La traición nunca viene de los enemigos. Naftali Bennett (Haifa, 1971), quien fuera aliado de Benjamin Netanyahu, será ahora su verdugo. El líder ultranacionista y ultraliberal está a punto de sellar un pacto con el centrista Yair Lapid que supondrá el fin de la era Netanyahu. Es una alianza contra natura con la que se evitan unas quintas elecciones consecutivas en menos de dos años. Es lo que han denominado un «gobierno de cambio».

Al anunciar este domingo su principio de acuerdo Bennett y Lapid, Netanyahu estalló: «Lo llaman cambio, regeneración pero son unos hipócritas. ¡Cuánto odio! ¡Son como Assad en Siria, como los mandatarios de Irán!». Y añadió: «Es el fraude del siglo». Si Netanyahu pierde el poder, estará expuesto a cumplir la condena que le impongan en el juicio por corrupción que está en curso.

Bennett justificaba este abrazo a Lapid por la imperiosa necesidad de evitar una convocatoria a las urnas. «Lo único que hace Netanyahu es conducir al país a su Masada personal» (en referencia a la Numancia israelí), dijo el líder de Yamina, (en hebreo, A la derecha) un partido ultranacionalista que logró siete escaños en las elecciones del 23 de marzo pasado.

El partido que lidera Netanyahu, el Likud, fue el más votado entonces pero, como es habitual en la política israelí, se vio forzado a buscar alianzas. Netanyahu, que tiene varias causas abiertas en los tribunales por corrupción, no logró una alianza estable. Ha seguido en funciones durante la reciente ofensiva en Gaza contra el movimiento islámico Hamás, que se ha cobrado la vida de 240 palestinos y 12 israelíes.

Naftali Bennett es el kingmaker a pesar de que tan solo cuenta con siete escaños de los 120 de la Knesset israelí (Parlamento). Tiene en sus manos acabar con los 12 años que lleva Netanyahu en el poder o de darle opción de mantenerse, como parecía que haría en plena ofensiva contra Hamás.

Su jugada de pactar con fuerzas centristas y de izquierdas (sería una coalición de siete partidos) es arriesgada, pero más aún sería volver a las urnas. Y ahora tiene en sus manos la oferta de Lapid de ser primer ministro.

Millonario y vinculado a EEUU

Bennett nació en Haifa, hijo de inmigrantes procedentes de San Francisco, hace 50 años. Pasó parte de su infancia en Estados Unidos y habló inglés con acento made in USA. Combina su judaísmo ortodoxo con unas ideas ultraliberales en economía.

Estudió en una escuela rabínica y militó en Bnei Aktiva, una organización juvenil sionista y religiosa. Allí alcanzó el cargo de guía. En el Ejército llegó a posiciones de responsabilidad en dos unidades de fuerzas especiales. Ha reconocido que ha matado a «muchísimos árabes» (no palestinos) en aquella época. Estudió Derecho en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

En 1999 creó una start-up dedicada a la ciberseguridad, que vendió luego en 2005 en Estados Unidos por 145 millones de dólares. Podría haberse dedicado a vivir de las rentas, pero su movilización durante la guerra de 2006 contra Hizbulá en el Líbano le convenció de dedicarse a la política.

Bennett llegó así al Likud, liderado por Netanyahu, cuando estaba en la oposición. Entre 2006 y 2008 fue su jefe de gabinete. Llegó a ser tan cercano a Netanyahu que el mayor de sus cuatro hijos se llama Yoni como el hermano del primer ministro en funciones, que murió en una operación para liberar pasajeros secuestrados en Uganda. Pero la relación acabó mal.

En 2010 se convirtió en el líder del Consejo Yesha, que defendía a los colonos israelíes en los territorios ocupados. De hecho, Bennett considera que no hay territorios ocupados porque jamás fueron de Palestina y se opone a que se establezca el Estado palestino. Otra de sus declaraciones polémicas se refería a la liberación de unos terroristas. «Si vamos a soltarlos, quizá deberíamos matarlos antes».

En 2012 se hizo cargo del partido Casa Judía, que estaba en plena crisis. Logró cuadriplicar sus resultados electorales en el momento en que ganó popularidad con comentarios incendiarios. En 2018 refundó este partido para hacer que renaciera como Yamina. Es un movimiento formado por pequeños partidos de la derecha radical. Defiende la anexión de caso dos terceras partes de la Cisjordania ocupada, línea férrea con Irán, reducción de gastos públicos y de impuestos.

En 2017, el ex primer ministro israelí Ehud Barak dijo de Bennett que era «un payaso» a la cabeza de «un partido nacionalista delirante que huele a fascismo».

Ha sido ministro de Economía, Educación, de Asuntos Religiosos, en diversos gabinetes encabezado por Netanyahu. Hasta mayo de 2020 era el titular de Defensa. En este puesto, llegó a decir que convertiría Irán en «un Vietnam» si Teherán seguía estableciéndose militarmente en Siria.

Como ministro de Defensa, organizó la movilización del Ejército para gestionar la pandemia. Israel es uno de los campeones globales en la lucha contra la pandemia del coronavirus. Pero en mayo de 2020 Netanyahu dejó de contar con Bennett. Ahora es él quién está al mando para mantenerle o para dejarle caer.