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'Bacha bazis', los niños afganos convertidos en juguetes sexuales

Niños procedentes de Afganistán junto a sus familias a su llegada a Dubai tras haber sido repatriados por el Gobierno españo

Niños procedentes de Afganistán junto a sus familias a su llegada a Dubai tras haber sido repatriados por el Gobierno español EP

Afganistán, a punto de cumplirse una semana desde la ocupación talibán de la capital, Kabul, enfrenta estos días episodios de desesperación y confusión entre la población. Si ya se ponía el foco sobre las mujeres afganas por las numerosas restricciones de sus derechos tras la implantación de un régimen del terror, ahora también se teme por los ciudadanos que han colaborado con extranjeros, a los que los talibán han comenzado recientemente a perseguir.

Sin embargo, poca atención se ha prestado a uno de los colectivos más vulnerables ante esta situación: los menores. Durante años, los ‘bacha bazi’ han sido objeto de interés entre los hombres adinerados, quienes utilizan a estos niños de entre 10 y 18 años como guardianes, sirvientes, entretenimiento y juguetes sexuales. El aumento en el número de ‘bacha bazis’ durante la proclamación del Emirato Islámico de Afganistán a mediados de los 90 hace pensar que esta nueva ocupación talibán no será una excepción para la proliferación de la explotación infantil.

Niños de familias sin recursos, potenciales ‘bacha bazis’

Los ‘bacha bazis’ – cuyo significado se traduce al español como ‘jugar con niños’ – son menores de edad utilizados para entretener a hombres afganos de alto poder adquisitivo. Los pequeños, que pertenecen a familias pobres, son vendidos a estos poderosos hombres, quienes pasan a ser los dueños del infante.

De acuerdo a la organización War Child, la función de los menores es la de bailar vestidos como mujeres en celebraciones como bodas y fiestas. Pero, al terminar la noche, los pequeños en la mayoría de ocasiones no terminan con esta especie de danzas eróticas su labor. «Una vez se apaga la música, los chicos son generalmente abusados sexualmente por sus poseedores, quienes utilizan su poder para atraparles dentro de este círculo de abuso y trauma recurrente».

Tal y como se detalla en un informe de 2002 presentado por la Comisión Independiente de Derechos Humanos en Afganistán, entre los abusos se encuentran tanto violaciones como tocamientos de carácter sexual, en los que también pueden participar grupos de hombres. Los motivos que justifican que hoy continúen existiendo ‘bacha bazis’, según el informe, son las continuas crisis de carácter político, económico y social que atraviesa el país. Esta situación de inestabilidad favorece la pobreza, corrupción o falta de justicia que domina Afganistán.

Una práctica común y normalizada

Los ‘bacha bazis’ ven afectados sus derechos con esta práctica, al convertirse en objetos bajo la propiedad de hombres adultos y encontrarse a merced de los deseos – en muchos casos sexuales – de sus dueños. A todo ello se añade el agravante de que las víctimas de dichas violaciones son menores de edad, personas vulnerables e indefensas que no cuentan con la protección de sus familiares.

«Como la existencia de ‘bacha bazis’ se considera ‘la forma como siempre se han hecho las cosas’ en la cultura afgana, muchos hacen la vista gorda sobre la práctica o simplemente no son conscientes de que ello supone un abuso de los derechos humanos», aclaran desde War Child. Esta normalización ha supuesto enormes dificultades para poder hacer justicia y criminalizar la práctica. A ellos también han contribuido los sobornos de los explotadores a fiscales o jueces denunciados por la Comisión Independiente de Derechos Humanos en Afganistán en 2014.

En 2017 se dio un simbólico paso al frente para combatir esta explotación hacia los niños afganos con la creación de un nuevo Código Penal. En él se establecía la protección de los más pequeños de abusos sexuales o el castigo por ejercer cualquier tipo de violencia contra los menores. No obstante, el número de ‘bacha bazis’ en el país no ha experimentado un decrecimiento con el paso del tiempo, sino que se llegó a observar incluso un aumento de la práctica poco tiempo después de su entrada en vigor.

Con la ocupación de los talibán y los habitantes del país cada vez más empobrecidos, los niños continuarán convirtiéndose en las perfectas monedas de cambio que faltan con asiduidad en las casas afganas.

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