La escala, la velocidad y la amenaza que supone la pandemia mundial del Covid-19 no tienen precedentes, al igual que la respuesta financiera que ahora se requiere. Según los expertos, es poco probable que esta pandemia se contenga rápidamente. Puede disminuir y fluir con el tiempo, a través de las estaciones y entre regiones, lo cual subraya la importancia de una respuesta global coordinada.

Como ex presidentes y primeros ministros, hemos liderado democracias en respuesta a transiciones de gobernanza, crisis financieras, disturbios civiles y conflictos violentos, y a epidemias tan graves como el SARS, H1N1, MERS y Ébola.

Dada la sorprendente velocidad con la que el Covid-19 se ha extendido a nivel mundial, esta pandemia debe abordarse con urgencia. Eso requerirá un enfoque de liderazgo basado en valores de solidaridad, equidad y cooperación que trasciendan un enfoque único en los intereses nacionales – lo cuál por sí solo sería insuficiente para detener una pandemia de dimensiones globales.

Celebramos la celebración de la primera Cumbre virtual de líderes del G20 el pasado 26 de marzo. El mensaje enviado desde Club de Madrid de antemano tenía como objetivo alentar al G20 a establecer una solidaridad global en la lucha contra la pandemia. Estamos totalmente de acuerdo con el llamamiento realizado por el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para «luchar, unirse, ser un catalizador» contra el virus que amenaza con destrozar el mundo. Hacemos un llamamiento al G20 para proporcionar el liderazgo y el apoyo necesarios para una respuesta coordinada a nivel mundial.

El G20 debe desarrollar y presentar una respuesta integral tanto a la emergencia de salud pública, como a la emergencia económica y social global

El compromiso del G20 es particularmente importante. Como vimos hace una década durante la crisis financiera, su convocatoria a países de todas las regiones del mundo, que representan más del 90% de la economía global y dos tercios de su población, puede ser crítica. El G20 debe desarrollar y presentar una respuesta integral tanto a la emergencia de salud pública que se está desarrollando como, cada vez más, a la emergencia económica y social global de una manera que brinde confianza a las personas y los mercados.

Esta respuesta debe ir más allá de los tópicos. Debe dar lugar a decisiones concretas, como eliminar las barreras a la libre circulación de personal y equipos médicos, coordinar los esfuerzos en torno al desarrollo y pruebas de vacunas, y apoyar a los países de bajos ingresos que tienen una infraestructura y capacidad de salud pública deficientes.

Hasta la fecha los líderes mundiales se han centrado principalmente en los brotes víricos de sus propios países. La prioridad dada por los líderes para resolver los problemas de sus ciudadanos es comprensible. Sin embargo, ningún país está a salvo de una pandemia como el Covid-19. Las estrategias nacionales independientes no solo resultarán ineficaces para detener el virus, sino que además provocarán una respuesta internacional más débil e ineficaz.

La Organización Mundial de la Salud ha trabajado admirablemente dentro de su capacidad para coordinar una respuesta global. Sin embargo, una agencia multilateral que actúa sola no puede hacer milagros. El sistema multilateral en su conjunto debe intensificarse para proporcionar la respuesta conjunta requerida.

El Consejo de Seguridad de la ONU debe abordar la pandemia mundial como una amenaza para la paz y la seguridad mundiales. El sistema de la ONU en su conjunto es tan fuerte como sus miembros. La respuesta a la crisis del Covid-19 requiere de un liderazgo a nivel mundial, para enfrentar no sólo el brote, sino también para coordinar los esfuerzos para evitar la previsible depresión económica que viene.

Los gobiernos no deberían desarrollar paquetes de estímulo de forma aislada. Sabemos por la historia que así solo se crearán desequilibrios fiscales que dificultarán la recuperación

Los gobiernos no deberían desarrollar paquetes de estímulo de forma aislada. Sabemos por la historia que así solo se crearán desequilibrios fiscales que dificultarán la recuperación. Asimismo, los gobiernos también deben alinear sus esfuerzos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París para garantizar que todos estemos mejor posicionados para enfrentar otros desafíos globales como el cambio climático a medida que salimos de esta crisis.

Estamos especialmente preocupados por la rápida propagación del Covid-19 en los países de bajos y medianos ingresos ubicados en Asia, África, América Latina y el Caribe. La infraestructura y las capacidades de salud pública ya se han ampliado en China, Corea del Sur, Europa y los Estados Unidos.

El secretario general de las Naciones Unidas, y Miembro del Club de Madrid, Antonio Guterres, ha hecho un llamamiento correcto a los países más ricos para que se concentren más allá de sus desafíos nacionales y trabajen hacia una respuesta integral que apoye a los países más pobres.

La propuesta del gobierno de Noruega al G20 de establecer un fondo internacional para ayudar a los países de bajos y medianos ingresos es un paso en la dirección correcta. Un fondo de respuesta global que prevea la cooperación público-privada a través de las fronteras, a disposición de expertos internacionales en salud pública, es fundamental para no dejar a nadie atrás tanto dentro como entre los países.

En muchos lugares alrededor del mundo, hay grupos identificados sin acceso pleno a bienes, oportunidades y servicios. Las respuestas de salud pública deben tener en cuenta la necesidad de incluir a aquellos marginados de la atención médica – históricamente o de otra manera – incluidos grupos étnicos y religiosos, pueblos indígenas, minorías, migrantes, mujeres y jóvenes.

Si su exclusión se replica en la respuesta a esta pandemia, no sólo serán potencialmente diezmados por la enfermedad, sino que también pueden convertirse en transmisores continuos del virus incluso cuando comience a retroceder entre otras poblaciones.

La tecnología es parte de la solución, pero también debe aplicarse de manera equitativa entre y dentro de las naciones. Sabemos que la transformación digital no ha sido inclusiva y equitativa en todas las sociedades, particularmente entre las mujeres y las minorías.

Los esfuerzos para apoyar la economía global deben centrarse en las poblaciones más marginadas y excluidas

Debemos asegurarnos de que las respuestas tecnológicas que desarrollamos, como las pruebas, la atención médica y, con el tiempo, las vacunas, se distribuyan de manera equitativa. Por ejemplo, en Corea del Sur, el acceso a procedimientos de prueba a disposición del público es continuo y riguroso, a través de sencillos puestos de fácil acceso. Esto ha mantenido el orden civil y ha permitido a los administradores de salud pública lograr una alta tasa de recuperación.

Los esfuerzos para apoyar la economía global también deben centrarse en las poblaciones más marginadas y excluidas, lo cual significa desarrollar estrategias de recuperación económica en torno al empleo, la reducción de la pobreza y los modelos comerciales sostenibles. Sin una estrategia y acción global efectiva, el Covid-19 continuará extendiéndose, causando graves daños a la salud y el bienestar humanos y perjudicando gravemente a las economías y sociedades.

Como ex presidentes y primeros ministros, pedimos al G-20 y a los líderes mundiales que financien y fortalezcan una respuesta internacional revitalizada y coordinada que no deje a nadie atrás y que tenga como objetivo detener la pandemia del Covid-19.


Escrito de forma conjunta por Jan Peter Balkenende, ex primer ministro de los Países Bajos (2002-2010); Ban Ki-moon, ex secretario general de las Naciones Unidas (2007-2016); Kjell Magne Bondevik,ex primer ministro de Noruega (1997-2000; 2001-2005); Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda (1999-2008); Benjamin Mkapa, ex presidente de Tanzania (1995-2005); Ricardo Lagos, ex presidente de Chile (2000-2006); Kevin Rudd, ex primer ministro de Australia (2007-2010, 2013); Aminata Touré, primera ministra de Senegal (2013-2014); y Danilo Türk, presidente de Eslovenia (2007-2012).

Todos son Miembros de Club de Madrid, el mayor foro global de ex presidentes y primeros ministros democráticos. Su Secretariado tiene base en Madrid, una de las ciudades más afectadas a nivel global por la pandemia del Covid-19.