Najiba Faiz descolgó el teléfono este lunes por la tarde y al otro lado solo escuchaba sollozos. Finalmente, pudo identificarse. Era Safoora, a quien había conocido cuando trabajaba como limpiadora en un proyecto de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) en Badghis. Su hijo, Ghulam Navi, de 21 años, es una de las 183 víctimas mortales del atentado del jueves 26 de agosto en la Abbey Gate del aeropuerto de Kabul. También perdieron la vida 13 soldados de Estados Unidos que controlaban los accesos. «Safoora corre peligro de muerte. Tiene que salir de Afganistán cuanto antes», dice Najiba desde Zaragoza.

Safoora y su numerosa familia estaban esperando para embarcar en alguno de los vuelos organizados por el gobierno español cuando un suicida del Estado Islámico del Jorasán provocó una auténtica masacre. El mayor de sus hijos murió como consecuencia de la explosión. Los sueños de Ghulam Navi de venir a España y empezar una nueva vida saltaron por los aires con la bomba del Estado Islámico del Jorasán.

«Escuché ese día por la BBC que había riesgo de atentado y la Abbey Gate era uno de los accesos peligrosos. Envié el mensaje a todos los que conocía y estaban pendientes de salir. Pero probablemente ni los vieron», relata Najiba. Ella, su marido, uno de sus hijos, su nuera y su nieto de tres años sí pudieron salir de Kabul el pasado 22 de agosto. «Aquí me siento a salvo», señala esta mujer que lleva años ayudando a otras mujeres a buscar maneras de ganarse la vida. Era responsable de género en proyectos de la AECID en Badghis entre 2009 y 2013.

De las 170 familias que habían colaborado con la AECID apenas una treintena ha podido venir a España en los vuelos organizados por el gobierno. El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, ha asegurado que España no dejará atrás a quienes aún no han podido salir de Afganistán. Pero, una vez que ha concluido la misión internacional y EEUU ha salido del país, solo podría hacerse con un corredor humanitario organizado por la comunidad internacional acordado con los talibanes.

Sin embargo, Safoora sigue en Afganistán y su vida corre grave peligro. Está en el objetivo de los talibanes por sus vínculos con extranjeros, en concreto con proyectos relacionados con el gobierno español, y también porque más tarde trabajó como policía.

La familia es muy humilde. Apenas tienen para comer… Para llevarse el cadáver han recibido ayuda»

najiba faiza, colaboradora aecid

«La familia es muy humilde. Apenas tienen para comer. Safoora y su marido tienen muchos hijos, siete u ocho. Para llevarse el cadáver del hijo a Herat y enterrarlo han recibido ayuda de organizaciones caritativas. Ellos no tenían para pagar el traslado y el funeral», relata Najiba.

«Hace dos semanas coincidimos en Kabul. Las dos teníamos salvoconductos y esperábamos salir del país. Toda la familia estaba en una habitación de un hotel muy modesto. Quería huir porque su vida está en peligro. Los talibanes la tienen en su punto de mira», añade esta enérgica mujer afgana, de 60 años, que estudió Educación y Leyes.

Los mismos talibanes

«Safoora no pudo pasar dentro del aeropuerto. Yo tuve más suerte. Fue tremenda la espera. Vi cómo moría un niño de dos años por una avalancha. Pasé yo primero, tras enseñar los correos de la AECID, de la embajada, y busqué a los soldados españoles para explicarles que fuera estaban mi marido, mi nuera, mi hijo y mi nieto. Pasé horas de gran angustia porque no entraban», comenta. Al final pudieron meterse y salimos todos de Kabul rumbo primero a Doha y luego a Madrid. Su último destino ha sido Zaragoza, donde empezarán una nueva vida.

España concluyó el pasado viernes la evacuación de su personal diplomático, civiles y colaboradores del Ejército y del gobierno. En total, 2.206 personas han podido dejar Afganistán en estos vuelos, pero quedan miles en la tierra de los talibanes.

«No supimos de esta desgracia que había sufrido Safoora hasta el lunes 30 porque ella había perdido el móvil, el equipaje, todo cuanto tenía. Me llamó con otro móvil. Estaba llorando sin parar», dice Najiba. «Safoora es una mujer muy trabajadora, muy activa, que ha peleado mucho para buscar sustento para su gran familia. Temo por su vida».

Los talibanes no son distintos a los que nos gobernaron en los 90… Me amenazaron de muerte y cuando salí de Herat arrasaron mi casa»

Najiba tiene claro que los talibanes no han cambiado. «No son distintos de los que nos gobernaron en los 90. A mi hermano menor lo mataron. A mi me amenazaron de muerte. Me dijeron que acabaría como mi hermano. Cuando salí de Herat, entraron a mi casa y arrasaron con todo. Otro de mis hermanos me ha enviado las fotos de cómo quedó el que había sido mi hogar. Eso no lo hace gente que vaya a respetar a la población. Odian a los que hemos trabajado con extranjeros, sobre todo a las mujeres».

Najiba teme por su hija, profesora, que no ha vuelto a dar clase. Y por sus dos hijos varones, veiteañeros. Solo pudo venir con uno de sus vástagos y su familia.

Tiene un mensaje en nombre de los que aún están en Afganistán. «Por favor, ayuden a los que aún están en Afganistán. Como Safoora, están en peligro. Si no les ayudamos, los talibanes los van a matar».