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Bolsonaro, en silencio, pierde la Presidencia, pero el bolsonarismo sigue allí

El Partido Liberal y sus aliados son los más fuertes en las dos Cámaras y 14 gobernadores de los 26 son afines

Jair Mesías Bolsonaro, presidente saliente de Brasil

El presidente saliente de Brasil, Jair Mesías Bolsonaro, con la camiseta de la selección. EUROPA PRESS

«Cuando Brasil despertó, el bolsonarismo todavía estaba allí». El microcuento de Augusto Monterroso tiene mil lecturas y da pie a parafrasearlo incluso a ritmo de bossa nova. Brasil ha amanecido con un nuevo presidente, Luis Inácio Lula da Silva, que a sus 77 años inaugurará su tercer mandato el próximo 1 de enero. Por primera vez el presidente ha perdido la reelección. Y también es inédito el silencio que ha guardado Jair Mesías Bolsonaro durante interminables horas. Con 58,2 millones de votos (49,1% de los votos), Bolsonaro ha perdido la Presidencia pero ha demostrado un respaldo popular que pocos se imaginaban después de cuatro años en el poder.

La victoria de Lula, con un 60,3 millones de votos (50,9%), es la más ajustada de la historia, pero como dijo el mismo Bolsonaro después del último debate entre los dos candidatos: «Quien tiene más votos es el que se lo lleva». Ha sido Lula da Silva, con 2,1 millones de votos más, gracias a haber articulado una alianza amplia, que incluye antiguos rivales como su número dos en la candidatura, Geraldo Alckim, y quien se quedó tercera en la primera vuelta, la senadora Simone Tebet, una de las claves de su triunfo.

Como dijo Lula en su ponderado discurso en la noche electoral, es una victoria que va más allá de ideologías y de personalidades. Tendrá que reflejar las distintas sensibilidades en su nuevo gobierno. Han ganado quienes ven a Bolsonaro como un peligro para la democracia y su silencio una vez que el Tribunal Superior Electoral confirme el resultado da argumentos a estos temores. Bolsonaro había ido demasiado lejos al elogiar la dictadura, fomentar la violencia, al poner en cuestión el sistema de votación electrónico que le pareció adecuado cuando ganó y al amenazar con cambiar a su antojo el Tribunal Supremo si vencía.

Varios de sus aliados han reconocido la derrota antes que él y le han instado a ceder, aceptar los resultados y dar un discurso denunciando «injusticias». También lo ha hecho sutilmente su hijo Flavio, que ha agradecido el apoyo a los votantes, «que nos ayudaron a rescatar el patriotismo….y que han dado a Bolsonaro la mejor votación de su vida… Vamos a levantar la cabeza y nunca vamos a desistir de nuestro Brasil. Dios al mando», ha escrito en su cuenta de Twitter el senador de la familia, que no reclama en ningún momento la victoria. Pero ha estado más de 24 horas en total mutismo, lo que alienta a sus seguidores más extremistas y violentos.

Algunos incluso invocaban el artículo 142 de la Constitución en alusión a una intervención de las Fuerzas Armadas, como suele hacer Bolsonaro. Ese artículo les hace garantes del cumplimiento del orden constitucional, no al contrario. Cientos de camioneros han bloqueado hasta 140 carreteras en 17 estados, según informa Folha de S. Paulo. La Justicia ha ordenado intervenir para que se abran los accesos.

Como el domingo se practicaron retenciones de autobuses en zonas afines a Lula, lo que atajó el presidente del Tribunal Superior Electoral, Alexandre de Moraes, al llamar la atención del jefe de la policía de carreteras, si bien luego minimizó los hechos. De este modo, Bolsonaro mismo ha contribuido a forjar la alianza en su contra.

58,2 millones de votos

Sin embargo, hay 58,2 millones de brasileños que se han identificado con su mensaje de «Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos», su defensa de la familia tradicional y su declarada condena al aborto, su ultraliberalismo y su reparto de ayuda a última hora, el llamado Auxilio Familia. También creen que Lula, como mantiene Bolsonaro, no debería haber competido por la Presidencia por su condena por corrupción. La anulación de la condena por el Supremo la consideran fruto de presiones políticas.

A muchos de los votantes de Bolsonaro les une su rechazo visceral a Lula y el PT. De la misma forma, muchos de los que han apoyado a Lula son anti Bolsonaro. Con esas mimbres ha de gobernar Lula, que ha de recurrir a sus mejores artes de tañedor de consensos para superar la división actual.

Bolsonaro ha conseguido casi barrer del mapa a la derecha tradicional en Brasil, tiene apoyo en la calle y en las fuerzas de seguridad, a las que ha cuidado durante su mandato.

En el Congreso el Partido Liberal, que lidera Bolsonaro y en el que militan sus hijos, Eduardo, diputado, Flavio, senador, y Carlos, concejal en Río, cuenta con 99 diputados de un total de 513. Con sus aliados sumaría 240. El Partido de los Trabajadores y sus afines tienen 125. El resto pertenecen al centrao (gran centro), diputados pragmáticos que negocian con quien esté en el poder sin grandes inclinaciones ideológicas.

En el Senado, es mayor el dominio de los bolsonaristas con 51 representantes frente a los 16 de los aliados de Lula. Además, 14 estados de los 26 estados de Brasil tienen al frente a un afín a Bolsonaro. Entre ellos, Sao Paulo, el centro económico del país, donde ha ganado Tarcísio Gomes de Freitas, ex ministro de Infraestructuras, que se enfrentaba al petista Fernando Haddad, quien compitió contra Bolsonaro en 2018 y perdió por 11 puntos. También son gobernadores de la cuerda del presidente los de Minas Gerais, Romeu Zema, y Rio de Janeiro, Claudio Castro, segundo y tercer estado por población.

El arma del ‘impeachment’

«El bolsonarismo sobrevive. En Brasil el voto a la derecha se ha aglutinado en torno a Bolsonaro. Antes había muchos partidos de derecha, pero ahora han quedado desdibujados. Lo más relevante es que en el Senado, donde se hacen los impeachment, el Partido Liberal y los bolsonaristas tienen mayoría», señala Anna Ayuso, investigadora sénior para América Latina del CIDOB.

Según Rodrigo Rodrigues-Silveira, profesor de Ciencia Política del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, «es cierto este nuevo movimiento de la derecha se ha escorado hacia Bolsonaro, pero habrá que ver si, una vez que salga de escena, no se articula en torno a otra figura. O bien puede que la unión entre estos dirigentes desaparezca. Los hay que antes eran petistas y ahora bolsonaristas. Siguen siendo fuertes los partidos fisiológicos, los partidos pegados al Estado para sobrevivir».

El bolsonarismo es el resultado del conservadurismo reaccionario brasileño que está presente en la sociedad desde hace mucho tiempo. Puede sobrevivir, pero con menos intensidad»

luciana farias santana, politóloga

A juicio de la politóloga brasileña Luciana Farias Santana, profesora en la Universidad Federal de Alagoas e investigadora del Observatorio das Elecciones, «ha sido una elección muy polarizada e intensa, que movilizó gran parte del electorado entre las dos candidaturas. El bolsonarismo es el resultado del conservadurismo reaccionario brasileño que está presente en la sociedad desde hace mucho tiempo. Puede sobrevivir, pero con menos intensidad. Bolsonaro será un líder de la oposición, pero tiene poca habilidad política y eso puede no ser efectivo».

Lula no lo tiene nada fácil, ya que, pese a su experiencia, nada tiene que ver la situación con 2003, cuando ganó en su tercer intento de llegar a la Presidencia. «Las Cámaras nunca han sido de izquierdas. Lula ya ha sido capaz de formar gobierno con un Congreso adverso e incluso más fragmentado. El problema está en los costes que eso puede suponer a Lula», señala Rodrigues-Silveira.

A su vez, sus promesas se basan en ampliar el gasto público y tendrá que negociarlo con sus aliados. Bolsonaro ha tirado de los fondos para sufragar el Auxilio Familia, concebido para la emergencia del Covid pero que se ha mantenido durante la campaña electoral.

Mientras tanto, todo el mundo se pregunta qué pasa con Bolsonaro. En las redes, se ha convertido en viral la pregunta: cadê o Bolsonaro? (dónde está). Eso sí se sabe. Durmió en Brasilia, en el Palacio de la Alvorada, residencia oficial del presidente y por la mañana se ha trasladado a Planalto, sede del Ejecutivo. Tanto el gobernador electo Tarsício Gomes de Freitas como el presidente de la Cámara de Diputados, Arthur Lira, y el senador por Paraná, Sergio Moro, el juez que condenó a Lula, el fiscal general, Augusto Aras, han reconocido la victoria del líder del PT.

Varios ministros intentaron el domingo por la noche hablar con el presidente sin éxito. Su asesor, Mauro Cesar Cid, atendió las llamadas. Mientras los mandatarios internacionales felicitaban a Lula, entre ellos el estadounidense Joe Biden, el presidente se iba a dormir para olvidar el peor 30 de octubre de su vida. Solo conversó con su candidato a vicepresidente, el general en la reserva Walter Souza Braga Netto. El presidente del Tribunal Superior Electoral, Alexandre de Moraes, sí pudo hablar con los dos candidatos en la noche del domingo, pero no dio detalles sobre su conversación con el jefe del Estado saliente.

Los movimientos de sus aliados y de su hijo Flavio son esperanzadores, si bien Bolsonaro es imprevisible y su gurú intelectual es Donald Trump, quien todavía se niega a aceptar su derrota en las presidenciales de 2021. Trump le deseó suerte la víspera electoral. Pero, como le ocurrió a él, el llamado Trump tropical se ha quedado a las puertas. Hay quienes especulan que puede sacar a relucir ahora un informe que realizaron las Fuerzas Armadas sobre el voto electrónico, que no se reveló antes por decisión de Bolsonaro. Y así atizar las dudas. O puede que finalmente ceda y acate el resultado a regañadientes.

A sus 67 años, aún puede desempeñar un papel para mantener activo su movimiento en la oposición, junto a sus tres vástagos que tienen serias aspiraciones. O bien retirarse con su esposa Michelle y su hija de 12 años a su lujosa vivienda en Barra de Tijuca, en Río de Janeiro. Aún le quedan dos meses en el Palacio de Planalto y si no facilita la transición democrática, como está fijado en la Constitución, muchos de sus aliados de ayer pasarán a ser sus sepultureros mañana.

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