«Hemos alcanzado una victoria inesperada. Debemos mostrar humildad frente a Alá». El mulá Abdul Ghani Baradar (Weetmak, 1968) se mostró aparentemente sorprendido por la toma de Kabul este domingo. Con esa conquista, y salvo un bastión en Panjshir, los talibanes volvían al poder después de 20 años de guerra. El mulá Baradar es quien ha dado la cara por ellos en las negociaciones más importantes de los últimos meses. Es el auténtico ganador de una guerra que ha durado 20 años. El combatiente reconvertido en diplomático: un estratega político-militar.

Tuvo el poder y al poder vuelve. Quien fuera mano derecha del mulá Omar, fundador de los talibanes, se sentó a la mesa con Mike Pompeo, secretario de Estado con Donald Trump, en febrero de 2020 y también departió más recientemente con el ministro chino de Exteriores, Wang Yi. Esos dos encuentros sembraron el camino para que la ofensiva de los talibanes discurriera por buen cauce.

Han sorprendido a las cancillerías de medio mundo, que del susto han organizado la evacuación de sus ciudadanos, del personal diplomático y de los colaboradores de sus tropas. Es lo que está haciendo EEUU, Reino Unido, Alemania, Canadá, y también España, entre otros. Sin embargo, China y Rusia permanecen. Creen que los talibanes gobernarán.

El que fuera jefe de la diplomacia con Trump dice ahora que le advirtió al mulá Baradar que sabían dónde vivía. Para justificar el acuerdo al que llegó la Administración de Trump con los talibanes Pompeo asegura que plantó cara al mulá, algo que ni el mulá se va a parar a desmentir. En Doha los talibanes lograron una amnistía para 5.000 presos y la bendición americana a cambio de que sujetaran fuerte a los otros grupos yihadistas. Un hecho que antes de la toma del gobierno no tenían capacidad de hacer.

Ahí estaba el mulá Baradar. Empezaba la cuenta atrás para volver a dominar Afganistán, como en 1996. Pero también estaba en Tianjin el 28 de julio ante el ministro chino de Exteriores, Wang Yi. A cambio de no ayudar a los uigures, los musulmanes de Xinjiang que China ve como una amenaza, la potencia asiática se ofrecía como socio comercial. Es decir, les daba luz verde.

Para Julian Borger, el corresponsal para Oriente Medio de The Guardian, el mulá Baradar es el amo. En sus palabras, «el incontestable ganador de la guerra de los 20 años». Este martes el mulá Baradar ha vuelto a Afganistán, procedente de Doha. Ha llegado a Kandahar, cuna de los talibanes, donde creció.

No pisaba Afganistán desde hace 20 años. Cuando cayó el gobierno talibán, en 2001, salió hacia Pakistán y no ha regresado hasta ahora. Los medios talibanes han dado bombo y platillo a su aterrizaje en el nuevo Afganistán. Miles han salido a recibirlo en Kandahar. Desempeñará un papel fundamental en el emirato.

Hay quienes apuntan a que será presidente, aunque hay otro hombre fuerte en el liderazgo de los talibanes. Es el líder supremo, Baibatullah Akhunzada, el príncipe de los creyentes. Será probablemente la máxima autoridad del emirato, si bien el mulá Baradar desempeñará un papel ejecutivo.

Ganarse los corazones

Nacido en Weetmak hace 53 años, el mulá (líder religioso) Baradar creció en Kandahar, la provincia donde surgió el movimiento talibán (de talib, estudiante del islam). Combatió en la guerra contra los soviéticos, que se libró entre 1979 y 1989, como muyahidin. En ese conflicto el mulá Omar perdió un ojo. Murió en extrañas circunstancias en 2013, aunque no se supo hasta dos años más tarde.

Juntos fundaron los talibanes a principios de los años 90 en las madrasas del sur de Afganistán y se extendió también por los campos de refugiados afganos en Pakistán. Según algunas fuentes como la BBC, el mulá Baradar se casó con una hermana del mulá Omar, así que serían cuñados.

Estuvo en el gobierno de los talibanes, entre 1996 y 2001, en el que participó como viceministro de Defensa. Desde entonces estaba en el punto de mira de EEUU, que le atribuye varios ataques hasta que fue capturado en una operación conjunta de la CIA y de los servicios secretos paquistaníes en 2010.

Con su arresto Pakistán, donde se han formado miles de talibanes, lograba un doble objetivo: por un lado, trasladaba a Estados Unidos su claro interés en colaborar con ellos en la lucha contra el terror; a su vez, tenía bajo su control a una figura prominente en el país vecino, de quien podría obtener mucha información. También los paquistaníes sabían que sería una pieza clave en unas negociaciones con los talibanes.

El único más poderoso que Baradar es Omar. No se ven mucho por razones de seguridad pero tienen muy buena relación»

ex talibán, en 2010

Cuando le arrestaron en 2010 la prensa estadounidense ya decía que era el más importante de los talibanes a excepción del mulá Omar. «El único más poderoso que Baradar es Omar. No se ven mucho por razones de seguridad, pero tienen muy buena relación», decía una fuente cercana a los talibanes a The New York Times. Los funcionarios afganos y occidentales consideraban ya hace diez años al mulá Baradar como el más cercano de los talibanes a abrir una vía de negociación con el gobierno afgano.

Antes de su arresto, en 2009, el mulá Baradar se había distinguido por su moderación dentro del movimiento. Según publicó The New York Times, creó un código de conducta para que los combatientes supieran cómo ganarse los corazones de los afganos de las zonas rurales. Los insurgentes llevaban este mini manual en sus misiones.

Aconsejaba evitar las víctimas civiles y no era partidario de los atentados suicidas. La experiencia del gobierno talibán de los 90 le sirvió para aprender que tenían que ganarse el favor popular y no podían gestionar el país con tal nivel de crueldad.

El arresto de 2010 tuvo que ver con la desconfianza en ese talante negociador del mulá Omar. Temían su capacidad estratégica sobre el terreno, que demostró en la guerra contra los soviéticos. En sus años en prisión parecía haber perdido poder, pero no ha sido así.

De combatiente a negociador

Sigue siendo una figura respetada entre el liderazgo político. Los combatientes son más jóvenes y más radicales, nos comentaba Ahmed Rashid, autor de Los Talibán. Hay cierta tensión entre ese liderazgo que viene de los años 90 y los que libran la batalla.

Al mulá Omar lo liberaron para que encabezara la negociación con el enviado especial para Afganistán, Zalmay Khalizad, en 2018. Así hizo y logró un gran éxito en las negociaciones de Doha. Los estadounidenses se inhibirían, no lucharían contra los talibanes, y serían los talibanes y el gobierno afgano los que se sentarían a negociar.

Logró poner fuera de juego a Estados Unidos, ya harto de un despliegue interminable y costosísimo, en especial a juicio de Donald Trump. No ha sido él quien ha gestionado finalmente la salida sino Biden. Un regalo envenenado.

El mulá Baradar ha sabido esperar y ha manejado bien los tiempos. Después de una larga travesía por terrenos inhóspitos, porque la cárcel lo es, ha vuelto a degustar el sabor de la victoria. Esta vez sobre los estadounidenses y la OTAN.