De allí viajó a Barcelona, y en marzo ya estaba en Madrid para pasar unos días con su hijo y sus nietos, de 21 y 15 años. Sintió ligeros síntomas del coronavirus y decidió pasar aquí la cuarentena. Luego no podía salir, y ahora es difícil la entrada en Argentina. «Me río porque yo quería tomar distancia de Argentina, por el clima político, y aquí estoy», dice Morandini.

Polarización en Argentina y en España

Tras años dedicada al periodismo en 2001 aceptó pasar al otro lado y se comprometió con la política. Fue diputada nacional por Córdoba, su provincia, entre 2006 y 2009, después senadora entre 2009 y 2015, y candidata a la vicepresidencia por un Frente electoral del socialismo en 2012. Dirigió el Observatorio de Derechos Humanos del Senado hasta diciembre de 2019. Confiesa que le habría gustado seguir. O ser defensora del pueblo.

Confiesa que en estos días de confinamiento ha estado ensimismada, pero con el rabillo del ojo seguía mirando los periódicos y escuchando la radio. En realidad, no se ha perdido un detalle de toda la lucha en el barro de los políticos españoles.

En Argentina, los Kirchner, que jamás hicieron nada por las víctimas, sobreactuaron y se apropiaron de los derechos humanos

«Lo que aquí me entristece, allí me enoja. Es la misma polarización. La relación con el pasado, o cómo saldaste las cuentas con el pasado, explica el presente de los países. En Argentina, los Kirchner, que jamás en los tiempos del terror hicieron nada por las víctimas, sobreactuaron y se apropiaron de los derechos humanos. Denunciamos las violaciones, los secuestros, las torturas, pero no anunciamos los derechos, en países que como Argentina y España llegaron tarde a la democracia, con culturas a derecha e izquierda, descreen en la democracia», explica Morandini.

Advierte la ex senadora diferencias entre Argentina y España. «En Argentina existe escasa conciencia sobre la prensa como inherente al sistema de la palabra, la democracia. Aquí veo mayor institucionalidad y el contexto europeo ayuda».

La deriva venezolana

Con dolor apunta cómo Argentina lleva una deriva peligrosa hacia Venezuela. «El gobierno del matrimonio Kirchner estableció vínculos políticos y de corrupción con Chávez primero y luego con Maduro. El gobierno argentino no condena la dictadura de Maduro y mal entiende que los derechos humanos son universales, no son propiedad de los sectores autodefinidos progresistas. Se violaron tanto en las dictaduras latinoamericanas como en los regímenes comunistas. Nunca antes habíamos visto éxodos masivos como los que vemos ahora de venezolanos, que huyen del hambre o de la persecución».

El gobierno argentino no condena la dictadura de Maduro y mal entiende que los derechos humanos son universales, no son propiedad de sectores autodefinidos progresistas

Tiene claro que en el caso de Venezuela «no es un tema ideológico, sino humanitario» y señala la hipocresía de quienes aducen que no pueden denunciar las violaciones de derechos humanos en Venezuela «para no hacerle el juego a la derecha y al imperialismo». Y añade: «¿Cuándo le haremos el juego a la democracia?»

Ve el riesgo de que el modelo cubano de control autoritario se vaya imponiendo en muchos países de América Latina. En Argentina, por ejemplo, cada vez están más diluidos Ejecutivo, Legislativo y Judicial. «No creen en la democracia. Creen que los votos los legitiman para hacer lo que quieran», apunta Morandini, quien ve a Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del gobierno, en esa línea.

Lamenta que la pandemia haya coincidido con los aniversarios del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. «Es una filosofía jurídica que engarza a los Estados y ha dado a Europa el periodo de mayor prosperidad y libertad de su Historia», señala la periodista, autora de La mala bestia, sobre su experiencia legislativa. Ahora la comunidad internacional debería dar un paso más y adoptar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como derechos humanos.

«He abrazado la causa de los derechos humanos como vida, no con la connotación de muerte que tiene en Argentina», explica Norma Morandini, quien no se cree con superioridad moral por el hecho de tener dos hermanos desaparecidos.

En política descubrió la complejidad del funcionamiento del Estado , pero también que la independencia no se entiende bien. «Me tachaban de librepensadora, como si fuera un pecado, o principista, por ignorar las reglas de la política, que no son necesariamente las de la democracia». Aprendió lo necesarios que son los buenos políticos y cuán dañinos pueden ser los malos.

En este desconcertante 2020 Norma Morandini se ve como una cronista que ha visto lo peor y lo mejor del ser humano, tan cerca y tan dentro, que cuando mira ve personas que sufren, ni buenos ni malos, ni blancos ni negros, ni derechas o izquierdas. Ya es hora de culminar ese camino de la culpa al perdón.