Les comentaba hace unos días que la guerra era la continuación de la política por otros medios y que era el mando político el que establecía tanto los objetivos a su nivel como el estado final deseado. Pues bien, si consideramos el marco temporal que media entre el 24 de febrero y el día de hoy, 24 de mayo, tres meses de guerra, parece conveniente hacer un balance, siquiera somero, de lo acontecido en los cuatro planos en que se está desarrollando este conflicto: político, estratégico, operacional y táctico. Vamos allá.

1. Plano político

Los que podríamos considerar objetivos amplios de la Federación Rusa serían debilitar a la OTAN, socavar la legitimidad de la Unión Europea, reforzar la imagen de la Federación Rusa como potencia global y hacer una Ucrania dependiente de la órbita moscovita.

Como estamos viendo, la OTAN no solo no se ha debilitado, sino que ha salido fortalecida y está en puertas de ampliación con dos nuevos socios: Suecia y Finlandia.

Respecto a la Unión Europea, en plazos que pueden considerarse récord, se ha conseguido unanimidad o cooperación reforzada en temas que no son baladí como la política de dependencia energética, las sanciones a terceros estados o la ayuda militar (por primera vez) a un estado en conflicto. 

La Federación Rusa, en su intento de reforzar la imagen de potencia global, está padeciendo un descrédito creciente en cuanto a su capacidad militar convencional, también se pone en duda -aunque en voz baja- su modelo de disuasión nuclear y, principalmente, su capacidad de actuación extendida en espacio y tiempo sobre lo que ella denomina «vecindad próxima» y sobre sus zonas de interés.

En cuanto a forzar la dependencia e incrementar la rusificación de Ucrania, lo que se ha conseguido es, sensu contrario, la generación de un sentimiento de rechazo -odio- hacia Rusia que será muy difícil de disolver en muchos años. Además, se ha provocado la materialización de un Estado fallido en algunos sentidos: la dependencia plena de la ayuda exterior -occidental- para el sostenimiento de la vida ordinaria, la pérdida catastrófica de productividad en torno al 50% del PIB que continúa creciendo día a día, la pérdida del control de parte del territorio y de la capacidad de ejercer la soberanía sobre el conjunto.

Lo logrado es un verdadero fiasco, máxime si se tiene en cuenta el efecto a medio y largo plazo de las sanciones económicas que ha impuesto y sigue imponiendo la comunidad internacional»

Por otra parte, se está produciendo un nivel de destrucción de infraestructuras críticas y de todo tipo que requerirá un esfuerzo inversor en el futuro imposible de cuantificar ahora. Por último, se ha producido y sigue produciéndose una diáspora que se puede cifrar en más de seis millones de refugiados -a países de la Unión Europea- y unos ocho millones de desplazados internos lo que supone la mayor catástrofe humanitaria después de la segunda Guerra Mundial y una disminución irreparable de mano de obra de todo tipo; piénsese que estamos hablando casi de un tercio del total de la población de Ucrania que, o no puede producir, o lo puede hacer de forma muy poco eficiente. 

Así pues, en este plano político, lo logrado es un verdadero fiasco, se mire por donde se mire, máxime si se tiene en cuenta el efecto a medio y largo plazo de las sanciones económicas que ha impuesto y sigue imponiendo la comunidad internacional y que afectarán al potencial de crecimiento de la Federación Rusa en el horizonte próximo.

2. Plano estratégico

Parece plausible que los objetivos de este nivel que se fijaron en su momento, o no se han logrado o solo se han conseguido parcialmente, otra cosa es a qué coste.

En primer término, el planteamiento de la invasión como un conflicto relámpago, casi quirúrgico, no se logró. El control de la capital y la deposición de su gobierno no se consiguieron, por el contrario, apareció un modelo de liderazgo heroico que galvanizó a la población y a sus fuerzas armadas en torno a la figura del presidente, Volodimir Zelenski, y la resistencia a toda costa.

La invasión, en todo caso, sí consiguió la interrupción sine die del proceso de adhesión a la OTAN y, se quiera o no reconocer, también a la UE a pesar de lo que estamos escuchando. Es evidente, también, el cuestionamiento de la viabilidad actual como Estado de Ucrania en cuanto a factibilidad, soberanía, supervivencia y futuro, ya que sigue siendo un hecho la ocupación parcial del territorio, la pervivencia del conflicto armado, la destrucción de infraestructuras críticas, la pérdida de vidas y la imposibilidad de sostener su anterior modelo productivo.

La pretensión de destruir la capacidad de resistencia del ejército ucraniano no se ha conseguido, aunque desconocemos cuál es el verdadero grado de atrición que ha sufrido»

También resulta evidente que la pretensión de destruir la capacidad de resistencia del ejército ucraniano no se ha conseguido, aunque desconocemos cuál es el verdadero grado de atrición que ha sufrido porque la información que se recibe está tratada como parte del relato heroico de resistencia y no proporciona más que éxitos con un coste insignificante que no resulta creíble. Respecto a loa guerra de la información, el claro perdedor es la Federación Rusa y la clara ganadora Ucrania.  

Respecto al control de algunas zonas clave del territorio y algunos recursos críticos como materias primas y las fuentes de producción de energía eléctrica, los resultados son desiguales. Parte del Donbás sigue siendo escenario de duros enfrentamientos, se ha negado a Ucrania el acceso al mar de Azov y, en términos prácticos, al mar Negro, ya que sus principales puertos Mariúpol y Odesa no pueden utilizarse para la exportación de materias primas. Se han provocado importantes carencias energéticas (luz, gas, petróleo…) bien directamente al negar el acceso a los recursos por cierre de instalaciones (gasoductos y oleoductos), bien por la toma de control de centrales eléctricas como la de Zaporiya (20% de toda la energía eléctrica que consumen Ucrania).

También se han destruido y se siguen destruyendo infraestructuras críticas para el transporte como aeropuertos, nudos ferroviarios, redes eléctricas, puentes y vías de comunicación. Por último, el espacio aéreo sobre Ucrania sigue cerrado a todo tipo de tráfico por ser zona de combate.

Parece pues que queda en entredicho la capacidad de la Federación Rusa para la adecuada definición de objetivos estratégicos, la aplicación de la potencia militar para alcanzarlos y la consecución de los resultados deseados. Igualmente, queda severamente cuestionada la capacidad de proyectar y sostener de forma continuada y efectiva fuerzas en operaciones en uno o varios escenarios distintos.

3. Plano operacional

Lo que hemos visto es una evolución en la determinación de objetivos que ha pasado de una lista de máximos a una lista de deseables y que va camino de concretarse en un número aún más reducido de los que es posible conseguir y mantener. Inicialmente, se utilizaron por parte de las fuerzas de la Federación Rusa hasta 11 direcciones de esfuerzo en un frente de unos dos mil kilómetros con unos 200.000 efectivos, con resultados de todo tipo. En el sur, el avance que partió de la península de Crimea fue rápido y alcanzó el rio Dniéper en las proximidades de Mikolayev conquistando la ciudad de Jersón.

En el este, el enfrentamiento fue y sigue siendo mucho más duro por ser la zona donde el ejército ucraniano concentra el mayor número de unidades y donde la fortificación del terreno es mayor puesto que es un frente de batalla desde hace ocho años; es en la zona de Lugansk donde actualmente se está volcando el esfuerzo ofensivo del ejército ruso para obtener el control de toda la provincia (oblast).

En el norte, se produjeron los principales reveses del ejército ruso, primero en el fallido intento de captura del aeródromo Antonov en las proximidades de Kiev, luego con el estancamiento de las acciones que pretendían el cerco de Kiev y, finalmente, con el repliegue bajo presión de las fuerzas de ese eje que supuso además de una derrota importante, una pérdida considerable de personal y material. Se está produciendo estos días, además, una firme reacción ofensiva de las fuerzas de Ucrania que han expulsado al ejército ruso de la zona de Járkov empujándoles hasta la misma frontera y obligándoles a adoptar una postura defensiva.

También en el ámbito naval se han sufrido reveses, como el hundimiento del crucero Moskva buque insignia de la flota del mar Negro y la afectación parcial de dos buques de asalto anfibio, además del hundimiento de otras embarcaciones de superficie de menor tamaño.

El espacio aéreo está controlado por la Federación Rusa pero no en su totalidad y los sistemas de defensa aérea ucranianos siguen activos y son eficaces a baja y media cota. 

La vulnerabilidad del ejército ruso está en su logística, cuyo planteamiento y ejecución ha sido muy deficiente»

También es en este nivel donde se aprecia una vulnerabilidad importante del ejército ruso: su logística, cuyo planeamiento y ejecución ha sido muy deficiente, suponiendo en muchos casos una vulnerabilidad crítica para las unidades de combate de vanguardia que no podían ser apoyadas en lo esencial: alimentación, munición, carburante, transporte y recuperación. Como resumen, cabría decir que la voluntad de lucha del ejército ucraniano permanece firme, que la moral de las fuerzas rusas es baja, que el propósito de degradar la capacidad del ejército ucraniano para que no suponga una amenaza presente ni futura no se ha conseguido en la medida que se esperaba, a pesar de las pérdidas sufridas y de la inutilización de gran parte de su infraestructura militar (puestos de mando, redes de mando y control, bases, puertos, almacenes y depósitos, etc.).

4. Plano táctico

Es quizá donde se aprecia de forma más descarnada el inmenso coste que está suponiendo en vidas, en material e infraestructuras. Las fuerzas rusas están sufriendo un elevadísimo desgaste fruto de la combinación de varios elementos: en primer lugar, la tenacidad, resistencia y valor del ejército ucraniano, en segundo lugar, el empleo de armamento pesado y ligero contra carro y antiaéreo de alta precisión y elevada letalidad que suministrado por terceros fluye de forma regular desde otros países a las unidades combatientes; en tercer lugar y puede que sea lo más relevante, la disponibilidad de inteligencia en tiempo real o casi real sobre los movimientos, situación, comunicaciones e intenciones de las fuerzas rusas que permite batirlas de forma muy eficaz y oportuna.

Esta ventaja supone una brecha cualitativa que puede llegar a colocar en condiciones de inferioridad a una fuerza numéricamente más poderosa como viene siendo el caso y, finalmente, la deficiente concepción y conducción de las operaciones del ejército ruso a este nivel que permite a las pequeñas unidades ucranianas que actúan con amplia iniciativa, audacia y velocidad infligir severos daños a unas formaciones pesadas que siguen empleando concepciones muy centralizadas y rígidas de mando y control con un concepto de maniobra muy previsible.

El conflicto, salvo una acción disruptiva, parece ahora encaminarse a una guerra de desgaste con frentes regulares, en la que será el agotamiento el que acabe propiciando un alto el fuego

El conflicto, salvo una acción disruptiva -posible pero no probable, como el empleo de armas nucleares tácticas en territorio de Ucrania- parece ahora encaminarse a una guerra de desgaste con frentes regulares, establecidos y fortificados en la que será el agotamiento de unos, otros o ambos el que acabe propiciando un alto el fuego y se abran espacios para, un parece que bastante lejano, final de esta guerra.

Ucrania no está dispuesta a ceder soberanía sobre ninguna parte de su territorio y la Federación Rusa no está dispuesta a devolver Crimea, retirarse del Donbás ni renunciar a un corredor terrestre que enlace su parte continental con la península de Crimea. Así pues, ya que la razón de la fuerza no ha servido, habrá que procurar emplear la fuerza de la razón, aunque sea imperfecta y no contente a todos por igual. Hay que procurar facilitar un alto el fuego lo antes posible para evitar o paliar en la medida de lo posible la catástrofe que se está produciendo, y no ya solo a nivel local.


Francisco José Gan Pampols es teniente general del Ejército de Tierra en situación de reserva.