Elecciones presidenciales 2022

Europa

Dime cómo te va en la vida y te diré si has votado a Macron o a Le Pen

La Francia que ha respaldado la reelección del presidente es la Francia urbanita, de más edad, con más ingresos y más nivel educativo, mientras que los 'insatisfechos' están con Le Pen

C.V. / EP

Por primera vez en dos décadas el presidente de Francia logra la reelección. No lo había conseguido nadie desde que el conservador Jacques Chirac se enfrentara a Jean-Marie Le Pen, cuando arrasó por 63 puntos gracias a la activación del llamado frente republicano. Emmanuel Macron ha logrado un 58,5% de los votos en una segunda vuelta en la que repetía como su antagonista la líder de Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen, que ha obtenido un 41,4% de los sufragios. En cinco años Le Pen ha acortado distancias: de 32 puntos a 17 puntos. Es ya una alternativa con opciones de llegar al Elíseo. Le Pen crece en las urnas a medida que aumenta el descontento porque en Francia han vuelto a confiar en Macron, sobre todo, aquellos a quienes la vida les sonríe.

La abstención ha sido excepcional para unas elecciones presidenciales: un 28,01%. También el número de votos en blanco, más de 2,2 millones, y papeletas nulas, casi 800.000, refleja la desafección de una Francia más fracturada que nunca. El tercer candidato en liza, Jean-Luc Mélenchon, que se quedó a solo 400.000 votos de desbancar a Le Pen en primera vuelta, se desmarcó de la líder nacionalpopulista pero no pidió el voto por el presidente. Un 38% de sus votantes ha optado por Macron y el 18% por Le Pen, pero la mayoría, un 44% se ha abstenido o ha elegido una papeleta en blanco o nula.

Más de 18,2 millones de franceses han dado su apoyo al actual presidente mientras que 13,2 millones confiaban en Marine Le Pen, que intentaba por tercera vez llegar al Elíseo. ¿Cómo son esos votantes?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que en primera vuelta Macron obtuvo un 27,8% de los votos, menos de diez millones. Ha ganado más de ocho millones de apoyos en la segunda vuelta. Además de los mélenchonistas que han querido frenar a la extrema derecha, algunos de ellos tan airados e insatisfechos como los lepenistas, le han dado su confianza un 68% de los que respaldaron a Yannick Jadot, líder ecologista, en primera ronda. También un 51% de los votantes de la líder de los Republicanos, Valérie Pécresse.

En su discurso tras confirmarse su victoria, en el Campo de Marte, con la Torre Eiffel de fondo, Macron reconoció que había revalidado su mandato con ese voto anti extrema derecha y también se dirigió a quienes están enfurecidos con él. «Esa ira que les llevó a votar por Le Pen ha de tener respuesta», dijo.

«El 58,5% de Macron viene del rechazo que genera Marine Le Pen todavía, aunque se ha reducido con respecto a 2017. No es un voto por adhesión sino para frenar a la extrema derecha. Hay que tenerlo en cuenta», señala el politólogo Tian Baena.

Marine Le Pen se ha llevado a casi todos los seguidores de Éric Zemmour (un 90%), el líder de Reconquista, que logró un 7% de sufragios en la primera vuelta. Gracias a Zemmour, mucho más radical a la hora de exponer su agenda identitaria y anti inmigración, Le Pen ha podido mostrarse como una candidata más centrada. Ahora se plantean competir juntos en las elecciones legislativas que se celebran el 12 y el 19 de junio. Pero Zemmour ya dijo en su discurso del domingo que los Le Pen han intentado ocho veces llegar al Elíseo sin éxito. Toda una advertencia.

La tercera edad con Macron

Macron, que llegó al Elíseo con apenas 39 años y ahora tiene cinco más, atrae el voto de la tercera edad como un imán. El 75% de los mayores de 65 años ha respaldado su reelección, según publica L’Express con estimaciones de Elabe. Solo el 25% se ha inclinado por Marine Le Pen. A pesar del debate sobre la reforma de las pensiones, la tercera edad no es amiga de experimentos y Macron ya encarna la continuidad.

También un 59% de los más jóvenes, entre 18 y 24 años, han votado por Macron en esta segunda vuelta. En la primera fue Jean-Luc Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, entre este sector de edad. Macron tiene la vista puesta en ellos en este segundo mandato como prueba el hecho de que fuera un grupo de jóvenes multirracial el que le acompañara al escenario en su noche triunfal en el Campo de Marte. Sabe que muchos se sienten abandonados: son los que gritaban «ni Macron, ni Le Pen» en la Sorbona hace unos días.

La candidata de Reagrupamiento Nacional convence más que el presidente a quienes tienen entre 25 y 34 años, y quienes tienen entre 50 y 64 años, aunque solo por un 51% a 49%. La ventaja es igual de débil para Macron entre los que están entre los 35 y 49 años.

Los directivos, macronistas y los obreros, lepenistas

Hay dos claros bloques en el voto según categorías profesionales. La fractura social es evidente: el 68% de los obreros está con Le Pen. También una mayoría de los empleados, el 54%. Sin embargo, un 71% de los directivos ha vuelto a confiar en el presidente liberal, al igual que los cuadros medios y los profesionales (un 57%).

Según el nivel de ingresos, está claro que a mayor renta, más cercanía a Macron, a quien Le Pen retrata como «el presidente de los ricos». Un 66% de los que llegan a fin de mes ha votado a favor de la reelección mientras que el 59% de los que dicen que tienen dificultades lo ha hecho por Le Pen. Entre los que ganan más de 3.000 euros netos al mes Macron cuenta con el apoyo del 74%.

También triunfa Macron entre las mujeres (60% a su favor) y entre quienes tienen más nivel educativo. El 70% de los que son licenciados le respalda, según Ifop.

Un presidente urbanita

El punto fuerte de Macron son las grandes ciudades. Cuanto más grande, más se inclina por el presidente. En París ha arrasado en la segunda vuelta. Dos de cada tres votantes se ha volcado con Macron. Ha avanzado sustancialmente con respecto a la primera vuelta en departamentos urbanos de Ile-de-France como Seine-Saint-Denis, Val-de-Marne y Val d’Oise. Antes se habían inclinado por Mélenchon. Y otras urbes como Lyon o Toulouse. También ha ganado en Marsella pero ha sido un 52% frente a un 48%.

Es en las zonas en dificultades donde la candidata de Reagrupamiento Nacional tiene sus bastiones como Pas-de-Calais, l’Aisne, las Ardennes, Meuse, o Haute-Marne. Es relevante que Marine Le Pen ha ganado esta vez en 30 departamentos, mientras que hace cinco años solo se impuso en dos: Pas-de-Calais y l’Aisne.

«Todo el norte industrial, los Altos de Francia, Pas-de-Calais, apoya a Le Pen así como la Costa Azul y los Pirineos orientales, es para Le Pen. Cuanto más lejos de las grandes urbes, mayor voto para Le Pen. Es parecido a lo que ocurrió con Estados Unidos y el voto a Trump», afirma Tian Baena. Es llamativo cómo avanza sustancialmente en zonas que antes votaban a los Republicanos, pero le cuesta más donde dominaban los socialistas (Aquitania).

Le Pen, musa de los ‘insatisfechos’

El 79% de los que se declaran «insatisfechos» confíaba en que la vida le iría mejor con Marine Le Pen. La candidata de Reagrupamiento Nacional ha focalizado su campaña en el nivel adquisitivo y este mensaje ha calado hondo entre los que se ven de lado.

Los que ven su futuro asegurado votan por Macron. La gente que lo pasa peor lo hace por Le Pen»

tian baena, politólogo

«Los que ven su futuro asegurado votan por Macron. Le Pen se impone entre empleados, obreros y quienes tienen menos ingresos. La gente que lo pasa peor lo hace por Le Pen», añade Tian Baena. «En algunas partes del país hay un sentimiento de haber sido dejado atrás. Unos prosperan y otros se quedan estancados a nivel de ingresos y perspectivas de vida. Es un proceso que sucede en Francia y otros países de Europa occidental. Estos ciudadanos abandonan los partidos tradicionales y se acerca an al nacionalpopulismo», concluye. 

Es el gran reto de Macron: acabar con esa fractura. Esa cohesión nacional sería su gran legado. Es consciente de que el país está dividido entre los que se ven fuera del progreso y los que gozan de cierta prosperidad. «No dejaremos a nadie atrás», prometió en la celebración del triunfo. No puede olvidarse de ellos o la Francia que deje será una bomba de relojería.

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