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España teme que Francia le quite protagonismo en Venezuela y por ello nombra embajador ahora

El Gobierno se desmarca de la mayoría de los socios europeos que siguen estando representados con encargados de negocios

José Manuel Albares, ministro español de Exteriores

El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, en una rueda de prensa reciente. EFE

El Gobierno de España acaba de elevar el rango de Ramón Santos Martínez (Madrid, 1955) de encargado de negocios a embajador en Venezuela. Con esta iniciativa, adoptada el martes en el Consejo de Ministros, se ha desmarcado de otros países europeos, y de la propia Unión Europea, que mantienen a su jefe de misión como encargado de negocios. El Ministerio español de Exteriores teme que Francia, que ya cuenta con un embajador muy activo en Caracas, Romain Nadal, y con un presidente, Emmanuel Macron, volcado con las negociaciones entre gobierno y oposición, le quite protagonismo ahora que se inicia una nueva etapa en el país con vistas a las elecciones presidenciales de 2024.

En noviembre de 2020 España retiró a su embajador, Jesús Silva, quien había sido anfitrión del disidente Leopoldo López durante 18 meses, por las fraudulentas elecciones parlamentarias de ese año. Quedó a cargo de la misión Juan Fernández Trigo, quien en 2021 fue nombrado secretario de Estado para Iberoamérica y el Caribe. Le reemplazó Ramón Santos, también como encargado de negocios.

El único país que sí ha designado embajador en Venezuela después de las fraudulentas elecciones presidenciales de 2018 ha sido Portugal. Joao Pedro de Vasconcelos Fins, que presentó sus cartas credenciales ante Maduro el pasado 30 de mayo. La televisión oficialista cubrió el acto como un gesto simbólico de apoyo al chavismo.

Emmanuel Macron aprovechó el 11 de noviembre el Foro París por la Paz para emprender una ofensiva diplomática, con el respaldo del presidente colombiano, Gustavo Petro, y el argentino, Alberto Fernández, que desembocó en la celebración de negociaciones en México a finales de ese mes. La llegada de Petro al poder en Colombia hizo que diera un giro de 180 grados la relación de Bogotá y Caracas. El intento anterior, amparado por EEUU, fracasaron en octubre de 2021, cuando Washington logró la extradición de Alex Saab, considerado testaferro de Maduro.

En realidad en París se escenificó un impulso al proceso, ya que las conversaciones se habían fraguado en Venezuela desde tiempo antes, pero Macron logró estar en el foco. El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, logró encontrarse en aquel momento con Jorge Rodríguez, hombre fuerte del chavismo, y con el opositor Gerardo Blyde, en París, en un intento por mostrar que España no se resigna a quedar fuera de juego.

«Francia y Portugal cuentan con embajador en Venezuela y España no puede ser menos. No podemos quedarnos atrás», señalan fuentes diplomáticas españolas, que también justifican el paso dado por «las nuevas circunstancias en torno a las negociaciones de gobierno y oposición que aconsejan estar representados al máximo nivel». Y destacan que se haya empezado con un acuerdo humanitario, que repercutirá en el bienestar de la población. Pero no se han realizado consultas para promover un cambio coordinado.

Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Grecia, Italia o Polonia cuentan con encargados de negocios porque degradaron la representación al revelar a los anteriores embajadores. Incluso el Servicio Exterior de la Unión Europea cuenta con un jefe de delegación: el español Rafael Dochao, en el cargo desde septiembre de 2021. Es la fórmula habitual en diplomacia en países cuyo régimen no se reconoce como legítimo.

Su antecesora, la portuguesa Isabel Brilhante, fue declarada como persona non grata por el régimen chavista en febrero de 2021 y durante unos meses el puesto estuvo vacante. Bruselas respondió de la misma forma.

Tras este paso del gobierno español, que seguro que ha sido del agrado de Maduro, es previsible que se aplique el principio de reciprocidad y la jefa de misión en España, Coromoto Godoy Calderón, también adquiera el rango de embajadora.

España sigue sin reconocer la legitimidad de las elecciones presidenciales de 2018 en las que ganó fraudulentamente Maduro y es uno de los países de la UE que consideró a Juan Guaidó como presidente encargado. De hecho, en España cuenta con un representante personal, Antonio Ecarri, cuyo futuro político pende de un hilo una vez, ya que está ligado al de Guaidó.

El papel de España ha pasado de ser protagonista de lo que ocurría en Venezuela, cuando Leopoldo López se refugió en la legación diplomática española a cargo de Jesús Silva, a quedar de lado debido a los titubeos de la política exterior de nuestro país, que han hecho que ni la oposición ni el régimen se fíen del actual gobierno y prefieran a Francia, o incluso a Noruega o Países Bajos en caso de mediación.

España cuenta con unos 160.000 nacionales en Venezuela. Y miles de venezolanos se han establecido en nuestro país. A su vez, hay tres presos políticos hispanovenezolanos, en las cárceles de Maduro. Una de ellas, María Auxiliadora Delgado Tabosky, acaba de ser condenada a 30 años, acusada de traición a la patria, terrorismo y asociación para delinquir. En realidad, era su hermano el sospechoso pero logró huir a Florida.

En la embajada española en Caracas estuvo viviendo 18 meses Leopoldo López, de Voluntad Popular como Juan Guaidó, a quien impulsó desde la sombra para que asumiera el liderazgo político opositor, ya que él estaba en prisión. En octubre de 2020 logró salir de la legación y viajar a Madrid. Vive desde entonces en España.

La invasión rusa de Ucrania ha favorecido a Maduro, que ha logrado recuperar posiciones en la esfera internacional gracias a sus recursos petrolíferos. Es el segundo país en reservas de crudo. Estados Unidos, que está pendiente de que la Asamblea Nacional opositora decida sobre Guaidó, aún reconoce al presidente encargado, pero ha realizado gestos como permitir a Chevron volver a extraer crudo. La crisis energética ha hecho que el tablero internacional se dé la vuelta. Lejos queda aquella gira internacional de Juan Guaidó, en febrero de 2020, en la que fue recibido por los principales gobiernos del mundo.

El problema fundamental de Juan Guaidó es que ha perdido el favor de tres de los cuatro principales partidos que le brindaron su apoyo para ejercer como presidente encargado desde enero de 2019, cuando juramentó ante el pueblo. Maduro es un enemigo muy difícil que maneja los tiempo y cuenta con el respaldo del Ejército y la Inteligencia, instruida por los cubanos. Guaidó solo mantiene el respaldo de Voluntad Popular, su propio partido, y aunque se aferra a que su designación es constitucional, se da por hecho que su tiempo ha terminado.

La oposición está preparándose para las primarias con vistas a las elecciones presidenciales de 2024, si no se adelantan, a la vez que lo hace el régimen chavista. La división de la oposición favorece a Maduro, como también la coyuntura internacional, que hace que ahora le juzguen con ojos distintos, como si de la noche a la mañana hubiera renacido como demócrata en ciernes. Como suele reiterar el ex presidente del gobierno Felipe González, «Maduro nunca aceptará unas elecciones presidenciales en las que calcule que vaya a perder».

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