Cuando llegue el D-Day, nombre en clave con el que se conoce el día de la muerte de Isabel II, su secretario privado, the Right Honourable Edward Young, llamará a Downing Street, residencia oficial del primer ministro, y dirá tan sólo cuatro palabras: «London Bridge is Down (el Puente de Londres ha caído)».

Inmediatamente, se comunicará la noticia al Lord Chamberlain, la persona con más rango dentro de la Casa Real y el encargado de todo el ceremonial de la Corte, para que active y coordine el complicado protocolo del funeral más importante de la historia del Reino Unido en el último siglo.

Desde el 1 de abril de este año, el Lord Chamberlain es Sir Andrew Parker, Baron Parker of Minsmere, conocido principalmente por haber sido hasta hace poco el director general del MI5, es decir, el jefe de los espías. Será él, junto con el duque de Norfolk, el Earl Marshal, quien, desde su despacho en el palacio de St. James, en el centro de Londres, dará todas las órdenes pertinentes y supervisará hasta el más mínimo detalle de lo que se conocerá como Operación London Bridge.

Entre la muerte de un soberano del Reino Unido hasta su funeral han de pasar ocho días de luto nacional y cada día tiene un código

No tendrán que improvisar mucho: en un grueso documento está diseñado todo lo que hay que hacer cada día, desde el D-Day hasta el D+8, nombre en clave del día del funeral de estado. Entre la muerte de un soberano del Reino Unido hasta su funeral han de pasar obligatoriamente ocho días de luto nacional y cada día tiene un código específico (D+1, D+2…)

Mientras el Lord Chamberlain de sus primeras indicaciones, un equipo especial del gobierno se reunirá en el Ministerio de Cultura. Minutos más tarde, el Centro de Respuesta Global del Foreign Office, una central de comunicaciones de alta tecnología cuya ubicación exacta nunca se ha hecho pública, contactará con los jefes de gobierno de los 15 países en los que la Reina de Inglaterra es también la jefa de Estado.

Todos los presidentes y jefes de gobierno de los 36 países que integran la Commonwealth recibirán una llamada telefónica. Gobernadores generales, primeros ministros y embajadores se vestirán inmediatamente de luto riguroso: todos, hombres y mujeres, irán de negro y se recomendará que los hombres lleven bandas negras en el brazo izquierdo. El protocolo real estipula que sean, exactamente, de ocho centímetros de ancho. 

Un equerry, un lacayo, vestido con una especie de chaqué de chaqueta y chaleco negro, colgará en las verjas frente al palacio de Buckingham un pequeño anuncio, perfectamente enmarcado como si fuera un cuadro, en el que se anunciará oficialmente el fallecimiento.

Será una mera formalidad protocolaria, un simple vestigio de la era en que no había Internet, ni televisión y los británicos iban a informarse directamente a palacio, porque para cuando el cuadro se cuelgue, la noticia ya habrá dado la vuelta al mundo. 

Incluso hay un protocolo específico que se seguirá en Twitter y en Instagram… y la página web de la Familia Real se fundirá en negro

Antiguamente, el monopolio de la información real lo tenía la BBC, pero hoy en día, Buckingham ofrece noticias de este calibre a todos los medios. Incluso hay un protocolo específico que se seguirá en Twitter y en Instagram: después de que muriera el duque de Edimburgo, las cuentas de Twitter de todos los miembros de la familia real (@RoyalFamily para la Reina, @ClarenceHouse para el príncipe de Gales, @KensingtonRoyal para el duque de Cambridge, príncipe Guillermo, y su esposa, etcétera) pusieron la misma foto en blanco y negro en la cabecera y la foto de avatar se transformó en el escudo de armas también en blanco y negro. Cuando muera la soberana se espera algo parecido. También se espera que la página web de la familia real británica se funda a negro y sólo ofrezca la triste noticia. 

Puede que la BBC no tenga la exclusiva, pero desde luego están preparados desde hace años para dar una cobertura ininterrumpida. En cuanto le llegue la confirmación de la noticia, se activará un sistema conocido como RATS (radio alert transmission system), un mecanismo diseñado en plena Guerra Fría que permite que la emisión continúe aunque el país esté sufriendo un ataque extranjero. Además, todos los presentadores tienen siempre ropa de luto a mano por si acaso. 

Las cadenas de radio darán paso a noticias o pondrán música solemne. Todos los periódicos lanzarán ediciones especiales: se sabe que algunas llevan ya años preparadas y tienen los artículos escritos. Incluso se rumorea que el Times tiene listo material suficiente para hablar sobre la muerte de la Reina durante once días seguidos. 

Después del anuncio, las banderas se colocarán a media asta, excepto el estandarte real, que sólo sirve para indicar la presencia del monarca y, por tanto, no puede arriarse a medias. Las campanas de las iglesias de Londres sonarán siguiendo un elaborado ritual.

En la catedral de San Pablo, la gran campana de la torre sur, llamada Great Tom, sonará cada minuto durante dos horas. Seguramente, pocas horas después de conocerse la noticia, se reunirán las Cámaras de los Comunes y la de los Lores en Westminster. 

Leverton & Sons disponen siempre de un ataúd especial de roble macizo «por si acaso»

En palacio, se llamará rápidamente a los servicios funerarios. Leverton & Sons disponen siempre de un ataúd especial de roble macizo especial «por si acaso». En función de si la Reina muere en Buckingham, Windsor, Sandringham o Balmoral se activarán protocolos especiales. Si muriera fuera de Londres, el féretro sería llevado al día siguiente, seguramente en tren, a la capital.

Hyde Park Corner, el rey ha muerto

El mundo no ha visto semejante protocolo a todo gas desde 1952, cuando murió Jorge VI, el padre de la actual Reina. 

Pocos días antes de fallecer, la mañana del 31 de enero de 1952, los ingleses vieron por última vez a su Rey en público. Para la entonces princesa Isabel, princess Elizabeth en inglés, también sería la última vez que vería a su padre vivo. Ese día, en medio de un frío gélido, el monarca acompañó a su hija y su yerno al aeropuerto de Londres para despedirse.

Los Edimburgo, como era conocida entonces la real pareja, partían de viaje oficial: visitarían Kenia, luego Mombasa y después irían a Australia y Nueva Zelanda.En las fotografías e imágenes de grabación de aquel día el monarca apareció muy deteriorado.

Buckingham seguía sin reconocer que el Rey tenía cáncer de pulmón e insistía que se trataba de problemas de bronquios, pero a nadie le convencía ya semejante explicación: en televisión aquel día se le vio con la cara demacrada y las mejillas muy hundidas, lo que delataba la gravedad de su enfermedad. 

Tan sólo seis días más tarde, en el palacio de Sandringham, James McDonald, el ayuda de cámara del Rey, llamó a la puerta de la habitación real a las siete y media y entró portando una bandeja con una tetera. Dejó la bandeja sobre una mesita, descorrió las cortinas y dio los buenos días al monarca. Pero no hubo respuesta. El Rey había muerto mientras dormía

A las nueve menos cuarto, Edward Ford, el vicesecretario del Rey, descolgó el teléfono en su despacho de Buckingham. La voz grave del secretario privado del monarca, Sir Alan Lascelles, conocido en la familia real como Tommy, le comunicó escuetamente: «Edward, Hyde Park Corner. Avisa al primer ministro». 

Edward Ford no necesitaba explicación para aquel mensaje en código y, pocos minutos más tarde, estaba en un coche rumbo a Downing Street, la residencia oficial del primer ministro. Winston Churchill aún estaba en la cama, aunque despierto y escribiendo cartas. 

— Primer ministro, le traigo malas noticias. El Rey ha muerto. No tengo más detalles. 

—¿Malas noticias? Las peores — contestó Churchill, y enseguida mandó que se reuniese el gobierno en pleno.

Lo de Hyde Park Corner se había elegido porque en aquel momento las líneas de teléfono eran todavía tan arcaicas que se necesitaban teleoperadores para enchufar claves y conectar llamadas, por lo que cualquiera hubiese podido escuchar la noticia de que el monarca había muerto. De ahí la necesidad de un nombre en clave.

Los miembros más mayores de la familia real tienen nombre para su muerte: ‘Forth Brigde’ era el príncipe Felipe y el heredero es ‘Menai Brigde’

Hoy este problema no existe, pero se sigue la tradición y los miembros más mayores de la familia real tienen un nombre propio: la Reina es London Bridge, su marido era Forth Bridge, la reina madre (Elizabeth Bowles-Lyon, madre de Isabel II) era Tay Bridge y el príncipe Carlos de Gales es Menai Bridge

Todos han supervisado personalmente los detalles de sus funerales. El duque de Edimburgo, por ejemplo, dejo claro que no quería capilla ardiente (decía que no era tan importante) y la Reina Madre dispuso que sonaran gaitas en su funeral (su familia era escocesa).

La Reina también ha dado órdenes de cómo quiere que sea y, por lo que se sabe, acude a las reuniones de planificación con gran profesionalidad. Cada año se convocan un par de reuniones específicas en Buckingham o en la sede de algún ministerio para acabar de perfilar detalles y, a veces, la Reina participa en ellas. Habla de su funeral con total naturalidad. 

A estas alturas, Isabel II ya debe estar acostumbrada a hablar de su muerte, porque lo ha hecho durante décadas. De hecho, la primera versión de London Bridge comenzó a circular poco después de su propia coronación, en 1953, a pesar de que la soberana tenía entonces veintisiete años y gozaba de una excelente salud.

Sin embargo, nadie quería tener que improvisar delante de un improbable pero posible evento de semejante magnitud y tanto el gobierno como el palacio de Buckingham eran partidarios de estar preparados ante cualquier eventualidad. 

Anuncios en función de la prensa

Obviamente, ha llovido mucho desde entonces y el mundo actual tiene poco que ver con aquella Inglaterra de postguerra y muchas prácticas informativas de entonces son actualmente inconcebibles. 

Por ejemplo, antiguamente, el anuncio oficial del fallecimiento de un monarca se hacía en función de la prensa. Cuando murió el abuelo de la actual reina, Jorge V, el 20 de enero de 1936, por la tarde se hizo público que su fallecimiento estaba próximo para alertar a los periodistas.

A las nueve y media, el médico real, Lord Dawson of Penn, agarró el primer trozo de papel que tuvo cerca —una cartulina de un menú— y escribió el parte médico en el dorso: «La vida del Rey avanza con calma hacia su final». La BBC leyó el mensaje y todo el país se paralizó de inmediato. 

A las once de la noche, Lord Dawson intuyó que al Rey aún le quedaban unas cuantas horas pero, consciente de que el Times cerraba las rotativas a las doce de la noche, decidió acelerar el proceso. Si la muerte se hubiese hecho esperar, el Times, que era un diario de la mañana, no habría podido llevar la noticia en portada, por lo que habría aparecido en los rotativos de la tarde, considerados vulgares y poco apropiados para dar tan solemne titular.

Lord Dawson suministró al real paciente una inyección letal de morfina y un gramo de cocaína que le provocó un infarto

Por ello, Lord Dawson suministró al real paciente una inyección letal con morfina y un gramo de cocaína que le provocó un infarto. Con puntualidad británica, a las 11.55 horas, el Rey exhalaba su último aliento. 

Isabel II no tendrá que pasar por semejante trago. Tampoco el mundo tendrá que esperar mucho la noticia de su fallecimiento: si es de día, se hará oficial a los pocos minutos. La incógnita es qué pasará si muere de noche: algunos creen que, entonces, la noticia no se dará hasta que amanezca. 

La Reina ha muerto. Dios salve al Rey

Cuando murió Jorge V, el abuelo de Isabel II, estaban presentes en la habitación su mujer, la reina María y sus hijos, el príncipe heredero Davi y Bertie, duque de York y padre de la actual soberana. En cuanto el médico certificó la muerte del monarca, la Reina se dirigió a su hijo mayor, le tomó la mano derecha y se la besó. Luego pronunció:

Dios salve al Rey. Larga vida al Rey

Se espera que con Isabel II y Carlos pase algo parecido. Dado que la reina actual tiene una salud encomiable a sus noventa y cuatro años (cumple los noventa y cinco el 21 de abril de este mes), se cree que su muerte, como le sucedió a su madre, será tras una breve enfermedad, con lo que se da por hecho que sus hijos estarán todos presentes en su habitación. 

No se sabe quien le tomará la mano y se la besará (por protocolo podría ser su hijo mayor, Guillermo, o bien su hermana, la princesa Ana). Pero alguien habrá de decir de nuevo lo de «Dios salve al Rey». Carlos se convertirá inmediatamente en rey, pero no será proclamado oficialmente hasta el día siguiente, a las once de la mañana, y tras una breve ceremonia privada en el palacio de St. James

En cuanto Carlos sea proclamado, unos oficiales, vestidos con ropajes que parecerán sacados de una obra de Shakespeare, saldrán al balcón del palacio y leerán una especie de pergamino donde se dará cuenta que Carlos III será el nuevo soberano del Reino Unido. 

Será entonces cuando, oficialmente, habrá acabado toda una era y comenzará otra. 


Ana Polo Alonso es la editora de Courbett Magazine, una publicación digital sobre libros, diseño y cultura. También es la creadora del podcast Sin Algoritmo, centrado en novedades literarias. Publicará próximamente una biografía sobre Jackie Kennedy y está trabajando en una biografía sobre la reina Isabel II de Inglaterra.