«Atención. Este es un mensaje urgente de la administración de la región de Jersón. Estimados residentes de la región de Jersón. El gobierno de Kiev está preparando un ataque masivo contra edificios residenciales y bienes civiles. Pedimos a todos los residentes que abandonen la ciudad rápidamente. Habrá autobuses en Rechport y llama a este número…». Cientos de voluntarios del gobierno prororruso de la región de Jersón urgen a la evacuación atizando el miedo al avance de las tropas ucranianas. Desde el gobierno de Kiev el jefe de la oficina presidencial, Andriy Yermak, acusa al Kremlin de asustar a los ciudadanos con «falsas informaciones de bombardeos contra la ciudad». El jefe de la Administración Militar de Jersón, Yaroslav Yanushevich, insiste en este mensaje a través de su canal de Telegram: «No dejéis que el malvado imperio se esconda detrás de vosotros».

El objetivo del Ejército ruso es que salgan de la margen derecha del río Dnipro unas 60.000 personas en los próximos seis días, según ha explicado el gobernador prorruso, Vladimir Saldo, quien ha advertido en los medios rusos que Ucrania prepara una «ofensiva gigantesca» y que será inminente.

Jersón es una de las regiones anexionadas tras los simulacros de referéndum donde el líder ruso, Vladimir Putin, ha anunciado que se impone la ley marcial junto con Donetsk, Lugansk y Zaporiya. Implica restricciones de movimiento, requisa de territorios, limitación de derechos… La ley otorga amplios poderes de emergencia a los jefes prorrusos de esas regiones. El decreto del Kremlin también impone la «movilización económica» en seis regiones fronterizas con Crimea, además de Crimea y Sebastopol. Se limita la libertad de entrar y salir de estas ocho regiones. Aún no se cierran las fronteras internacionales. Todavía. En suma, da luz verde a los gobernadores en caso de ataques, movilizaciones forzosas o resistencia, y para enfocalizar la economía a la guerra.

El propio comandante en jefe de las fuerzas rusas en Ucrania, general Serguei Surovikin, ha reconocido a la televisión pública rusa que la situación es «muy tensa» en la región de Jersón. Por ello, justifican lo que llaman la evacuación, que para el gobierno de Kiev es una deportación encubierta. Son los representantes del Frente Popular, leales al gobierno prorruso, los que realizan las llamadas. Especifican que los menores han de llevar su pasaporte y los niños su certificado de nacimiento.

El alcalde ucraniano de Melitopol, Ivan Fedorov, en la región de Zaporiya, ha calificado esta operación del Kremlin como «una nueva manifestación de genocidio en los territorios ocupados». Según cita Politico, Ivan Fedorov mantiene que Rusia está preparando una «deportación forzosa de toda una ciudad». En otras zonas de Ucrania bajo control ruso se han registrado deportaciones masivas similares.

Fedorov habla de genocidio, ya que según el derecho internacional humanitario, la deportación masiva forzada de personas se considera un crimen de guerra. Y en caso de niños es un genocidio, según la Convención sobre el Genocidio de 1948.

Las autoridades ucranianas en la región de Jersón mantienen que estas órdenes de evacuaciones hay que entenderlas en el contexto del reciente avance de las fuerzas leales al gobierno de Kiev y como parte de una campaña de desinformación. En su canal de Telegram, Yanushevich ha denunciado que los rusos quieren utilizar a los ucranianos «como escudos humanos». Ha asegurado que el ejército ucraniano utiliza armas de alta precisión y que su objetivo son las tropas enemigas, no la población civil.

El valor simbólico de Jersón

Desde Jersón, cuentan cómo los ocupantes rusos tratan de sembrar el miedo entre la población para que acepten su salida voluntariamente pero se prevé que pocos lo hagan así. La población de esta ciudad que se ha convertido en un símbolo para la Federación Rusa, ya que es la más importante de las que tomó después del 24 de febrero que aún está bajo su control, es en gran parte fiel al gobierno de Kiev. En la región, que da acceso a Crimea, está la presa de Nueva Kajovka.

Según el general retirado, Francisco Gan Pampols, «es un proyecto de evacuación en toda regla. Puede significar varias cosas. Deportación encubierta, utilización del entorno urbano para una defensa en población que es enormemente costosa en vidas y supone un grado de destrucción elevadísimo y, por último una política de tierra quemada atribuyendo su autoría a Ucrania».

Los movimientos del Kremlin, tanto la evacuación de Jersón, como la ley marcial en las cuatro regiones anexionadas tras un referéndum farsa, así como las oleadas de bombardeos con drones de fabricación iraní sobre instalaciones energéticas, como las de esta madrugada del jueves, confirman que Ucrania lleva la delantera sobre el terreno y Rusia trata de que la población sucumba por el frío, o el temor a los ataques. A la vez recurre a las campañas de desinformación que maneja desde hace décadas a la perfección.

Sobre el avance militar ucraniano en la región de Jersón, el analista de seguridad y defensa Jesús M. Pérez Triana, apunta «si los ucranianos siguen como hasta ahora van a tener a tiro de su artillería convencional uno de los dos cruces del río Dnipro que les permite a los rusos suministrar a sus tropas». Con el cañón M777 y la munición de precisión Excalibur llegan a 40 km, y en el centro queda el estratégico puente de Nueva Kajovka.

«Los rusos están preocupados porque sus tropas en la orilla derecha del río Dnipro pueden quedar aisladas. Y por eso dicen que viven momentos difíciles y han pedido la evacuación de civiles», añade Pérez Triana.

También apunta el experto la posibilidad de que el general Surovikin «haya calculado que no merece la pena luchar por el territorio al otro lado del río y es más fácil defender la margen izquierda».

El caso es que también subraya cómo en Jersón hay muchos leales al gobierno de Kiev que esperan la liberación. «No sé quién querría que los lleven a territorio controlado por Rusia, salvo los colaboracionistas».

Jersón tiene relevancia como símbolo para la Federación Rusa, pero la zona de Nueva Kajavka, desde donde se suministra agua a Crimea, tiene mayor relevancia estratégica. En todo caso, Jersón tiene más de 280.000 habitantes y si los rusos van a defenderla será una batalla épica como la Mariúpol.

Hay una narrativa del Kremlin que responde a los movimientos de este miércoles. Para el gobierno de Kiev, el Kremlin está poniendo en marcha una provocación planificada. En declaraciones al Financial Times, Serhiy Kuzan, asesor del Ministerio de Defensa, concluye: «Es una operación de cobertura informativa. Va a ocurrir algo de lo que van a culpar a Ucrania». En este contexto, el ministro británico de Defensa, Ben Wallace, acaba de viajar por sorpresa a Washington, convocado a reuniones sobre la evolución de la guerra en Ucrania.

El general Surovikin, con un pasado de crímenes contra la humanidad en Chechenia y Siria, acaba de asumir el mando tras los continuados fracasos de la Federación Rusa en Ucrania y algo debe de tener en mente. Desde que está en el cargo Rusia ha intensificado sus bombardeos en ciudades con el objetivo de dejar sin electricidad ni agua a la población. Han resultado dañados un 30% de las centrales eléctricas. Y en el sur de Ucrania, donde se ubica la región de Jersón, es capaz de combinar las deportaciones con ataques masivos. Y recurrir a armas químicas o nucleares. Las masacres en Alepo y en Idlib figuran en su curriculum.