En Potsdam Annalena Baerbock juega en casa. La candidata de los Verdes vive con sus dos hijas y su marido en esta bellísima ciudad de Brandemburgo, situada a 40 kilómetros de Berlín. En la recta final de la campaña Annalena Baerbock ha comparecido ante sus seguidores para animarles a votar el domingo por los Verdes. «Cada voto cuenta», ha dicho, ante la magnífica iglesia de San Nicolas en la Alter Markt de Potsdam.

Así es. Cada voto cuenta para los Verdes, este partido político que nació hace 41 años, la edad que cumplirá Annalena Baerbock el próximo 15 de diciembre. Los Verdes llegaron al 25% en los sondeos cuando en primavera se anunció la candidatura de quien es la primera mujer que aspira a la Cancillería por esta formación política. Dicen estar preparados: «Bereit, weil Ihr es seid (listos como ustedes lo están)» es su lema.

En ese momento Baerbock se vislumbraba como la primera canciller de los Verdes. Sin embargo, fue perdiendo apoyo a gran velocidad por la campaña en su contra y por fallos propios de amateurs de su equipo de comunicación.

Ahora sus aspiraciones rondan el 15%. Sería el mejor resultado de su Historia. Con la excepción de las elecciones europeas, donde en 2019 llegaron al 20%, hasta ahora sus mejores datos son de 2009 cuando alcanzaron el 10,7%. Hace cuatro años tuvieron un 8,9% de apoyos con 67 escaños.

Los ‘kingmakers’

En estas inciertas elecciones los Verdes serán los kingmakers. Tanto los socialdemócratas como los conservadores les necesitarían para gobernar, si los sondeos aciertan. Los liberales les disputan este papel. Y tanto Verdes como liberales tienen a los jóvenes como su puntal. Si solo votaran los menores de 30, Annelena sería probablemente la sucesora de Angela Merkel.

En la Alter Markt de Potsdam se han concentrado en la tarde del jueves unos cientos de seguidores de los Verdes. Hay mucha gente joven pero también cuaranteñaros y cincuentañeros con sus hijos. Y jubilados con sus nietos en quienes piensan a la hora de decidir su voto.

Es el caso de Wilhelm, de 70 años, que ha seguido con atención las palabras de Baerbock, quien se ha comprometido a que la lucha contra el cambio climático será prioritaria si está en el próximo gobierno. Será una transición que tendrá presente la justicia social. Baerbock asegura que el salario mínimo será de 12 euros, como también suscribe el candidato socialdemócrata Olaf Scholz, con quien le gustaría gobernar.

Creo que los Verdes van a sorprender. Rondarán el 20%. Baerbock no será canciller pero gobernará con los socialdemócratas»

wilhelm, jubilado

«Creo que los Verdes van a sorprender. Rondarán el 20%. Estoy convencido. Baerbock no será canciller, pero gobernará con los socialdemócratas», dice Wilhelm, directivo jubilado que dice que ha votado en alguna otra ocasión por los Verdes pero nunca tan convencido como ahora. Sus nietos han seguido el mitin de Baerbock con atención.

Algunos niños han interpelado a la candidata. «¿Qué vas a hacer para salvar el planeta?», le decía un crío. Baerbock tiene tendencia a responder de forma poco espontánea y desperdicia la oportunidad de contar su historia personal. Su familia era ecologista y creció con los valores que definen a los Verdes. Tras un arranque en el que alude a China y las grandes potencias, pisa suelo y le dice que quiere que los niños como él puedan disfrutar del mundo tal y como ella lo conoció de pequeña.

Con SPD y Die Linke

Victoria y Jana escuchan a Annalena Baerbock muy interesadas. Son veinteañeras y votan el domingo por primera vez. «Me gustaría que Baerbock fuera canciller, pero me inclino más por Die Linke como partido. Me gustaría una coalición rojirojiverde», señala Jana, que estudia Sociología y Etnología en Halle. Su amiga Victoria, estudiante de Derecho, ve posible que haya una coalición rojiverde con el actual vicecanciller, Olaf Scholz, de canciller.

Mientras tanto, Baerbock presenta estas elecciones como un momento trascedental, «las elecciones del cambio generacional». La aspirante de los Verdes nació en 1980, mientras que sus competidores, el conservador Armin Laschet y el socialdemócrata Olaf Scholz, están en la sesentena. También se refiere con la alusión a la edad a esa cercanía con los más jóvenes, los más preocupados por la lucha contra el cambio climático.

Siempre que puede Baerbock recuerda a Scholz y Laschet como ellos han gobernado ya juntos durante años (sus partidos, la Unión y el SPD) sin lograr avances sustanciales en la Agenda Verde. Aún así es evidente que los Verdes están más que dispuestos a gobernar con el SPD. Tanto es así que en el último debate a tres parecían un tándem contra el conservador Laschet.

Sobre una posible coalición con Die Linke, los Verdes son reacios porque distan mucho en política exterior mientras que el SPD deja la puerta abierta. Sin embargo, son muchos los votantes de los Verdes que sí apoyan una coalición con Die Linke. Los conservadores han esgrimido esa carta en la recta final de la campaña para que los merkelianos que ven a Schloz como un continuista se teman lo peor: los rote Socken en el poder.

«Me gustaría que gobernaran el SPD, los Verdes y Die Linke o bien los Verdes con los socialdemócratas», señala Chirstian, profesor, de 48 años, quien reconoce que el partido ecologista cometió errores de bulto en el arranque de la campaña. Baerbock presentó en junio un libro y poco después le llovieron acusaciones de plagio porque había algunos párrafos de fuentes no atribuidas, por ejemplo. «Baerbock cometió algún fallo al principio pero si lo comparo con los demás es la mejor sin duda».

Su hija, Julie, de 18 años, le acompaña y también quiere que los Verdes sean fuertes en el próximo gobierno. «Me gustaría que fueran incluso más contundentes en la cuestión climática, pero confío en que puedan estar en una coalición de gobierno. Sería un desastre que estuvieran los liberales. Pero todo es posible. Nunca la elección ha estado tan abierta». Vota por primera vez. Y su papeleta es de color verde.