La crisis de las matrículas ha vuelto a estallar entre Serbia y Kosovo. Este lunes entraba en vigor una normativa por la que quienes entren en Kosovo desde Serbia, con documentación y matrículas de ese país, tendrían que cambiarlos por papeles kosovares. Los serbios de Mitrovica, en el norte de Kosovo, rechazaron la medida e instalaron barricadas en dos pasos fronterizos en Brnjak y Jarinje. La Fuerza de la OTAN para Kosovo (KFOR) dijo que estaba “preparada para intervenir”, si corría peligro la estabilidad en el norte de Kosovo. Justo horas antes, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, había reafirmado su apoyo a Serbia, aliado de Rusia, en su contencioso territorial con Kosovo. 

En la noche del domingo, la tensión iba en aumento hasta el punto de que el presidente serbio, Aleksander Vucic, se reunió con los altos mandos de las Fuerzas Armadas. «Nosotros pedimos y oramos por la paz, pero si se atreven a perseguir o matar serbios, Serbia ganará», tuiteó Vucic, aliado del líder ruso, Vladimir Putin. 

Desde Moscú la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajarova, culpó de la escalada a «las reglas discriminatorias impuestas» por las autoridades de Kosovo. 

El gobierno de Kosovo, dirigido por el primer ministro, Albin Kurti, condenó la obstrucción de carreras en el norte de Kosovo y denunció que estaban registrándose disparos en la zona «en dirección a unidades policiales».

Todo parecía dirigirse a una escalada imparable cuando la KFOR (misión de la OTAN en Kosovo), con 4.000 efectivos, emitió un comunicado contundente: «La KFOR tomará todas las medidas necesarias para mantener un entorno seguro en Kosovo en todo momento, de acuerdo con su mandato de la ONU». A su vez, el embajador de EEUU instó al primer ministro Kurti a que pospusiera un mes la aplicación de las medidas. Kurdi aceptó y poco a poco se fue restableciendo cierta calma. 

El Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell, se declaró aliviado por el hecho de que se haya pospuesto la medida. “Esperemos que quiten los bloqueos de carreteras”, dijo en su cuenta de Twitter. 

«La percepción de la crisis del domingo está mediatizada por la guerra en Ucrania (…) Ante cualquier afirmación de soberanía de Kosovo, ni el gobierno serbio ni los serbios que quedan en el norte de Kosovo van a permanecer indiferentes, porque consideran ese territorio parte de Serbia. De ahí los bloqueos de carreteras y otros incidentes. Pero son repuntes de la tensión que se dan cada cierto tiempo. Simplemente, como el tablero geopolítico ha cambiado a raíz de la guerra en Ucrania, despiertan más atención y se les atribuye mayor gravedad de la que tienen ahora mismo», indica Marc Casals, experto en los Balcanes y autor de La piedra permanece. Historias de Bosnia-Herzegovina.

Este conflicto surgió en septiembre de 2021 cuando Kosovo ordenó que los conductores que entraran en el país desde Serbia llevaran matrículas provisionales válidas para 60 días. La medida ya estaba en vigor para quienes se desplacen desde Kosovo a Serbia desde 2008, cuando Kosovo declaró su independencia. 

Desde entonces unos 50.000 serbios que viven en el norte de Kosovo siguen usando la documentación de la administración serbia y rechazan así reconocer a las autoridades de Pristina. Más de un centenar de países han reconocido a Kosovo, pero España no está entre ellos. 

«La situación es frágil. Llevan 20 años tensando la cuerda. Cuando quieren obtener réditos políticos fuerzan el tema. En términos de soberanía para los serbios de Mitrovica significa mucho porque cuestionan la administración oficial. El presidente serbio Vucic ha llegado a plantear que estaban invadiendo la frontera serbia porque considera que Mitrovica es territorio serbio», explica Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política en la UCM e investigadora adscrita al Instituto Complutense de Estudios Internacionales.  

«Lo que hemos visto es la punta del iceberg. Revela cómo la disputa por la soberanía del territorio sigue viva. También que Kosovo no tiene ejército y es la OTAN, y EEUU, quienes defienden su territorio», añade la investigadora. «Con esa presencia de la OTAN, Serbia no va a entrar en guerra». 

«Violación del derecho internacional»

Pocas horas antes de este enfrentamiento entre Serbia y Kosovo, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, instó a Serbia a que acelerara sus reformas para ingresar en la Unión Europea. Serbia es país candidato desde 2012. Y fue muy claro sobre su conflicto con Kosovo: “Nosotros apoyamos a Serbia en lo que tiene que ver con Kosovo. España ha estado y va a estar a su lado”. Según Sánchez, “la declaración de independencia de Kosovo viola el derecho internacional”. Ante el líder serbio no hubo alusiones a la guerra en Ucrania.

Apoya, sin embargo, los esfuerzos de mediación de la UE. En los mismos términos se ha manifestado ante el primer ministro de Albania, Edi Rama, claro defensor de Kosovo. 

España, al tener abierta la interlocución con Belgrado, podría haber desempeñado un papel mediador con Pristina»

ruth ferrero-turrión

“España, al tener abierta la interlocución con Belgrado, podría haber desempeñado un papel mediador con Pristina, especialmente con vistas a su semestre de presidencia, en la segunda mitad de 2023. Puede perderse una oportunidad. España debería recupera el papel de liderazgo que hubo a principios de los 90, con Carlos Westendorp, ya que la distancia geográfica permitía la interlocución con diversos actores”, señala Ruth Ferrero-Turrión. Precisamente Sánchez fue jefe de gabinete de Westendorp, cuando ocupó el cargo de enviado de la ONU para Bosnia.

Sin embargo, la declaración unilateral de independencia de Cataluña de 2017 llevó a España a fortalecer su rechazo a reconocer la independencia de Kosovo. Otros cuatro países de la UE están en la misma posición que España: Eslovaquia, Grecia, Rumanía y Chipre. La Unión Europea intenta desempeñar un papel de mediación, en el que está muy empeñado el Alto Representante de Política Exterior, Josep Borrell, que quiso desplazarse cuanto antes a los Balcanes cuando accedió al cargo. 

Los Balcanes se han visto relegados en sus aspiraciones de ingreso en la Unión Europea. En el caso de Serbia y Kosovo esto lleva a que la influencia de Rusia es cada vez mayor en Belgrado y la estadounidense en Pristina. “En los Balcanes se vive de forma muy dramática el hecho de que otros como Ucrania o Moldavia hayan tomado la delantera. Es un error de la UE porque la seguridad de Europa está en juego allí también”, concluye Ruth Ferrero-Turrión. 

De momento, serbios y kosovares han ganado tiempo para solventar la crisis de las matrículas. Pero es apenas un mes. El problema es que el contexto internacional es frágil, y en la zona actúan EEUU y Rusia a través de proxys. En teoría no les interesa otro foco de conflictos. Pero nadie veía una opción lógica la invasión rusa de Ucrania.