Bibi sí, Bibi no. He ahí el dilema. ¿Seguirá Benjamin Netanyahu al frente del gobierno en Israel? Es la gran pregunta. El Likud, que lidera el primer ministro israelí, es el partido más votado, pero el bloque pro Netanyahu aún no tiene garantizada la mayoría de 61 escaños. Cuenta con 59 diputados, dos menos, y eso en el caso de que el ultranacionalista Yamina, liderado por Naftali Bennett, se incline por Netanyahu.

Según el Comité Central Electoral, el Likud cuenta con 30 escaños, el centrista Yesh Atid logra 18. Los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, tienen nueve y ocho respectivamente. Los laboristas y Kahol Lavan, ocho. Yamina (Naftali Bennett) y Yisrael Beiteninu consiguen siete diputados cada uno. El Partido Sionista Religiosos, la Lista Unida, Nueva Esperanza y Meretz, seis cada uno.

La entrada en la Knesset de la Lista Árabe Unida Islamista, que ha superado el 3,25% mínimo con cuatro escaños, perjudica los intereses del primer ministro. Su líder, Mansour Abbas, descarta aliarse con ninguno de los bloques.

No descarto a nadie para llegar a acuerdos porque Israel merece un gobierno estable»

benjamin netanyahu

Benjamin Netanyahu ha declarado esta madrugada que el Likud ha ganado y ha prometido que hará todo lo posible para evitar unas quintas elecciones. Ha hecho un llamamiento para que los políticos de todos los partidos formen parte de un gobierno que intentará formar de inmediato. Su partido, el Likud, tiene un gran margen sobre el segundo más votado.

«Israel es el campeón en vacunación. Hemos traído millones de vacunas para todos y hemos hecho acuerdos de paz con todos (en alusión al acercamiento de Israel a los países árabes del Golfo). No descarto a nadie para llegar a acuerdos porque Israel merece un gobierno estable», ha dicho Netanyahu.

Baja la participación

El hastío ha hecho mella en los israelíes, convocados a votar por cuarta vez en dos años. Los últimos datos de la jornada indican que la participación ha sido la más baja desde 2013: 67,2%. Al cansancio se suma la excepcionalidad de votar en plena crisis del coronavirus.

Han sido unas elecciones caras, que han costado 170 millones de euros, el doble que la última vez. Los colegios se han adaptado para evitar contagios por el nuevo coronavirus. En los hospitales se han desplegado urnas volantes. También los viajeros recién llegados al país podían votar en el aeropuerto.

En un artículo en The Jerusalem Post, el presidente Reuvlen Rivlin, animaba a los israelíes a votar, especialmente en estos tiempos de crisis. Los principales líderes políticos han llamado a acudir a las urnas en la jornada electoral. Unos y otros temen que la abstención les perjudique.

«Todos los que estén aquí y aún no hayan ido a votar, salgan del centro comercial y vayan y voten a Likud. Dos asientos más y ganamos», ha dicho Netanyahu, que se ha presentado en un centro comercial de Bat Yam, al sur de Tel Aviv para captar hasta el último voto.

El rey de las vacunas

El gran aval de Benjamin Netanyahu, incombustible después de 12 años en el poder y procesado por corrupción, es la campaña de vacunación. Tras una gestión deficitaria de las oleadas de contagios, con disturbios provocados por los ultraortodoxos, Netanyahu se empleó a fondo para llegar a la jornada electoral con unos excelentes resultados.

De los palestinos, sin embargo, no se ha acordado a la hora de promover la vacunación. Cedió una cantidad simbólica, apenas unos miles, y dependen en su mayoría del plan Covax, destinado a los países con menos medios.

El primer ministro fue el primero en vacunarse el pasado 19 de diciembre. Lo hizo para dar ejemplo y conserva la jeringuilla en su despacho.

Israel es el país del mundo con más porcentaje de población vacunada: un 80% de los 9,3 millones de ciudadanos. Este éxito pudo lograrse gracias a la rapidez de reflejos de Netanyahu, que negoció en diciembre con Moderna y Pfizer y recurrió a la chequera.

Ha sido un gran acierto de Netanyahu, un auténtico prestidigitador de la política. Ya pocos se acuerdan de los vaivenes de hace un años y están contentos con la campaña de vacunación que también ha permitido abrir la economía.

La campaña ha sido su gran aval, hasta el punto de que pocos se acuerdan de que es un primer ministro procesado por corrupción. Su partido, el Likud, es el más votado, pero la fragmentación de la Knesset, con varios ejes (izquierda/derecha; laicismo/religión; un Estados/ dos Estados) complica las alianzas.

El número mágico es 61. Aún está sobre la mesa una nueva convocatoria electoral. Serían las quintas en algo más de dos años.