Seguramente uno de los hechos más interesantes de las elecciones presidenciales francesas, que este domingo afrontan su primera vuelta, ha sido la campaña. Y no solamente por el llamado fenómeno Zemmour, o cuando surge una derecha aun más a la derecha de la extrema derecha, sino por haber convertido a la extrema derecha en centro político. Normalmente estas situaciones, en los sistemas parlamentarios, ocurren cuando el partido de extrema derecha con su discurso y retórica sitúa la fuerza política de derechas en el centro político. Y desplaza el centro a la derecha. Un ejemplo de ello es el Partido Popular con Vox en España, y el llamado efecto Feijóo que sitúa en cierto centrismo políticas de derechas. Pero en el caso francés no ha sido así, sino que el centro se ha situado en el extremo derecho. 

Si nos fijamos en el caso francés, y estas elecciones presidenciales, podemos ver como lo que empezó como un rearme de la derecha francesa, con la elección de Valérie Pécresse al frente de Los Republicanos, y la recuperación de ciertos actores políticos, el votante no lo vio así a medida que avanzaba la campaña. El hecho que, para obtener aquellos votos que se fueron al Frente Nacional, ahora Agrupación Nacional, y que se irían a la nueva marca política de extrema derecha Reconquista!, Pécresse comprara partes del discurso no ha gustado. Primero, a sus votantes por irse muy a la derecha; segundo, a los votantes que quería conseguir porque poco después se retractó y matizó sus palabras. Y así en muchos temas, pero sobre todo los más importantes para su potencial votante: regulación de la inmigración, políticas económicas (poder adquisitivo) y políticas de orden público. 

En Marine Le Pen se focaliza el voto del descontento y de la decepción

Estas idas y venidas discursivas de la candidata de Los Republicanos han sido aprovechadas por otro actor, Éric Zemmour. El discurso del candidato ultra ha sido atacar a Marine Le Pen por no conseguir nada, a pesar de llevar tantos años en política, atacar a Macron por hundir Francia y atacar a Pécresse como una derecha acomplejada que no dejaba de ser un macronismo de derechas. Es decir, un continuismo diferente, pero perpetuador de las políticas actuales. A consecuencia del histrionismo y las contradicciones, Marine Le Pen ocupa el centro de la oposición de derechas. La consecuencia es que se centraliza en ella el voto del descontento y el de la decepción. Y así lo reflejan las encuestas, mientras que Pécresse se hunde, Le Pen sube, y pasaría a la segunda vuelta con un resultado realmente muy ajustado. 

Si analizamos el motivo por el cual Le Pen centra el debate político a su alrededor, y con ello el votante de derechas descontento, y también un poco el de izquierdas, es porque las principales preocupaciones de los franceses son el poder adquisitivo, la sanidad, las pensiones, la inmigración, el medio ambiente y la seguridad. Y en esto Emmanuel Macron tiene un problema, y es que la gente confía más en Fabien Roussel, candidato comunista, que en él, y confía más en Le Pen que en Pécresse o Zemmour.

Sobre seguridad, Zemmour adelanta a Le Pen, pero Le Pen está en cabeza en todos los principales campos. Y muy relevante: en los índices de confianza, Le Pen es la candidata más creíble con el 47%, con un ascenso de nueve puntos. Pécresse solo tiene un 29% de credibilidad, y Zemmour un 27%. Macron, un 42%. 

Tendremos que ver que dicen las urnas, pues toda encuesta es orientativa, no es una revelación del futuro. Pero actualmente con el estrecho margen que hay en la primera vuelta, repito, según sondeos, obligarían a Jean-Luc Melénchón a tener que posicionarse entre Macron o Le Pen, o la abstención. Como también al votante de Los Republicanos a elegir entre uno y otro, y a toda la izquierda y derecha a tomar partido.

Ahora es la extrema derecha en Francia quien deviene centro sin querer ser centrista

La polarización en estas elecciones es muy alta, y la hostilidad de La Francia Insumisa hacia Macron y En Marche, como también la del resto de fuerzas hacia uno u otro, los sitúan en una encrucijada. Siempre que la izquierda ha quedado expuesta en una situación así, el resultado ha sido de años de «travesía por el desierto». Y más en un sistema como el francés que tiende al bipartidismo con su semipresidencialismo. 

En conclusión, el llamado popularmente como «extremo centro», que es aquel posicionamiento político que bajo la bandera del centrismo se ocultan políticas de extrema derecha, ha pasado a ser una realidad pero con un matiz, ahora es la extrema derecha quien deviene centro, sin querer ser centrista.

El domingo pues, veremos si Macron consigue revalidar su resultado en cabeza en la primera vuelta de hace cinco años, como también cómo quedan repartidas las otras fuerzas. Depende cómo, en quince días tendremos unas de las elecciones más reñidas de la V República Francesa desde la reforma constitucional que hiciera Charles De Gaulle en 1962, al establecer el sistema de dos vueltas. Hay precedentes que ganar en la primera vuelta no significa ganar en la segunda: François Mitterrand, Valéry Giscard d’Estaing y Lionel Jospin. Veremos si también se sumará Macron, o no. 


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.