Internacional

El Supremo brasileño ordena desmantelar el campamento de bolsonaristas tras el fracaso del golpe

Más de 300 detenidos entre los manifestantes que destrozaron las sedes de los tres poderes en Brasilia

Varios policias antidisturbios reducen a manifestantes en Brasilia

Varios policías se enfrentan a seguidores del expresidente brasileño Jair Bolsonaro en Planalto. EFE

El Supremo Tribunal ha dicho «basta» a los bolsonaristas que llevaban acampados frente al Cuartel General del Ejército desde la derrota de su líder en las presidenciales. El magistrado Alexandre de Moraes ha ordenado que se desmantele el campamento después de que sus integrantes, unidos a otros miles de bolsonaristas, asaltaran las sedes de los tres poderes, el Congreso, la Presidencia y el Supremo Tribunal el domingo. «Nada justifica que se mantengan en pie estas acampadas», ha sentenciado Alexandre de Moraes. También las fuerzas de seguridad han de despejar cualquier vía o edificio en Brasil. Más de 300 personas han sido detenidas por este intento de golpe contra la democracia brasileña. Y como consecuencia del desalojo del campamento en Brasilia hay otro millar bajo custodia.

A su vez, ha apartado del poder durante 90 días al gobernador de Brasilia, el opositor Ibaneis Rocha, a quien se considera responsable del caos. Rocha pidió perdón a Lula por el descontrol. Los medios brasileños están de acuerdo en que era un asalto anunciado, debido a que los bolsonaristas en ningún momento ocultaron sus intenciones. La Policía Militar los dejó hacer, por lo que la Fiscalía General también ha procedido contra el jefe de la Seguridad en Brasilia, Anderson Torres, que se encuentra en Estados Unidos. Rocha destituyó a Torres antes de ser suspendido.

Con el fin de recuperar el control sobre las sedes de los poderes del país, ocupadas durante unas cinco horas por miles de bolsonaristas, Lula da Silva decretó la intervención federal, es decir, la fuerza nacional se hizo cargo de la situación. Todos los policías y militares en el Distrito Federal fueron movilizados. El decreto estará vigente hasta el 31 de enero. Lula aseguró en su primera intervención tras el asalto que «los vándalos fascistas» pagarían «por esta barbarie». Este lunes el presidente se reúne con las principales fuerzas políticas y con los gobernadores de toda ideología.

Tras su encuentro con la presidenta del Supremo, Rosa Weber, y el presidente del Senado en ejercicio, Veneziano Vital do Rêgo, y el Congreso, Arthur Lira (aliado de Bolsonaro), emitieron un comunicado de condena del asalto. «Rechazamos los actos terroristas, vandálicos, delictivos y golpistas». A la reunión se sumó el ministro de Defensa, José Múcio, y los altos cargos de las Fuerzas Armadas.

«Buscaremos a todos los responsables y quienes los hayan financiado», dijo Lula, que apuntó a la responsabilidad del expresidente Jair Mesías Bolsonaro, que se fue a Estados Unidos y así evitó asistir al traspaso de poder, que tuvo lugar el 1 de enero. «Todo el mundo sabe que hay varios discursos del ex presidente alentando esto. Es su responsabilidad y de los partidos que lo apoyaron», dijo en su cuenta de Twitter Lula da Silva.

Lula se refirió a la connivencia de muchos policías con los manifestantes. «Estaban guiando a los bárbaros. Quienes hayan participado no quedarán impunes». Calificó de inédito en la historia de Brasil lo sucedido el domingo 9 de enero en Brasilia. «Esto no tiene precedentes en la historia de Brasil», remarcó, una semana después de asumir el poder. Lula, que se encontraba en Araraqua, en el estado de Sao Paulo, por unas inundaciones, regresó urgentemente a Brasilia.

De este modo, el presidente brasileño y la Justicia han respondido con contundencia al desafío golpista de los bolsonaristas, que se niegan a aceptar la derrota de su líder. Miles de ellos irrumpieron en el Congreso, y en la sede de la Presidencia y el Supremo Tribunal ante la pasividad de la Policía Militar, que podía haber interrumpido su marcha. Rompieron fácilmente las barreras policiales. Incluso hay imágenes de policías haciéndose selfies mientras sucede el asalto.

Entraron como vándalos en los edificios, rompiendo los cristales y arrasando con todo lo que encontraron a su paso. Las imágenes reproducidas por los medios de comunicación brasileños son desoladoras. Destrozaron obras de arte, bancos, pantallas de televisión, en una acción vandálica inédita en Brasil. Evoca lo que ocurrió en el Capitolio el 6 de junio de 2021. El ministro de Comunicación, Paulo Pimienta, ha mostrado este lunes los daños en un video y en imágenes en sus redes sociales. «Es un caso lo que estos vándalos han hecho. Es el patrimonio del país. Es increíble lo que han hecho en el Palacio de Planalto».

Desde hace dos meses los bolsonaristas estaban acampados frente al Cuartel General del Ejército en Brasilia. Desde allí pedían un golpe contra Lula da Silva. El expresidente Bolsonaro, que guardó silencio durante horas, terminó escribiendo un tuit en el que no condenaba el asalto pero guardaba distancias. «Estas prácticas están fuera de la ley», ha dicho, pero las comparaba con las protestas de la izquierda en 2013 y 2017. Jamás habían llegado tan lejos en Brasil.

Un asalto al Capitolio a la brasileña

Las similitudes con el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 son muchas. Sin esa imagen difícilmente los bolsonaristas habrían llegado tan lejos. En el caso de Brasil, no había sesiones en ninguna de las Cámaras, ni en el Supremo Federal. Tampoco estaban en Planalto el presidente Lula da Silva. En Washington se celebraba una sesión decisiva en la que se confirmaba la elección del presidente Joe Biden, y Trump apelaba a que se suspendiera. La comisión de investigación del Congreso le ha considerado responsable de lo que sucedió aquella jornada aciaga.

La marcha y el asalto en Brasil fue a plena luz y con total pasividad de las fuerzas de seguridad. Era un acto previsible desde el momento en que se mantuvo la protesta y muchos habían advertido de lo que se planeaba, gestado y ejecutado a través de redes sociales. El ministro de Justicia, Julio Dinio, y el de Defensa, José Mucio, divergían sobre qué hacer con los acampados. El titular de Defensa creía que perderían fuerza e interés y por tanto era más arriesgado disolverlos. Al final se ha visto que no era lo más prudente.

A pesar de que Bolsonaro se ha desmarcado, su actitud desde que perdió por la mínima frente a Lula ha alentado a sus seguidores, que siguen creyendo que hubo fraude, en otro paralelismo con Trump y sus tesis conspiranoicas. En su última intervención antes de viajar a Estados Unidos, Bolsonaro dijo que el bolsonarismo salía fortalecido. Remarcó que había sido «víctima de una justicia electoral que no fue parcial». Su marcha a EEUU se explica porque hay varias causas judiciales contra él y contra su familia.

Sin embargo, desde el partido por el que se presentó, el Partido Liberal, condenaron el asalto a los tres poderes. Así lo hizo Valdemar Costa Neto, quien calificó de «vergüenza» lo sucedido. «No nos representa, y no representa a Bolsonaro», aseguró.

También fue crítico Sergio Moro, ex ministro de Justicia de Bolsonaro, y fiero opositor a Lula da Silva. «Las protestas han de ser pacíficas. Las invasiones de edificios públicos y la depredación no son la respuesta. La oposición ha de hacerse democráticamente, respetando la ley y las instituciones».

El rechazo de los bolsonaristas a aceptar la derrota de su líder, el expresidente Bolsonaro, ha llevado a que Brasil viva la mayor amenaza a la democracia desde el fin de la dictadura apenas una semana después de que asumiera el poder Lula da Silva. El presidente, que ha hecho una coalición amplia para poder gobernar, ha de lidiar con esa minoría ruidosa que está dispuesta a todo menos a respetar las reglas democráticas.

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