Estados Unidos

EEUU: primeros compases de la carrera presidencial de 2024

El paseo triunfal a la nominación al que aspiraba Donald Trump se ha complicado mientras el presidente Joe Biden logra resultados mejores de los esperados

Donald Trump junto a su esposa Melania tras votar en Florida

El ex presidente Donald Trump y su esposa Melania votan en Palm Beach. EFE

Apenas hace unos días de la noche electoral, no tenemos resultados definitivos y el Senado acaba de decantarse hacia los demócratas con la victoria en Nevada. Incluso pueden lograr también Georgia en la segunda vuelta el 6 de diciembre. A pesar de la incertidumbre, podemos apuntalar certezas en el escenario político y fracturas, sobre todo, en el lado republicano. No habrá muro rojo, en alusión al color del partido, y las consecuencias no se han hecho esperar. El paseo triunfal al que aspiraba el ex presidente Donald Trump para preparar su nominación la próxima semana se trufa de problemas y voces disidentes. Porque en la vida política, siete días representan una eternidad.

Leyendo las encuestas post-electorales y cruzando los datos con las portadas de los medios conservadores (Fox News) o trumpistas (The New York Post), la euforia del trumpismo ha decaído. El propio presidente Joe Biden apuntaba que los resultados han sido mejores de lo esperado. Al final, a pesar de la mala coyuntura económica y los bajos niveles de popularidad, estas elecciones de medio término pasarán a la historia reciente como una de las menos decepcionantes para el incumbente de la Casa Blanca. Extraigo otras conclusiones para la carrera presidencial, que comenzó el 8 de noviembre.

Los candidatos importan. El trumpismo ha colonizado el partido y ocupa los resortes del poder (selección de candidatos, financiación de campañas, ejes discursivos), lo que genera problemas de organización y ejecución. La noche fue aciaga con fracasos sonados. Mehmet Öz (Pensilvania) no arrebató el asiento en el Senado a John Fetterman, a pesar de su campaña basada en televisión, espectáculo y declaraciones fuera de tono. Blake Masters (Arizona) perdió por una notable diferencia de seis puntos. También ha perdido Adam Laxalt en Nevada. Y, en Georgia, Herschel Walker tendrá que ir al desempate.

En el Senado, JD Vance (Ohio) habló del «equipo republicano», pero olvidó mencionar a Trump. En la lucha por tres Estados clave, Kari Lake (Arizona), Doug Mastriano (Pensilvania) y Lee Zeldin (New York) los republicanos quedaron lejos de sus rivales, a pesar del ruido mediático. En suma, el trumpismo sin Trump no funciona. Veremos si el propio ex presidente tiene el tirón esperado en las primarias republicanas. A menudo, conviene recordar un básico: sólo se puede ser un maverick de la política en una ocasión. Su relato anti establishment necesita una revisión profunda.

El 53% de las mujeres jóvenes han apostado por candidatos demócratas en las dos cámaras, la gobernación y cargos oficiales»

Las mujeres votan. La decisión del Tribunal Supremo para revisar Roe vs Wade ha generado un estado de opinión favorable a las tesis demócratas. Se sostiene que la Corte es conservadora y retira derechos ya consolidados tras casi 50 años de dictamen. Las mujeres jóvenes se han rebelado y han depositado su voto en una misma dirección. El 53% de ellas han apostado por candidatos demócratas en las dos Cámaras, la gobernación y los cargos oficiales. Han sumado a las votantes autoclasificadas como independientes y han doblado el apoyo entre las menores de 30 años. Se han movilizado en los referendos de cada Estado (California, Vermont, Michigan y los más tradicionalistas Montana o Kentucky). Esta fuerza es el cimiento de la vuelta del muro azul a Michigan y Pensilvania, tras los decepcionantes resultados de 2018 y las presidenciales de 2016. 

Las minorías son cada vez más republicanas. Nos gusta leer que los afroamericanos, los asiáticos y los hispanos son votantes demócratas y que su peso creciente proporcionará una mayoría permanente. Aún estas elecciones han dado su apoyo a los azules. Las encuestas a pie de urna, sin embargo, apuntan a que estas minorías no son homogéneas y su comportamiento incluye variables de clase, educación o ubicación geográfica. Su agenda de preocupaciones no difiere (sanidad, aborto, educación), mientras que su matriz de valores se alinea con los principios republicanos clásicos. Es parte de la receta de éxito del gobernador Ron deSantis, que ha conjugado mensajes trumpistas (COVID-19, cambio climático) con la defensa de los valores de la familia, claves presentes en la reelección de Marco Rubio como senador. Con el apoyo de la diáspora cubana, venezolana y colombiana, el estado de Florida ha dejado de ser un swing state para consolidarse como caladero republicano. Ahí están los primeros 29 representantes del colegio electoral de las presidenciales de 2024.

El plebiscito. El presidente Biden ha liderado una campaña electoral basada en los derechos de las mujeres, las campañas sociales (estudiantes, ayudas, voto de las minorías) y el futuro de la democracia. El ex presidente Obama clavó el mensaje en su discurso de Filadelfia: la democracia está en las urnas y no puede darse por garantizada. El 44% de los votantes apeló a esta preocupación en las encuestas a pie de urna publicadas por AP Vote Cast. Cabe apuntar que la participación de Trump en los últimos días de campaña facilitó la estrategia discursiva. Su afán polarizador (mención recurrente a los RINO, Republicans in Name Only, como votantes blandos), la difusión de teorías conspiranoicas sobre las elecciones de 2020 (Big Lie, Stolen Elections) o su apoyo a candidatos que abogaban por descertificar el colegio electoral alimentaron el relato de una campaña binaria: o trumpismo y pensamiento ultraMAGA, o democracia e instituciones.

Si Trump consigue la nominación, Biden irá a la carrera. Si no, el universo demócrata se abre a más perfiles»

La incógnita de la reelección. Por primera vez, el debate sobre la continuidad del presidente Biden en un segundo mandato aparece en la conversación pública. Su deterioro físico es notable. No se da importancia a sus despistes, pero sí a los 81 años que tendrá en noviembre de 2024. Él mismo ha anunciado que pensará su futuro y lo comunicará en enero. Yo apunto que es pronto y que su futuro está ligado al trumpismo. Si Trump consigue la nominación – asunto que hoy veo más complicado que hace siete días-, Biden irá a la carrera. Si no, el universo demócrata se abre a más perfiles, no solo a la propia vicepresidenta Kamala Harris.

En síntesis, se inauguran dos años emocionantes con nuevos sectores sociodemográficos movilizados, con un agenda nacional repleta de contradicciones (Medicaid, marihuana, derecho al aborto, cancelación de la deuda estudiantil, infraestructuras) y un panorama internacional expectante (Chips Act, China-Taiwán, Rusia-Ucrania). ¡Bienvenidos al espectáculo de las presidenciales 2024!


Juan Luis Manfredi es catedrático Príncipe de Asturias (Georgetown University). @juanmanfredi

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