Sergio Moro (Maringá, 1972) acaba de ser elegido senador en Paraná, su estado natal, en la primera vuelta de las elecciones en Brasil. Moro se ha presentado como independiente. Antes intentó una tercera vía a la Presidencia, una alternativa entre el presidente Jair Mesías Bolsonaro y el ex mandatario Lula da Silva, pero sin éxito. Moro fue el juez de la Operación Lava Jato, la mayor ofensiva anticorrupción de la historia del país, quien condenó al ex presidente Inácio Lula da Silva por corrupción pasiva y lavado de dinero a nueve años de cárcel en julio de 2017. Por esta razón es la bestia negra de Lula y de los petistas. Lula, que no pudo competir en las presidenciales de 2018, pasó 580 días en la cárcel hasta que el Tribunal Supremo Federal anuló la decisión y consideró parcial la actuación del juez Moro. En vísperas de la votación, Lula ha logrado que el presidente del Supremo, Alexandre de Moraes, inste a la emisora Jovem Pan a reconocer su inocencia. El ahora senador Moro asegura que la decisión del Supremo fue de “carácter político” y sigue considerando a Lula como “un corrupto que no debería estar en la carrera por la Presidencia”. Moro, que fue ministro de Justicia con Bolsonaro entre enero de 2019 y abril de 2020, ha pedido el voto por el actual presidente en segunda vuelta para evitar que Lula vuelva al Palacio de Planalto. Aunque dejó el gobierno por discrepar con Bolsonaro por su falta de cumplimiento con el programa contra la corrupción, no duda que lo peor que le podría pasar a Brasil sería que Lula ganara el domingo. 

Pregunta.- ¿Hasta qué punto afecta la polarización que vive Brasil a la legitimidad institucional?

Respuesta.- La polarización perjudica al país. Es perniciosa. Por eso luché por una alternativa, por lo que llamamos una tercera vía. Pero esas candidaturas no prosperaron. Por eso me presenté pero sin éxito, como otras, que al final no salieron adelante. De esta manera, hemos llegado a la segunda vuelta entre el ex presidente Lula y el actual presidente Bolsonaro. Y hay que elegir. Lo ideal sería que no tuviéramos esta polarización. 

P.- ¿Por qué no funciona la tercera vía en Brasil? 

R.- Mi percepción es que falta apoyo del mundo político y de la sociedad civil para que una candidatura de una tercera vía sea viable. Mi candidatura tenía unas buenas perspectivas con sondeos favorables. Pero no se mantuvo el apoyo en el tiempo y por eso opté por presentarme al Senado. El hecho de que haya dos candidatos como el presidente Bolsonaro y el ex presidente Lula no ayuda a que se abra paso otra opción. Y puede que influya el contexto global, y local, que favorece el radicalismo. Así es difícil que tenga opciones una candidatura más moderada. 

P.- Brasil es el tercer productor de alimentos del mundo pero hay 33 millones de personas que pasan hambre. ¿A qué atribuye esta crisis social? ¿Qué responsabilidad tiene el actual presidente Bolsonaro?

Mi compromiso como senador es retomar la agenda de reformas para dinamizar nuestra economía y que Brasil sea un país más justo»

R.- Brasil ha pasado por un periodo difícil por la pandemia, como el resto del mundo. También la guerra de Ucrania. Pero la economía de Brasil es muy fuerte y se está recuperando. Ha disminuido la inflación. Lo que es necesario, y es mi compromiso como senador, es retomar la agenda de reformas importantes para dinamizar nuestra economía y que Brasil sea un país más justo. Hemos de emprender una reforma del sistema fiscal, del gobierno administrativo o la reforma de la Justicia. Es cierto que el próximo año también nos plantará un desafío por la desaceleración de la UE, EEUU y de la propia China. Espero que Brasil pueda evolucionar bien y así retomar la agenda de reformas. 

P.- ¿Considera que esa agenda de reformas puede llevarse a cabo con Bolsonaro?

R.- Lula se ha declarado expresamente contra algunas reformas. Por ejemplo, la reforma laboral de 2017 que dinamizó el mercado laboral brasileño, luego modificó esas declaraciones.Y está contra las privatizaciones. El PT, el partido de Lula, tiene una agenda económica de los años 80, vinculada a la intervención del Estado en la economía y dejando de lado la responsabilidad fiscal como vimos en el último gobierno del PT con la presidenta Dilma Rousseff. Esas reformas se podrían aplicar más fácilmente en un nuevo mandato de Bolsonaro, aunque soy crítico con el actual presidente porque debería haberlas aplicado y dinamizado, pero no se manifesta en contra como Lula. 

P.- Pero el Lula de 2022 no es el mismo que de sus otros dos mandatos. Ha logrado una plataforma con apoyo de sectores moderados y de empresarios. Su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, simboliza ese giro. 

R.- Vería una evolución en el caso de Lula y del Partido de los Trabajadores si asumieran su responsabilidad en los grandes escándalos de corrupción de su época en el gobierno. No veo ese mea culpa, esa asunción de responsabilidades.Vemos un negacionismo en relación a esos hechos, con lo que me resulta difícil ver que haya un auténtico cambio. Claro que habrá que esperar al resultado de las elecciones pero no soy muy optimista de que haya cambios reales.    

P.- Usted se ha decantado en segunda vuelta por Bolsonaro, a pesar de que fue su ministro de Justicia y acabó dimitiendo. ¿Le decepcionó Bolsonaro?

No veo a Lula como una alternativa democrática en el Brasil de este momento. Si gana, lo respetaré, pero creo que es una opción inaceptable y lo combatiré en las urnas»

R.- Fui ministro de Justicia y dejé el gobierno por mis divergencias por ejemplo en el combate contra la corrupción. Bolsonaro lo dejó de lado. En segunda vuelta hay que decantarse entre dos candidatos. Y Lula es un símbolo de la impunidad. Fue condenado por varias instancias judiciales, al menos por nueve jueces en diferentes instancias. En Brasil tuvimos grandes escándalos de corrupción. En mi visión, la democracia exige integridad, honestidad y combate permanente contra la corrupción. Por tanto no veo a Lula como una alternativa democrática en el Brasil de este momento. Si gana, y espero que no sea así, lo respetaré pero tengo la necesidad de decantarme en segunda vuelta. Y aunque tengo mis importantes discrepancias con el presidente Bolsonaro, entiendo que Lula es una opción inaceptable y que debe ser combatida, por supuesto, con instrumentos democráticos, con la votación en las urnas.

P.- ¿Qué es lo que menos le gusta de Bolsonaro?

R.- Ingresé en el gobierno, yo que era juez, por la agenda contra la corrupción y la seguridad pública. Y lo dejé en 2020. Yo creía que había que adoptar medidas más contundentes para combatir la corrupción, que es un flagelo no sólo en Brasil, sino en toda América Latina. Por la corrupción sufrimos del debilitamiento de la confianza en la democracia, así como dificultades económicas.  Tuvimos un capitalismo de amiguetes y eso frena el crecimiento, la competencia entre las empresas. Mi apoyo ahora es un apoyo crítico, y se basa principalmente en que estoy en contra de la candidatura de Lula.  

P.- El Tribunal Supremo de Brasil anuló la condena a Lula y subrayó que usted había actuado con parcialidad. ¿Cómo interpreta esa decisión del Supremo? ¿Respeta esa decisión?

La decisión del Supremo sobre Lula fue política. Faltan hechos objetivos para afirmar que hubo persecución. La sentencia fue ratificada por varios jueces… Fue un error del Supremo»

R.- Con el debido respeto al Tribunal Supremo, fue una decisión política. Es una decisión política basada en un error judicial.  Nunca hubo persecución del ex presidente. Faltan hechos objetivos para poder afirmar que hubo algún tipo de persecución. He de destacar que la sentencia del ex presidente Lula fue confirmada en apelación por tres jueces de Porto Alegre. Luego por otros cinco jueces en un tribunal de Brasilia y el propio Tribunal Supremo autorizó la detención del ex presidente Lula en marzo de 2018. Tres años más tarde, el Supremo anula la decisión sin decir que Lula es inocente o que había pruebas fraudulentas. Sinceramente, no veo donde estuvo el sesgo. Lo que justifica la anulación de la sentencia sería ese sesgo, cuando la sentencia había sido confirmada en otras instancias. Así que, por supuesto, respetamos las expresiones de justicia. Hay que respetar las decisiones judiciales, pero esta decisión del Tribunal Supremo ha sido un gran error.

P.- Esa condena a Lula le impidió competir en las elecciones de 2018 contra Bolsonaro y usted aceptó el Ministerio de Justicia que le ofreció Bolsonaro en enero de 2019. ¿Cree que fue una equivocación aceptar un puesto en ese gobierno?

R.- Eso son teorías de la conspiración. Lula fue condenado por los crímenes que fueron objeto del proceso por Petrobrás. Gracias a las investigaciones de la Operación Lava Jato, se recuperaron 6.000 millones de reales, unos mil millones de dólares, devueltos por los delincuentes o confiscados. Había un escándalo de corrupción real. Y la corrupción estaba vinculada a un proyecto de poder durante el gobierno de Lula y del PT. La sentencia se anunció a mediados de 2017, lejos de la elección presidencial, cuando ni siquiera yo conocía al candidato Bolsonaro. Lo que sí existe a menudo son teorías conspirativas, pero no tienen ninguna base fáctica.

P.- Usted volvería a aceptar ese puesto de ministro. 

R.- Sí, lo hice por el compromiso de lucha contra la corrupción. Cuando me di cuenta de que no iba a tener prioridad esta agenda, dejé el gobierno. Si hubiera dictado esa sentencia para ser ministro, seguiría siéndolo ahora. 

P.- Usted ha optado por seguir en política. ¿Por qué? ¿Cree que podrá combatir la corrupción como senador más que como juez?

Estoy en contra de que los políticos tengan beneficios procesales y voy a trabajar por derogarlos. Al contrario que el PT, que quiere mantenerlos»

R.- La idea era ser un senador monotemático que solo se ocupara de la corrupción. Por ello, queremos abordar esta agenda de reformas modernizadoras del sistema fiscal, la reforma administrativa. Todo ello para fomentar el desarrollo económico y una mayor generación de ingresos y empleo y reducir la desigualdad social en Brasil. Lo que esperábamos, cuando se revelaron todos esos escándalos de corrupción, es que el sistema político se reformara para que esos escándalos dejaran de producirse. Pero lo que vimos fue básicamente lo contrario. El sistema político adoptó medidas para evitar que se siguiera investigando, para evitar que se descubriera la corrupción. Así que es necesario utilizar los instrumentos políticos necesarios. Hay que levantar de nuevo la bandera política de la lucha contra la corrupción y otras para que podamos avanzar en este ámbito. Por eso decidí este año presentarme como candidato al Senado y fui elegido sin apoyo de Bolsonaro, ni de Lula, como independiente. 

P.- Hay voces que sospechan que usted busca la inmunidad en caso de procesamiento por lawfare. 

R.- Estoy en contra de cualquier privilegio procesal y voy a trabajar para que derogarlo, al contrario que el PT que lo quiere mantener. 

P.- Usted se ha acercado a Bolsonaro, incluso en uno de los debates estuvo hablando con él, frente a Lula. ¿Realmente cree que será mejor para Brasil que siga Bolsonaro o le parece la opción menos mala?

R.- He dado mi apoyo crítico a Bolsonaro contra el proyecto del PT y de Lula. Sería una tragedia moral para el país colocar en la Presidencia a quien ha estado en el gobierno durante los escándalos de corrupción. No podemos construir una gran economía y una gran democracia sin honestidad e integridad. Además, desde el punto de vista económico, el programa del PT está desfasado. Vemos lo que ocurre en nuestra vecina Argentina, donde el actual gobierno es muy parecido a lo que propone el PT, al menos en las directrices económicas. Y en ese país hay una inflación de más del 60% anual. Nunca antes tantos argentinos estuvieron por debajo del umbral de la pobreza y me temo que en un eventual retorno del PT y de Lula al poder, el camino de la economía que se adopte será igualmente equivocado. Así que tendríamos no solo una tragedia moral, sino una tragedia económica para Brasil. Por supuesto, como senador, si finalmente Lula es elegido, estaré en la oposición.

P.- Y si gana Bolsonaro, ¿colaborará con él?

R.- En ambos casos actuaré como independiente. Pero, al menos en la agenda económica, con respecto a la apertura de la economía y la necesidad de hacer reformas modernizadoras, tengo más convergencia con el pensamiento del gobierno de Bolsonaro. Por supuesto, seré crítico en cuestiones como la lucha contra la corrupción y la protección del medio ambiente.

P.- No se ve de nuevo en el gobierno de Bolsonaro. 

R.- No, de ninguna manera. Seré senador independiente. 

P.- Matthew Stephenson, profesor de la Escuela de Derecho de Harvard, asegura que apoyar a Bolsonaro es “un gigantesco error moral”. ¿Usted no cree que el respaldo a Bolsonaro plantea problemas éticos, como este experto en leyes a quien conoce? 

R.- La cuestión es que hay dos posibilidades en la segunda vuelta y hay que elegir. He luchado para que hubiera una tercera vía. Por ello hay que decantarse y por más que tengo divergencias con Bolsonaro, Lula es una alternativa peor. 

P.- ¿Usted resaltaría algo positivo que Lula hiciera en sus dos mandatos, entre 2003 y 2010?

R.- Todo lo que hizo Lula positivo quedó comprometido por los escándalos de corrupción de su gobierno. Por eso me resulta muy difícil hacer un juicio favorable. 

P.- Pero reconocería que combatió la desigualdad, por ejemplo.

R.- Combatió la desigualdad y creó beneficios de transferencia de renta que se mantienen y han sido ampliados por el actual gobierno. Pero después de los gobiernos del PT vino la recesión y millones de brasileños cayeron en el desempleo y muchos con ingresos por debajo del umbral de la pobreza. Por lo tanto, lo que hay que evaluar en cada gobierno es lo que planea para el futuro, no solo lo que sucede durante el curso del gobierno. Durante el período del gobierno de Lula, vivimos el boom de las materias primas, lo que favoreció enormemente las transacciones comerciales de Brasil, pero se abandonaron aquellas agendas de reforma que son esenciales para fomentar un crecimiento duradero y, con este crecimiento duradero, una lucha más estructural no sólo contra el desempleo sino también contra la desigualdad social. 

P.- ¿Usted tiene algo personal contra Lula?

No tengo nada personal contra Lula. Hice mi trabajo como juez. Apliqué la ley. Decretamos el encarcelamiento de Lula pero también de políticos de la oposición como Eduardo Cunha, del PMDB»

R.- No tengo nada personal. Hice mi trabajo como juez, apliqué la ley. Los jueces evaluamos las pruebas y condenamos. Decretamos el encarcelamiento de políticos como Lula, del PT, pero también de políticos de la oposición, como Eduardo Cunha, que era del PMDB y fue el presidente de la Cámara que lideró el impeachment de la ex presidenta Dilma. El hecho es que en la Operación Lava Jato se descubrió un sistema de corrupción estructurado durante el gobierno de Lula y que abarcó varios partidos políticos. Simplemente cumplí con mi deber. Ahora, con mi historial anticorrupción, no estoy de acuerdo, en el ámbito de la divergencia democrática, que la Presidencia de la República sea ocupada por alguien que ha sido condenado penalmente como Lula. Y, en mi opinión, se benefició de una decisión política. Una decisión equivocada del Tribunal Supremo de Brasil.

P.- Pero Bolsonaro también es sospechoso de favorecer a sus hijos, de aprovecharse del presupuesto secreto para lograr apoyos…  

R.– Como mencioné, tengo mis diferencias en relación a Bolsonaro y dentro del Congreso lucharé por agendas como el fin de los privilegios procesales para los políticos brasileños. Defenderé la autonomía de las instituciones de control. En la segunda vuelta, sin embargo, hay que elegir y no hay nada comparable a la corrupción que se produjo durante los gobiernos del PT.

P.- El presidente Bolsonaro ha sido muy crítico con las instituciones y ha expresado su admiración por la dictadura y cuenta con aliados como Trump o Putin. ¿No teme una deriva autoritaria si continúa cuatro años más? 

Lula y el PT no se cansan de elogiar a la dictadura más antigua de América Latina, que es Cuba, además de tener socios como Maduro y Ortega»

R.- Lula y el PT no se cansan de elogiar a la dictadura más antigua de América Latina, que es Cuba, además de tener socios como Nicolás Maduro, que ha destruido a Venezuela, y el nicaragüense Daniel Ortega. Incluso estuvo en Alemania de visita y se deshizo en elogios hacia Ortega. Cuando se le preguntó. Incluso hizo una comparación inapropiada con Angela Merkel, diciendo que Ortega lleva 16 años el mismo tiempo que estuvo Angela Merkel y no se dice que Merkel sea una dictadora. Por lo tanto, ambos tienen vulnerabilidades cuando se trata de este tema. Pero, insisto, la democracia brasileña es sólida y estaré en el Senado también como guardián de la República.

P.- Desde Europa hay temor a que Bolsonaro ponga en peligro la democracia en Brasil.

R.- La democracia brasileña es sólida y resistirá cualquier dificultad. Lo que me sorprende es tener esta opinión en relación con el presidente Bolsonaro y no hacer la misma crítica en relación con el candidato Lula, que ya ha demostrado que durante su gobierno promovió una verdadera corrupción en la democracia. Tuvimos escándalos como el del mensalão, que fue juzgado por el Tribunal Supremo, en el que se afirma que hubo una trama de sobornos para comprar votos de diputados para favorecer al gobierno federal.  Un ex presidente que alaba a los regímenes dictatoriales que hablan de control social de la prensa.  Me sorprende un poco esta diferencia de trato. En cualquier caso, las instituciones brasileñas estarán atentas a lo que ocurriera en el futuro.

P.- ¿Cree que Bolsonaro aceptará la derrota si ese es el resultado de las urnas? Ha puesto en cuestión el sistema electoral con el voto electrónico. Lula no lo ha hecho. 

R.- Ambos aceptarán lo que se decida en las urnas. Vamos a esperar el resultado. Los dos deben aceptarlo.

P.- ¿Cómo ve Brasil dentro de cinco años si gana Bolsonaro o si gana Lula? 

R.-  Es difícil el pronóstico, pero en mi opinión, a pesar de los problemas políticos, Brasil tiene una economía robusta. Somos uno de los mayores productores de alimentos del mundo, un país exportador. Muchos describen a Brasil como el granero del mundo, lo que revela la productividad de nuestra economía. Necesitamos adoptar una serie de reformas modernizadoras para impulsar el resto de nuestra economía, especialmente el sector industrial, y fomentar la innovación tecnológica. Tenemos que tratar de abrirnos a más mercados extranjeros. El punto clave sería la ratificación del tratado entre el Mercosur y la Unión Europea. Favorecería a ambos bloques. Y vemos muchas críticas de la Unión Europea al acercamiento de Brasil a países como China, por ejemplo. Pero si no se tienen oportunidades de mercado e inversión en la Unión Europea, es natural que se busquen también en otros lugares. Así que, en mi opinión, sería importante profundizar e intensificar las relaciones culturales y económicas entre Brasil, y América Latina, con la Unión Europea. Brasil es un país destinado a salir adelante, tiene una población creativa y trabajadora y estas cuestiones políticas, aunque nos traigan dificultades temporales, se resolverán. También tenemos un gran apego a nuestras libertades y a la democracia. Así que a pesar de que haya cierta preocupación, nuestras instituciones son sólidas.

P.- Brasil progresará sea Lula o Bolsonaro el presidente. 

R.- Brasil es persistente, por encima de todo. Somos un pueblo que supera las dificultades. Conseguirlo no solo depende de quién sea el presidente sino también de otras instituciones y de la sociedad civil. 

P.- ¿Le gustaría ser presidente de Brasil en el futuro?
R.- No, voy a cumplir mi tarea como senador los próximos ochos años.