Bibi sí, Bibi no. De nuevo el rey Bibi, Benjamin Netanyahu (Tel Aviv, 1949), está en el foco de la convocatoria electoral en Israel. Son las cuartas elecciones en dos años y el longevo primer ministro israelí. Es quien define los bloques: a favor de Bibi, contra Bibi.

En un artículo dirigido a la población, el presidente de Israel, Reuven Rivlin, afirma que «en los 73 años de independencia, el Estado de Israel no ha experimentado una crisis política como la actual. Aún no he completado mi séptimo año como presidente, y ya he vivido más elecciones que el presidente Chaim Herzog, que estuvo diez años a cargo».

Por ello, el presidente anima a que los israelíes acudan a votar. «No hay lugar para la desesperación y no debemos renunciar a nuestro derecho fundamental, de enorme valor, que tenemos como ciudadanos de un Estado democrático», escribe en una columna que publica este martes The Jerusalem Post.

Después de 12 años en el gobierno, Netanyahu, procesado por corrupción, se presenta este martes como el gran hacedor de una vacunación que es modelo en el mundo. Israel es el país que ha vacunado a mayor porcentaje de población.

El 80% de los 9,3 millones de israelíes ya se ha inmunizado. Este éxito, logrado gracias a que Netanyahu actuó con rapidez y chequera para hacerse con suministros de Moderna y Pfizer, ha permitido volver a abrir los colegios, los museos, los restaurantes y el principal aeropuerto justo a tiempo para presumir de ello en la convocatoria electoral.

«En la mente de los israelíes, lo primero y fundamental que aparece cuando van a votar, es la identidad del primer ministro. En muchos aspectos, esto juega a favor de Netanyahu, porque pocos tienen claro quién es el opositor», afirma Yohanan Plesner, presidente del Israel Democracy Institute, citado por la agencia AP.

Según plantea la politóloga Dahlia Scheindlin en las páginas de Haaretz, esta visión obra a favor de Netanyahu: «Al plantear estas elecciones como un referéndum sobre Netanyahu ya se le está dando una victoria a Netanyahu, ya que se está convirtiendo el Estado en una amplificación de él mismo».

Están convocados a votar 6,5 millones de israelíes en unos comicios marcados por la crisis del coronavirus. Las mesas de votación están equipadas con protectores plásticos. Los infectados votarán en 409 carpas especialmente protegidas. También podrán depositar su papeleta en 38 centros en hospitales.

Incluso en el aeropuerto se puede ejercer este derecho. La organización ha costado unos 170 millones de euros, el doble que los últimos de marzo de 2020, según informa la agencia Efe.

Varios ejes, un parlamento fragmentado

El partido que encabeza Netanyahu, el conservador Likud, encabeza los sondeos previos a la votación, que le auguran unos 30 escaños. El Parlamento o Knesset cuenta con 120 escaños, de modo que para lograr la mayoría de 61 precisa aliados. Y serán varios porque la votación dará como resultado un Legislativo muy fragmentado, como es habitual en Israel.

Hay incertidumbre por el elevado número de indecisos, un 15% en la víspera electoral. Se da por hecho que la participación será menor que el 71% de la última convocatoria, hace apenas un año.

Es un plebiscito sobre Netanyahu y su gestión, no sobre su partido o su ideología… En la política israelí hay un eje izquierda/derecha, otro un Estado/dos Estados y otro laico/religioso»

guillem Pursals

«Después de las elecciones de abril de 2019, cuando estallaron los casos de corrupción sobre Netanyahu, todas las elecciones siguientes se han convertido en un plebiscito sobre su administración», señala Guillem Pursals, politólogo y máster en Seguridad. «Pero la política israelí no es extrapolable en ningún campo, que sea un plebiscito a Netanyahu no es por un eje izquierda-derecha solamente, hay también el eje Un Estado/Dos Estados, sobre los acuerdos de paz, y además hay otro más, el eje Laico/Religioso. Es un plebiscito sobre Netanyahu y su gestión, no sobre su partido, la ideología del partido u cualquier otro aspecto».

Cuenta a favor de Netanyahu que la participación de los aliados de Netanyahu, religiosos y nacionalistas, se prevé mayor. Tienen mayor motivación para acudir a las urnas.

Sin embargo, hay sectores de la oposición, entre ellos los votantes árabes, muy desmotivados y muchos se abstendrá, al haberse hundido las expectativas de la llamada Lista Unida. También tienden más a la abstención los sectores más progresistas y seculares de Tel Aviv y alrededores.

Yesh Atid, el partido centrista de Yair Lapid, sería la segunda fuerza política, pero apenas lograría entre 16 y 19 diputados. Es el más fuerte del bloque anti Netanyahu. La Nueva Esperanza, el partido del ex ministro de Netanyahu Guideon Saar, puede conseguir unos diez escaños. Es la gran revelación de estas elecciones.

Los ‘kingmakers’

La clave puede estar en manos de Naftali Bennet, que lidera el ultranacionalista Yamena y que puede llegar a los diez escaños. La ideología del Likud y Yamena es similar pero Netanyahu y Bennett mantienen una confrontación que no garantiza su apoyo.

En teoría, Bennett, que fue ministro de Educación de Netanyahu, se inclinaría por un bloque favorable al actual jefe del gobierno, pero si la oferta es sustituirle al frente del gabinete podría inclinarse por sus detractores.

El Partido Laborista, liderado por la feminista Merav Michaeli, ha perdido relevancia y ahora ronda los seis diputados. En una entrevista en El País, Merav Michaeli señalaba: «Lo más sorprendente es que creo que las ideas progresistas están ganando, pero existe una desconexión entre lo que la mayoría de los israelíes quiere y lo que ofrece la política… Si salen los números, todos los partidos de la oposición hemos de buscar el consenso, sobre todo en torno a la economía para desbancarlo. Apearlo del poder no es suficiente, pero es imprescindible para que Israel comience a recuperar el pulso democrático».

Hay varios partidos que están lidiando para superar el 3,25% de apoyos para entrar en el Parlamento. Entre ellos están el Meretz o el centrista Blanco y Azul, actual socio de gobierno. El Partido Sionista Religioso, racista y homófobo, parece en ascenso y puede ser fundamental para la supervivencia de Netanyahu.

¿Quintas elecciones?

«Lo que mantiene a Netanyahu en el cargo de primer ministro no es que no haya ganas de echarlo, sino que la oposición no suma lo suficiente, o no es lo suficientemente hábil negociando», añade Guillem Pursals.

Por algo a Netanyahu le conocen como el rey Bibi. Es un auténtico mago de la política, que ha sobrevivido a varios ex correligionarios que le han querido hacer sombra, primero dentro del Likud y luego fuera.

Algunos prevén que habrá de nuevo un bloqueo y no descartan unas quintas elecciones. «No creo que vayamos a unas quintas elecciones. Netanyahu va en cabeza, y la implantación territorial del Likud es abrumadora, pero en Israel la política va de un escaño. Puede haber transfuguismo, divisiones… pactos antinatura entre facciones religiosas, laicas, o algunas e izquierdas con derechas.. Dudo que Netanyahu sume quizá Bennett acabe con más respaldos. En Israel lo imposible se hace posible, y más en cuestiones electorales», señala Guillem Pursals.

Según la politóloga Dahlia Sheindlin expone en Haaretz, «después de estar al frente del país 12 años, las respuestas de Netanyahu están claras: posiciones maximalistas sobre el conflicto, mayor protagonismo religioso en la vida pública, ataque a los pilares y a las instituciones de la democracia, legitimización de la corrupción. Hasta la fecha no hay una visión alternativa entre los partidos que buscan gobernar. Si ganara la oposición, tiene la responsabilidad de moverse más allá de Netanyahu y emprender un nuevo camino, y así el fin de la era Netanyahu tendrá un significado».