Europa

El dilema nuclear alemán: cerrar o no cerrar las últimas centrales

Los Verdes empiezan a considerar una eventual prórroga de las tres restantes, como plantean liberales y conservadores, en caso de "un escenario especial"

Central nuclear en Alemania

La central nuclear de Emsland, en LIngen, Baja Sajonia. EFE

Cuando la actual ministra de Exteriores, la ecopacifista Annalena Baerbock, que cumple 42 años en diciembre, era niña solía acompañar a sus padres a las manifestaciones en las inmediaciones de Gorleben, un megacentro de residuos nucleares donde se celebraban las mayores concentraciones antinucleares de Alemania en los 90 y principios de 2000. Los Verdes alemanes tienen en su ADN el rechazo a la energía nuclear y por ello pujaron con fuerza cuando estuvieron por primera vez en el gobierno, entre 1998 y 2005, por el cierre de las centrales. Ahí se dieron los primeros pasos, pero fue la canciller democristiana, Angela Merkel, quien remató el proceso en 2011. La guerra en Ucrania está trastocando el mundo como lo hemos conocido. La fuerte dependencia energética alemana de Rusia ha hecho que se replantee en Alemania el debate sobre el cierre de las tres últimas centrales nucleares aún abiertas.

Son los liberales, que lidera el ministro de Finanzas, Christian Lindner, junto a la oposición conservadora, abanderada por el líder de la CDU, Friedrich Merz, quienes demandan que se prorrogue la vida de las centrales Isar 2, en Baviera, Neckarwestheim 2 (Baden-Wurttemberg) y Emsland (Baja Sajonia). Su vida útil concluía el último día de 2022. Merz ha aprovechado para sembrar la discordia en la coalición de gobierno. En un artículo, decía a los Verdes: «No nos podéis robar la oportunidad de que sigan las centrales nucleares en marcha para ahorrar gas en la generación de electricidad. Os digo: hacedlo por Alemania».

«Es necesario evitar la interrupción del suministro eléctrico y el gas es un bien escaso. En esa situación, en los próximos meses, y puede que años, la electricidad será utilizada también para calentarnos. Hemos de utilizar toda nuestra capacidad para la producción de energía, también la nuclear», ha dicho Lindner, titular de Finanzas en el tripartito (socialdemócratas, verdes y liberales) que gobierna Berlín.

El cierre de las centrales nucleares fue uno de los grandes giros de timón de la canciller Angela Merkel, que se oponía hasta el accidente de Fukushima en 2011. Entonces reconoció que se había equivocado sobre los riesgos y apoyó su cierre progresivo, como habían demandado socialdemócratas y verdes. En cuanto a los socialdemócratas lo más espinoso del asunto es el papel del canciller, Gerhard Schröder, que al tiempo que defendía el fin de la energía nuclear estrechaba los vínculos con el líder ruso, Vladimir Putin, con quien colaboró y aún lo hace. Así se fraguó la construcción del Nord Stream 2, terminado pero no operativo. El gasoducto Nord Stream 1 es por el que fluye de momento el gas desde Rusia pero todo indica que puede cerrarse el grifo totalmente en cualquier momento. Ya solo fluye el 20% tras excusas varias por parte del Kremlin.

Merkel también defendió esta política de acercamiento comercial a Rusia, con la tesis de que estas alianzas ayudan cuando hay enfrentamientos en otros ámbitos. La guerra de Ucrania ha demostrado que no es así. Son armas en manos de un enemigo como Putin.

Alemania tendrá que tirar de todo lo que tiene y todo ayuda: carbón, nuclear, reducir el consumo… Es una situación de emergencia»

Miguel otero, real instituto elcano

«Alemania no tendrá más remedio que tirar de lo que tiene y todo ayuda: carbón, nuclear, reducir el consumo… Es una situación de emergencia. Muchos se tendrán que tragar lo que han dicho sobre el fin de las nucleares. El otoño va a ser muy duro. Putin utiliza la energía como arma de negociación, lo que no es de extrañar porque tiene congelados los activos del Banco Central. La economía es un arma en esta guerra por los dos lados», afirma Miguel Otero, investigador principal en el Real Instituto Elcano, quien señala que la clave para el futuro será la diversificación, aunque duda que podamos dejar de lado el comercio con Rusia después de la guerra.

Cumbre nuclear en la Cancillería

Los liberales demandan que se celebre una cumbre nuclear en la Cancillería a la que asistan operadores y asociaciones de la industria. «Las centrales nucleares alemanas pueden mantenerse hasta la primavera de 2024. De este modo, pueden contribuir a que Europa no sufra una escasez de energía en los próximos inviernos», ha dicho Michael Kruse, portavoz de política energética de los liberales a Der Tagesspiegel. Incluso liberales y conservadores pondrían en la mesa establecer límites a la velocidad en autopistas para contentar a los Verdes.

Los Verdes alemanes hasta ahora se habían negado en rotundo a este planteamiento, pero en los últimos días parece esa posibilidad de una prórroga ha dejado de ser incuestionable. Todas las opciones están sobre la mesa, según se deduce de las últimas declaraciones de varios de sus líderes. Como aclaró Winfried Kretchsmann, jefe del gobierno de Baden-Württemberg, en la ZDF, no se trata de que se esté replanteando el abandono de la energía nuclear, sino que hay una situación especial y se buscan vías para afrontarla.

También se ha referido a un posible «escenario especial» en la nueva prueba de esfuerzo que va a realizarse al sistema de suministro el ministro alemán de Economía y Energía, Robert Habeck. En la primera prueba, que se hizo en marzo, quedó claro que se seguía adelante con el cierre de esas tres últimas centrales. Y se aprobó un paquete en Pascua, que promueve el autoconsumo, para hacer frente a este último paso: en suma, solo dependen un 6% del suministro eléctrico en Alemania de estas tres centrales.

El canciller alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, sostiene que hay que esperar a la segunda prueba de resistencia sobre la seguridad del suministro eléctrico, según ha dado a conocer una portavoz. Hay que ver si está garantizado en los casos más extremos. Los resultados se conocerán en las próxima semanas. Desde la Cancillería se asegura que será una resolución técnica, no ideológica.

Quienes defienden que se mantengan la centrales aseguran que su vida útil va mucho más allá de los 40 años: el 90% en EEUU tienen permiso para operar 60 años. Además, una vez puestas en marcha no contaminan, si bien generan residuos y su gestión es compleja. En Alemania se da a paradoja de que han alargado la vida de las centrales alimentadas con carbón, mucho más contaminantes, que ya iban a cerrar más tarde que las nucleares.

La cuestión es que Alemania tiene un grave problema de dependencia del gas ruso, que se ha ido reduciendo del 55% al 26% actual y Putin ya está jugando con los cortes de suministros con el Nord Stream 1. Pero con las nucleares de lo que se trata es de electricidad. Aunque los partidos que defienden su mantenimiento sostienen que si siguen en pie puede ahorrarse algo del gas que se utiliza para generar electricidad.

En Baviera los problemas de suministro eléctrico en invierno pueden agudizarse. Es una región industrial con escaso desarrollo de energía solar o eólica y gran dependencia del gas y de la energía nuclear.

Según Matthias Miersch, vicepresidente del grupo parlamentario del SPD, «hasta ahora los aspectos técnicos, financieros y de seguridad hablan claramente en contra de que sigan funcionando las centrales nucleares alemanas». Recuerda que las revisiones se hacen cada diez años y la última se realizó en 2009 «La energía nuclear es una tecnología con altos riesgos para las personas y el medio ambiente», insistió ante un grupo del Funke Mediengruppe.

Los liberales alemanes insisten en que sería una medida temporal debido al previsible escenario dramático que se avecina. Quienes sí defienden claramente la vuelta a la energía nuclear en Alemania son los ultraderechistas de Alternativa por Alemania.

«Un debate político»

Mario Rodríguez, director de Transición Justa y Alianzas Globales en la Fundación Ecología y Desarrollo, sostiene que en Alemania se está desarrollando «un debate político, más que técnico; cada vez que hay un posible problema de suministro se replantea el debate por parte de los que defienden la energía nuclear. Desde el punto de vista técnico no hay dudas, a no ser que la prueba de esfuerzo revele algo muy diferente o no contemplara el corte total desde Rusia».

A juicio de Mario Rodríguez, en primer lugar, hay que tener en cuenta que las centrales con un cierre previsto a finales de año han tenido un mantenimiento mínimo y ya se había tenido en cuenta cómo suplir su aportación y se puso en marcha para acelerar el autoconsumo e impulsar las renovables. Además, indica cómo también hay dependencia de Rusia en cuanto al suministro de uranio, de un 40% en el caso alemán, y en la gestión de residuos nucleares (Nukem Technologies fue adquirida por la rusa ROSATOM en 2009).

El peso de la energía nuclear es de un 6% del suministro eléctrico. No sirve para calentar las casas o suplir el gas en la industria»

mario rodríguez, fundación ecología y desarrollo

«Entiendo que hagan una nueva prueba de esfuerzo, como se hizo en primavera. Pero el peso de la energía nuclear fue de un 6% en la generación de electricidad en el primer trimestre del año. No sirve para calentar las casas o suplir el gas en la industria. Habría que ver el estado de las centrales y cambiar leyes. Es un proceso largo y las medidas que se precisan son inmediatas», señala Rodríguez. Es llamativo cómo en Francia, con gran dependencia de la energía nuclear, hay problemas de suministro eléctrico, debido a los problemas en varias centrales. Por primera vez Francia va a ser importador neto de energía eléctrica, donde el precio es mayor. En Alemania hay quienes incluso invocan la solidaridad con Francia para mantener las tres últimas nucleares.

Pero Claudia Kemfert, del German Institute for Economic Research, decía a Politico que ese 6% que aportan las nucleares en la generación de energía eléctrica solo podría reemplazar al 1% del consumo de gas.

Según Mario Rodríguez, «la decisión de la Unión Europea para reducir el consumo va en la línea adecuada y a medio plazo hay que independizarse en la producción energética». Considera fundamental que la ciudadanía europea tenga en cuenta que la transición afectará a su vida cotidiana. «Medidas como más transporte público y reducción en la climatización cubrirían ese 6% del caso alemán».

Europa creía que contaba con una década para hacer la transición energética y ha despertado sin tiempo y con una guerra en su seno. Lo difícil ahora es transmitir a la población que hay que hacer sacrificios cuando muchos ve la guerra lejana. Y realmente sus consecuencias nos dan de lleno.

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