«La igualdad entre hombres y mujeres está lejos de ser una realidad. Lo estamos viendo en la campaña electoral. El trato a Annalenna Baerbock no está siendo limpio ni justo». El candidato socialdemócrata a la cancillería, el vicecanciller Olaf Scholz, competidor directo de la líder de los Verdes, tuvo el detalle de reconocer esta semana que se estaban rebasando las líneas rojas en la operación de derribo contra la más joven de los aspirantes a suceder a Angela Merkel en las elecciones del 26 de junio.

Este año es la primera vez que la Unión (cristianodemócratas de la CDU y socialcristianos de la CSU) no cuentan con Angela Merkel como cabeza de cartel desde 2005. El aspirante a la cancillería es Armin Laschet, actual jefe del gobierno de Renania del Norte-Westfalia, quien, por cierto, no ha dicho ni mu (en alemán) sobre la campaña contra Baerbock.

Los Verdes estaban lanzados cuando en abril pasado desvelaron que su candidata sería una joven madre que tiene la misma edad que el partido: cumple 41 años en diciembre próximo. Annalena Baerbock está sobradamente preparada, pero no tiene experiencia de gobierno.

Hasta el último minuto se mantuvo la incógnita de si los Verdes se decantarían por ella o por Robert Habeck, diez años mayor, filósofo, escritor y ex ministro de Medio Ambiente en Schleswig-Holstein. Baerbock fue posteriormente ratificada por las bases del partido. Los dos son pragmáticos. El partido ha superado con ellos su división en realos (realistas) y fundis (fundamentalistas).

De repente esta diputada verde por Potsdam, con experiencia en las bambalinas bruselenses, que en su juventud soñó con ser reportera de guerra, estaba en el foco. Podía convertirse en la heredera de Angela Merkel, en la canciller de la primera potencia europea. Los Verdes llegaron a superar a la CDU/CSU en las encuestas.

Salieron catapultados por encima del 25% en los sondeos y llegaron a superar a la Unión. Ahora vuelven por debajo del 20%, a más de diez puntos del partido de Merkel, en el 30%.

Desbordados por el éxito inicial

Tras la fascinación inicial, su trayectoria fue objeto de escrutinio. De un escrutinio estricto para el que no estaban preparados los ecopacifistas, una formación que si el 26-S supera el 20%, habría logrado el mejor resultado de su historia y habría duplicado los apoyos de hace cuatro años. La perspectiva del éxito les desbordó.

Un día era que el curriculum vitae de Baerbock había sido maquillado. Otro, las portadas alemanas revelaban que se había olvidado de incluir unos ingresos en su declaración en el Bundestag, y lo último, párrafos copiados sin atribuir en el libro que presentó en junio, ya candidata.

Baerbock es la persona del cambio y eso se ha perdido por cuestiones que podrían haberse evitado»

sebastian bukow, fundación h. boll

«Es la persona del cambio y eso se ha perdido por cuestiones que podrían haberse evitado. No había necesidad de escribir ese libro ahora. Y si se hace, todo ha de estar muy bien preparado. Ahora los Verdes tratan de contrarrestar. La clave sería contar bien sus cualidades. Sus rivales van a insistir en que más que cambio representa un experimento, y a los alemanes no les gustan los experimentos. Lo que habría que hacer es enfatizar el cambio frente a candidatos aburridos como Scholz o Laschet», afirma el politólogo Sebastian Bukow, jefe del departamento de interior de la fundación Heinrich Boll.

Todo peccata minuta si lo comparamos con los agujeros negros de candidatos en España, por ejemplo (no es igual una tesis plagiada o un máster inventado que un ensayo hecho a toda prisa) pero significativo en una candidata que representa el cambio.

«Hay dos cuestiones: han dado razones para ser atacados, pero el ataque ha derivado en campaña sucia. Está claro que han cometido errores. Despertó mucha expectación pero se presentó como alguien nuevo, distinto, y la idea que ahora quieren sus rivales que permanezca es que es más de lo mismo. A su vez, estos ataques le impiden proponer sus temas. Ha de estar defendiéndose», explica desde Berlín Raúl Gil Benito, experto en comunicación política y coautor con Franco delle Donne del podcast El fin de la era Merkel.

Después de un silencio forzado, Baerbock salió este jueves a escena para reconocer sus errores en relación con el ensayo, Jetzt. Wie wir unser Land erneuern (Ahora. Cómo renovamos nuestro país). Entonó el mea culpa por no haber mencionado las fuentes en el libro, pero el partido ha puesto el caso en manos del abogado Christian Schertz, quien defendió en 2019 a Cristiano Ronaldo contra Der Spiegel por unas acusaciones por presunta violación en 2009.

En declaraciones al Süddeutsche Zeitung, Baerbock argumentaba que había usado fuentes de dominio público, pero aclaró también: «Me tomo las críticas muy en serio. En retrospectiva, habría sido mejor si hubiera incluido una lista de fuentes».

Los Verdes acusan al austriaco Stefan Weber, el experto en medios austriaco que sacó a la luz que el libro reproducía fragmentos de webs institucionales o del semanario Der Spiegel, de promover una campaña difamatoria con el fin de dañar la reputación de Baerbock.

A los Verdes les ha pillado todo como si no estuvieran en campaña. No basta con saber más que otros sobre el cambio climático»

raúl gil benito, ‘el fin de la era merkel’

«A los Verdes les ha pillado todo como si no estuvieran en campaña. No basta con saber más que otros sobre el cambio climático. Antes de empezar la campaña el candidato tiene que contar todo a su jefe de campaña porque todo lo que haya hecho va a salir a la luz. Ahora puede salir en cualquier parte, no solo en medios de comunicación tradicionales. Otro problema es que en este partido no tienen a nadie que contrarreste esos ataques. Ni ella ni Habeck tienen ese perfil. Necesitan un doberman», señala Gil Benito.

«Esto prueba que no tienen una estructura de partido del 30%, sino del 9%. La CDU, sin embargo, tiene mucha estructura y una gran capacidad de penetración en la sociedad alemana», añade el consultor.

Los memes de burla sobre su CV maquillado y sus otros errores se han hecho virales. Desde varios medios alemanes han llegado a pedir su dimisión. Los socialcristianos difundieron imágenes ofensivas en las que Annalena Baerbock en una viñeta pensaba emojis con forma de caca.

Una campaña insólita en Alemania

Las campañas sucias o negativas (hay matices) no son una novedad pero con las redes sociales es más fácil difamar y atacar. Y lo puede hacer cualquiera. Xavier Peytibi, consultor político en Ideograma, evoca, en un artículo sobre el origen de las campañas sucias, la que tuvo lugar en 1828 en Estados Unidos cuando se enfrentaron Andrew Jackson por los republicanos demócratas contra Quincy Adams, por los republicanos nacionales.

«En la campaña, Jackson fue acusado de adulterio y atacado por salir corriendo con la esposa de otro hombre. Su esposa fue acusada de bigamia (había estado casada antes)», escribe Peytibi. A Adams le tildaron de «proxeneta». Jackson ganó claramente pero su esposa murió de un infarto antes de que tomara posesión y el presidente culpó a sus rivales de su pérdida. Peytibi señala cómo esta elección de Jackson fue la primera campaña de desprestigio real de la historia americana.

Peytibi diferencia entre las campañas negativas, que «resaltan y amplifican errores, crean dudas sobre las capacidades del contrincante y, sobre todo, le confrontan con su autenticidad y honestidad, y con las supuestas contradicciones entre lo que piensa, dice y hace», y las campañas sucias, que «buscan destruir personalmente y, como consecuencia, políticamente» al adversario.

Las campañas negativas pueden marcar un tema determinado en un momento puntual y su uso, si es original y creativo, puede impactar algo en los votantes… Eso sí, sin pasarse»

xavier peytibi, ideograma

No sirven para movilizar el voto a favor sino que pueden desincentivar el voto al contrario. «Las campañas negativas pueden marcar un tema determinado en un momento puntual, y su uso, si es original y creativo, puede impactar algo en los votantes y ser recordado. Eso sí, sin pasarse, ya que la gente se cansa de tantas campañas negativas, o al menos de la misma», apunta Peytibi.

Según Sebastian Bukow, sería exagerado tildar de «campaña sucia» lo sucedido con Annelana Baerbock. «A la CDU le viene bien esta campaña porque así no se habla de los temas fundamentales. Es decir, del cambio climático, de las necesarias inversiones en infraestructuras, de las reformas económicas… Su estrategia es la continuidad. Y Baerbock es nueva para gran parte del público. Era alguien por descubrir».

Los Verdes, además, son el partido que compite con la CDU y CSU, ya que los socialdemócratas sufren el desgaste de ser los socios menores de gobierno con Merkel al frente. Los ecopacifistas podrían ser segundos y aún así optar a la cancillería si pactaran con liberales y socialdemócratas, pero tendrían que dar los números y de momento no dan.

Bukow cree que Habeck también habría estado en el punto de mira de los otros partidos en caso de haber sido el candidato a canciller. Sin embargo, Raúl Gil Benito piensa que el hecho de ser mujer ha hecho que las críticas sean más encarnizadas. «Estoy convencido de que no habríamos visto a periodistas y medios tirándose a su yugular. Era la gran novedad y de ahí la reacción tan furibunda», dice el coautor del podcast El fin de la era Merkel.

Aún quedan 78 días para el 26 de septiembre. Es tiempo suficiente para que la candidata se hunda del todo o que reflote. Los temas estrella de los Verdes son cruciales y este verano vamos a experimentar el impacto del cambio climático. Baerbock es deportista y competía en salto de trampolín en su adolescencia. Sabe que a la primera nada se consigue. Para un gran salto no solo hace falta un gran impulso. Hay que perseverar.