Internacional

La guerra en Ucrania, en tablas, enfila su cuarto mes sin un final en el horizonte

Hay un estancamiento generalizado en este conflicto, que difícilmente derivará en una clara victoria, dadas las graves pérdidas en los dos lados

Un soldado ucraniano, en las ruinas de la acería de Azovstal

Un soldado ucraniano, en las ruinas de la acería de Azovstal Dmytro Kozatskyi

Sostiene el politólogo Bertrand Badie que desde 1945 «las guerras ya no se ganan, así que se está obligado a negociar». El líder ruso, Vladimir Putin, sigue, sin embargo, las pautas de una guerra de otra época. Busca una rendición. Y el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, está lejos de capitular. “No tenemos otra opción que ganar esta guerra”, suelen repetir Zelenski y su equipo. Putin, que empezó la guerra por sentirse humillado, difícilmente la terminará si no puede presentar la resolución como una victoria. La guerra en Ucrania enfila su cuarto mes en una situación de estancamiento militar y diplomático y sin que se vislumbre el final en el horizonte. 

Esta guerra que pocos vieron llegar se desencadenó el 24 de febrero pasado, si bien se lleva librando en el Donbás desde 2014, y ahora pocos creen que vaya a terminar en los próximos meses. «Estamos asistiendo a un estancamiento, en sentido militar, político, diplomático, económico y psicológico. Nadie está ganando, y nadie será el vencedor, ya que hay demasiadas pérdidas en todos los sentidos. Con una diferencia significativa: Ucrania después de la posible paz estará en ascenso, Rusia estará en decadencia», indica Andrei Kolesnikov, investigador senior del Centro Carnegie.  

La llamada «operación militar especial» destinada a «desmilitarizar» y «desnazificar» tuvo una primera fase localizada en la toma de Kiev. El objetivo era descabezar al gobierno ucraniano y hacerse con el control de la capital en un golpe rápido. Columnas interminables de tanques parecían disponerse a entrar en la ciudad pero no fue así.

Rusia empleó pocos efectivos y fracasó en la toma de Kiev porque, según los estereotipos nacionalistas rusos, Ucrania era un país ‘fake’ y los ucranianos no existían»

taras kuzio, investigador

«Rusia empleó pocos efectivos (unos 200.000 cuando habría necesitado dos o tres veces más del medio millón de fuerzas ucranianas) y fracasó en la toma de Kiev porque según los estereotipos nacionalistas rusos Ucrania era un país fake y los ucranianos no existían. No tuvo en cuenta a los patriotas ucranianos», afirma Taras Kuzio, investigador en el Henry Jackson Society de Londres y catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Kyiv Mohyla.

La estrategia fracasó para desconcierto del Kremlin, así que a partir de ahí se desviaron fuerzas al Donbás, que ya dominaba parcialmente a través de los separatistas prorrusos. «El Donbás es ahora un infierno», ha dicho Zelenski. En su comparecencia en Davos este lunes ha recordado a las últimas 87 víctimas mortales de los ataques rusos. «Ya no contaremos con estos 87 ucranianos en el futuro de Ucrania». Zelenski admite a diario que caen en la batalla del Donbás entre 50 y 100 de sus hombres en la actualidad.

Destrucción y conquista

La táctica de las tropas rusas es destruir y luego tomar las ciudades. Así hicieron en Járkov, la segunda ciudad del país, que han recuperado los ucranianos. Y, sobre todo, en Mariúpol, la ciudad portuaria que acaba de caer en manos rusas. La defensa numantina de Mariúpol llegó a su fin cuando los soldados del batallón Azov, atrincherados en la acería de Azovstal, se quedaron sin municiones. Los civiles que estuvieron con ellos hasta el último momento fueron evacuados días antes del final de la batalla a Zaporiya. Unos 2.000 soldados fueron capturados por los rusos. Su destino es incierto, ya que el Kremlin pretende juzgarlos como “terroristas” y Ucrania presiona para intercambiarlos por soldados rusos bajo su custodia. 

La conquista de Mariúpol, que ha quedado devastada, permite a los rusos usurpar a los ucranianos una salida al mar vital para sus exportaciones. A su vez, les da opción a establecer un corredor entre la zona que dominan en el este y el sur, donde se encuentra Crimea, anexionada en 2014. También les permitirá dedicar más fuerzas a otros frentes. Como ha reconocido Zelenksi, “los héroes” de Mariúpol han permitido a los ucranianos resistir en otros enclaves y recuperar lugares tan simbólicos como Járkov. Incluso los ucranianos se acercaron a la frontera rusa. 

«Ucrania ha ganado la fase inicial de la guerra al liberar Kiev, Sumy, Chernihiv y Járkov en el noreste. Rusia no logrará capturar toda la región del Donbás. Ahora hay un estancamiento. Esto cambiará rápidamente cuando Ucrania se lance a liberar Jersón y el sureste. Ahí se decidirá el futuro de Ucrania, ya que Rusia insiste en bloquear los puertos y destruir la economía ucraniana», señala Taras Kuzio.

Mientras en Donetsk, las fuerzas leales al Kremlin no han registrado grandes avances, aseguran que controlan el 90 por ciento de Lugansk. En estos últimos días los efectivos rusos bombardean sin tregua Severodonetsk, la segunda ciudad de Lugansk. Llevan a cabo interminables ataques con artillería. El gobernador de Lugansk, Serhiy Haidai, ha dicho que está siendo atacada por cuatro frentes. Todo indica que Severedonetsk tendrá el mismo destino que Mariupol: pasará a formar parte de la dramática lista de ciudades mártir. 

En estos tres meses ha empezado a investigarse sobre crímenes de guerra, tras las atrocidades que se han denunciado en Bucha, por ejemplo. En esta localidad cercana a Kiev hubo ejecuciones sumarias de civiles, según ha confirmado una investigación de The New York Times. Un diplomático ruso acaba de decir su basta ya justo en la víspera de los tres meses de guerra: Boris Bondarev, de la misión ante la ONU en Ginebra. clama: «Nunca había estado tan avergonzado de mi país».

Este lunes se ha condenado a cadena perpetua al primer soldado ruso por los crímenes cometidos en la guerra. Hay otros 48 a la espera de juicio.

Ayuda militar y financiera para Ucrania

De este modo, en el campo de batalla, a las tropas rusas les cuesta avanzar y lo hacen con esa política de tierra arrasada, pero también es cierto que los ucranianos resisten sin llevar la iniciativa. Si se lanzan a por Jersón y tratan de recuperar el acceso a los puertos, habrán avanzado sustancialmente.

Los ucranianos confían en su capacidad de movilizar hasta un millón de efectivos y en la continua llegada de armamento moderno. Estados Unidos acaba de aprobar una ayuda de 40.000 millones dólares que también incluye apoyo armamentístico. “Queremos armas, armas y más armas”, suele repetir el ministro ucraniano de Exteriores, Dmytro Kuleba. Es su esperanza. El Kremlin tiene en su punto de mira los puntos de suministro y la red de transporte. 

«EEUU, Reino Unido y otros países están aportando información muy valiosa a Ucrania sobre los movimientos de tropas rusos. Los ucranianos están recibiendo entrenamiento en bases occidentales y ahora ya cuentan con Javelin, drones turcos y misiles antibuques. Además, Ucrania tiene una industria militar sofisticada: los misiles Neptuno que destrozaron el Moskva son un ejemplo», añade Taras Kuzio, quien prevé que las fuerzas rusas van a colapsar hacia finales de año. «El peligro es que Putin incremente el nivel de destrucción aún más», añade el experto que ve riesgo de que se usen armas químicas como en Siria, más que nucleares.

Devastación económica

El régimen de Putin también juega a otra carta: la devastación económica, que tendrá efectos más allá de Ucrania, conocido como el granero del mundo. Sin las exportaciones de cereales ucranianos, muchos países del norte de África pasarán penurias el próximo invierno. Putin exige el levantamiento de las sanciones para permitir las exportaciones al tiempo que las tropas rusas riegan de minas los campos ucranianos. 

Ucrania empezó la guerra en buena forma económica: crecía a un ritmo del 7% anual gracias a los precios de las exportaciones de cereales, hierro y acero. El Banco Mundial predice que el PIB de Ucrania se hundirá un 45% en 2022. El gobierno ucraniano necesita al menos 5.000 millones de euros al mes para mantener sus servicios básicos, incluidos los sueldos de los militares. Los países del G-7 han abierto el grifo: han concedido unos 20.000 millones en ayudas. 

Efecto bumerán: más OTAN y más UE

Si bien sobre el terreno no hay ganadores, es cierto que Putin ha logrado una reacción inesperada en quienes ve como sus enemigos: Estados Unidos y la Unión Europea. Como en 2014 la reacción fue tibia, quizá imaginara Putin que ahora pasaría lo mismo. Por un lado, la relación transatlántica se ha reforzado y la Alianza Militar se ha convertido en un polo de atracción para países como Suecia y Finlandia, que hasta ahora se encontraban entre los no alineados. Putin empezó la guerra porque consideraba un peligro que Ucrania entrara en la OTAN y así hubiera armamento de los aliados cerca de su frontera y ha conseguido que todo el Báltico, salvo sus costas, sea territorio OTAN. 

Este movimiento de Finlandia y Suecia ha sido considerado “un error” por el Kremlin, que ha creado 12 nuevas unidades militares en sus fronteras. En el caso de que se emplacen bases de la OTAN en estos países, Moscú no descarta reaccionar. La posibilidad de un choque directo entre Rusia y la OTAN tan solo parece que puede evitarse por la disuasión nuclear. Ha funcionado en la guerra fría pero Putin no parece tener líneas rojas desde que decidió ordenar la invasión del país vecino. 

A su vez, la Unión Europea ya va por el sexto paquete de sanciones y, a pesar de las reticencias y las dificultades, el propósito firme es reducir la dependencia rusa de gas y petróleo hasta llegar a cero. Es cierto que aún compran y, como señalan los críticos eso sirve para financiar la guerra, pero los europeos han aprendido que el Kremlin no es un socio fiable.

Putin ha conseguido reforzar lo que quería debilitar en la UE… Es cierto que cuanto más se alargue la guerra más difícil será mantener la unidad sin fisuras»

carme colomina, cidob

«Estos tres meses de guerra han traído un cambio estructural muy profundo en la UE. Hemos visto una unidad rápida y sin paliativos para la aprobación de sanciones y cambios a nivel de defensa y de dependencia energética: esfuerzos por buscar vías alternativas, la renuncia alemana al Nord Stream 2 y la aceleración, e incluso la facilitación de un consenso sobre una defensa europea que no existía antes del 24 de febrero. Hay un rearme claro y más poder de coordinación de Bruselas. Y la aproximación de Finlandia y Suecia a la OTAN supone la caída de otro tabú», señala Carme Colomina, investigadora principal en el Cidob. 

Putin ha conseguido reforzar lo que quería debilitar en la UE. Se ha abierto un horizonte europeo a Georgia, Moldavia, Ucrania y países de los Balcanes. Ha empezado a ensayar fórmulas distintas. Es cierto que cuanto más se alargue la guerra más difícil será mantener la unidad sin fisuras, como prueban las reticencias de Hungría a que pase el armamento por su territorio. Ese impulso se puede frenar», añade Colomina.

Rusia buscará otros socios, pero en un mundo interdependiente prescindir de la relación comercial con los europeos causa perjuicios. Un país que aspira a mantener su papel como potencia internacional no puede dejar de relacionase con la primera potencia global y sus aliados sin verse perjudicada. El problema es que ese aislamiento lo sufren de la misma forma los leales a Putin y los detractores, a su vez hostigados por el régimen

La vía negociada en punto muerto

En este contexto hay poca base para que las negociaciones de paz tengan éxito. Es cierto que hay divisiones entre los más pragmáticos que quieren evitar más destrucción, y las consecuencias para la economía global, y los más idealistas que abogan por no ceder ni un ápice frente al Kremlin, ya que será dejar espacio para más agresiones.

«La mentalidad de KGB que guía al Kremlin hace imposible que entiendan lo que quiere decir el compromiso. Solo entiende de victoria o derrota. Rusia busca la destrucción total de Ucrania y de los ucranianos», indica Kuzio, quien ve posible un choque entre la OTAN y Rusia en el Mar Negro, cuando se intente romper el bloqueo ruso a las exportaciones ucranianas.

Si no hay espacio para la diplomacia, habrá guerra hasta el agotamiento de las dos partes. Como dice Andrei Kolesnikov, “por el momento, el principal problema es la falta de cualquier terreno posible para el acuerdo de paz y la falta de buena fe incluso para las negociaciones de paz. Parece que la guerra podría aplazarse hasta el momento en que Putin encuentre palabras para la descripción de la ‘victoria’ de Rusia”. 

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