«¿En qué momento se había jodido el Perú?» La pregunta de Santiago Zavala en Conversación en la Catedral, del escritor peruano Mario Vargas Llosa, resuena como un eco a quienes observan la hecatombe del Perú, el país del mundo con más muertos per capita por coronavirus. Para gobernarles han de elegir este domingo entre un outsider populista, Pedro Castillo, y mamá Keiko Fujimori. Es el voto a la contra. Ganará, y por poco, quien sea menos malo que su adversario a juicio de los votantes.

Este domingo están convocados a votar más de 25 millones de peruanos. Es la segunda vuelta de las presidenciales. La primera vuelta dibujó un escenario inesperado: ganó Pedro Castillo, candidato de Perú Libre, un maestro de escuela que encabeza un partido con un doctrinario marxista leninista. Castillo es, sobre todo, antiestablishment. Votaron por Castillo 2,8 millones de peruanos. «No más pobres en un país rico» es el lema de su campaña.

«De Pedro Castillo se conoce muy poco. Representa un liderazgo populista. Encarna el ánimo antiestablishment, pero no es antineoliberal ni marxista. No es un cuadro ideologizado pero ha sido invitado a encabezar Perú Libre, un partido reciente que sí es marxista leninista», explica el politólogo peruano Carlos Meléndez, académico de la Universidad Diego Portales de Santiago de Chile e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).

Enfrente tiene a Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori. Representa el establishment más que nunca, ya que el pánico ante la posible victoria de Castillo ha logrado sumar voces tan simbólicas del antifujimorismo del pasado como la de Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura. Álvaro Vargas Llosa, hijo del autor de Conversación en la catedral, estuvo en el cierre de campaña de Keiko Fujimori, que mostró su alegría por la reconciliación de sus dos familias.

«No queremos socialismo del siglo XXI», repite en sus mítines Keiko, quien se presenta como una mamá preocupada que interpela a otras mamás por el bien de la nación. Recibió 1,8 millones de votos en primera vuelta.

«Keiko Fujimori tiene un perfil propio. Llegó a estar en contra del padre (encarcelado por violaciones de derechos humanos). Llegó a construir un partido propio que controló la mayoría de la Cámara pero no fue un dominio constructivo. Ha generado sus propios anticuerpos. Lleva dos mochilas: la del padre y la propia», añade Meléndez.

Todo puede suceder

En el último «simulacro del voto presidencial» del 31 de mayo, realizado por Ipsos, la diferencia a favor de Pedro Castillo era de apenas 2,6 puntos en votos válidos. La distancia entre Castillo y Keiko se ha ido acortando y algunos sondeos daban un empate técnico. El resultado va a ser muy ajustado.

Si sumamos los votos obtenidos por Keiko y Castillo en la primera vuelta apenas llegan a los cinco millones de votos de los 25 millones del total. De hecho, el voto nulo fue superior al que logró Keiko Fujimori. De ser posible esa opción, estaría en segunda vuelta.

La abstención en primera vuelta fue del 30%, un récord en un país donde es obligatorio el voto. Desde 2011 se ha duplicado. Y el número de indecisos era superior al 12% en las últimas horas previas a la convocatoria electoral. La desafección es mayúscula.

Es un sistema que va perdiendo legitimidad. La mitad del país está polarizado y la otra mitad ha desconectado. Es un plebiscito sobre el modelo económico»

carlos meléndez, politólogo

«Es un sistema que va perdiendo legitimidad. La mitad del país está polarizado, y la otra mitad se ha desconectado. No se trata de un plebiscito sobre el modelo económico, sino de un plebiscito sobre la élite que nos gobierna. Es una cuestión que trata de corrupción, centralismo, va más allá de la economía», afirma Carlos Meléndez.

Este politólogo peruano destaca un dato muy relevante para entender hasta qué punto está «jodido» Perú. En una encuesta reciente detectaron que el 55% de los peruanos se sienten perdedores y solo el 33% ganadores. El crecimiento no ha generado progreso y la desigualdad sigue siendo una de las mayores de América Latina. Esos perdedores tienen poco que perder, así que su voto del pataleo va directo a Pedro Castillo.

«Perú viene de varios fracasos consecutivos. Incluso lo intentó un tecnócrata, Pedro Pablo Kuczynski. Es una sociedad muy polarizada y profundamente desigual. Esto no había aflorado al nivel político y ahora lo ha hecho. Lo positivo es que los conflictos ahora se canalizan en el proceso político», afirma Francisco Sánchez, director del Instituto de Iberoamérica, de la Universidad de Salamanca. «En Colombia siguen matándose», añade.

En Perú actuó una de las guerrillas más sangrientas de América Latina, Sendero Luminoso. Según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, creada en 2001, entre 1980 y 2000 murieron 69.280 personas como consecuencia de la violencia desencadenada por esta guerrilla de inspiración maoísta. Hay más de 20.000 desaparecidos.

Su líder, Abimael Guzmán, lleva en prisión desde 1992. Muchos senderistas se acogieron a la Ley de Arrepentimiento pero aún queda una minoría en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, zona tomada por el narcotráfico en la selva peruana. Nunca se han arrepentido si bien la mayoría renunció a la lucha armadas. Subsiste el Comité Central de Sendero Luminoso Vraem, liderado por Víctor Quispe Palomino, dedicado al narco y la extorsión.

Un país ‘anti’

Una cuestión relevante a la hora de entender estas elecciones es la debilidad de los partidos políticos en Perú. Son franquicias que aparecen y desaparecen con vistas a las elecciones. De este modo, predominan las identidades negativas.

«La gente se reconoce en el anti-algo. En los últimos 30 años es el antifujimorismo. Antes fue el anti-aprismo. Es un país de baja institucionalidad de modo que conquistan los odios, más que los corazones», apunta Carlos Meléndez, que está ultimando un libro sobre identidades antiestablishment en América Latina.

El antifujimorismo es más fuerte que el antiestablishment… Hay un grupo que ha cedido como el antifujimorismo de Vargas Llosa… No hay nada más establishment en Perú que la unión de Fujimori y Vargas Llosa»

carlos meléndez

«El antifujimorismo es más fuerte que el antiestablishment. Llega al 59%, pero hay un grupo que ha cedido posiciones, como el antifujimorismo de Vargas Llosa. Ha cedido y ha dado la mano a Keiko Fujimori. Lo que ha quedado cohesionado detrás de Castillo es el antifujimorismo de izquierdas. Nada hay más establishment en Perú que la unión de Fujimori y Vargas Llosa. Esa coalición era el sueño de la derecha del siglo XXI», añade Meléndez.

Keiko Fumimori, que ya ejercía como primera dama a los 18 años, intenta presentarse como la única que puede lograr unir al país, aunque sabe que es una quimera. Ha pedido perdón por los fallos cometidos, que le llevaron a estar 13 meses en prisión por una acusación de lavado de dinero.

En esta campaña ha querido quitarse la imagen elitista y se presenta con el chándal de la selección peruana. También ha dulcificado su tono y alude a su condición de mujer y madre en contraposición al machismo de Pedro Castillo, un candidato de izquierdas muy distanciado de la izquierda identitaria tan en boga en Occidente.

Ya fue candidata en 2011, cuando perdió frente a Ollanta Humala, y en 2016, cuando ganó Pedro Pablo Kuczynski. No contaba con pasar a segunda vuelta pero lo logró en esta tercera oportunidad.

Desigualdad y coronavirus

Perú es uno de los países más castigados por el coronavirus en el mundo: 500 por cada 100.000 habitantes. Según la Universidad Johns Hopkins, han muerto en Perú más de 185.000 personas. Casi dos millones de peruanos han padecido coronavirus.

La pandemia ha puesto de relieve las carencias del sistema, un sistema necesitado de reformas que van posponiéndose. En Perú, con 33 millones de habitantes, solo había 30 camas UCI. El sistema público es insuficiente y el privado hipercaro.

El 70% de la economía peruana es informal, es decir, funciona en negro. No reciben pensiones, ni cobertura de la seguridad social, y muchos ni siquiera tienen cuenta bancaria.

El Estado dio bonos para afrontar las consecuencias e la pandemia, pero solo el 20% de los beneficiarios tenían cuenta en el banco. La mayoría tuvo que retirar el dinero de manera presencial.

Esa población que malvive en la economía informal, sin cuenta bancaria, está harta de los políticos conocidos y no tiene nada que perder con Pedro Castillo. Cuando les dicen que pueden perder el dinero en el banco, se quedan impasibles. No tienen dinero en el banco. Están en el abismo así que no tienen miedo al abismo.

Escenario del día después

Este domingo a las 19 horas en Perú, siete horas más en España, conoceremos los primeros sondeos a pie de urna. Será muy pronto para saber quién ha ganado porque el resultado final será muy ajustado.

«Vamos a una crisis política porque el resultado será por un margen estrechísimo. Habrá movilizaciones gane quien gane. Es un sistema político sin legitimidad, en el que nadie confía», señala el politólogo peruano Carlos Meléndez.

Es un sistema presidencialista atenuado, es un híbrido entre el presidencialista y el parlamentario, con una sola Cámara en la que hay 130 diputados. No representa a la sociedad porque quedan amplias zonas sin reflejo en la Cámara. A ello se suma esa debilidad de los partidos.

Es probable que gane quien gane los peruanos vuelvan a sentirse decepcionados en breve. En las campañas prometen reformas que nunca se materializan y una lucha contra la corrupción y luego caen en los mismos errores que sus antecesores. Es probable que sea quien sea el nuevo presidente sea de nuevo una desilusión para los peruanos.

«Hemos de tener en cuenta que no hay redentores. El mundo espera un redentor para América Latina. Y también lo esperan los latinoamericanos, pero no hay redentores», sentencia Francisco Sánchez.

Lo que sí parece necesitar Perú es un milagro para salir de esa jodienda, a la que aludía Vargas Llosa. Lo que puede salvar a Perú es que es la tierra de lo posible.