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La Policía recupera el control del Congreso, la Presidencia y el Supremo tras el asalto de los bolsonaristas

Las fuerzas de seguridad actúan tras decretar Lula la intervención federal en Brasilia: "Los vándalos pagarán por esta barbarie"

Seguidores de Jair Bolsonaro irrumpen en la sede del Congreso en Brasilia.

Seguidores de Jair Bolsonaro irrumpen en la sede del Congreso en Brasilia. EFE

Apenas una semana después de asumir la Presidencia de Brasil, Lula da Silva hace frente a un desafío inédito. Miles de bolsonaristas han ocupado durante unas cinco horas este domingo las sedes del Congreso, la Presidencia y el Supremo Tribunal. La Policía Militar, que primero ha dejado marchar a los manifestantes, ha logrado recuperar el control de los edificios, que estaban vacíos durante el asalto. El presidente brasileño Lula da Silva estaba en Araraqua, en el estado de Sao Paulo, y desde allí ha decretado la intervención federal para asumir el control de la Seguridad Pública en el Distrito Federal de Brasilia y ha asegurado que los «vándalos fascistas pagarán por esta barbarie». Después de esta intervención, las fuerzas de seguridad han actuado.

«Buscaremos a todos los responsables y quienes los hayan financiado», ha dicho Lula da Silva, que ha calificado el acto como «golpista y bárbaro». El presidente se ha reunido de emergencia con sus ministros de Justicia, Defensa y Relaciones Institucionales, antes de regresar a Brasilia.

El decreto estará vigente hasta el 31 de enero. Todos los policías y militares activos, incluidos los que estén de vacaciones, han de presentarse en sus puestos en el Distrito Federal de Brasilia. Esta medida, prevista en la Constitución, implica que el gobernador, el opositor, Ibaneis Rocha, deja de ser responsable de la seguridad. La Fiscalía General ha ordenado el arresto de Anderson Torres, jefe de Seguridad Pública de Brasilia, ex ministro de Justicia de Bolsonaro. Hay más de 300 detenidos.

Lula se ha referido a la connivencia de muchos policías. «Estaban guiando a los vándalos. Quienes hayan participado no quedaran impunes. Todos los que han hecho esto serán castigados», ha remarcado. El presidente no ha ocultado la gravedad de los hechos. «Esto no tiene precedentes en la historia de Brasil. Vamos a sacar a la luz a los que han financiado a los vándalos». Lula, que se encontraba fuera de Brasilia, ha regresado al Palacio de Planalto de inmediato.

Después de su intervención, el presidente brasileño ha apuntado a Bolsonaro como responsable en su cuenta de Twitter. «Todo el mundo sabe que hay varios discursos del expresidente alentando eso. Es también su responsabilidad y de los partidos que lo apoyaron». Bolsonaro viajó a Florida el último día de 2022 para no estar presente en el traspaso de poder. Tras horas de silencio, una vez fracasado el asalto, el ex presidente ha dicho desde allí: «Las invasiones escapan a la regla». No es una condena y tampoco asume su responsabilidad, e incluso alude a actos de la izquierda entre 2013 y 2017. Jamás llegaron tan lejos esas protestas.

El presidente brasileño y las principales instituciones han respondido con contundencia al desafío golpista de los bolsonaristas que se niegan a aceptar la derrota de su líder. Miles de seguidores del expresidente de Brasil Jair Mesías Bolsonaro, uniformados con camisetas amarillas y verdes, los colores de la bandera, irrumpían este domingo por la tarde en la sede del Congreso Nacional, en Brasilia, tras una concentración en la que reclamaban una intervención contra el presidente Lula da Silva. También han entrado, armados con palos y piedras, en la sede de la Presidencia y del Supremo en la Plaza de los Tres Poderes.

La Policía Militar, que en principio ha dejado hacer a los vándalos, ha logrado expulsarlos del interior de los edificios, que quedaron seriamente dañados. Han destruido todo lo que han encontrado a su paso. Las fuerzas de seguridad han actuado una vez que el presidente ha decretado la intervención federal. Miles han seguido en la explanada y luego unos cientos han vuelto a su acampada frente al Cuartel General del Ejército. La fuerza nacional finalmente ha dispersado a los que quedaban en el exterior.

Un asalto al Capitolio a la brasileña

El acto recuerda el asalto al Capitolio en Washington, que tuvo lugar el 6 de enero de 2021, protagonizado por los seguidores del también derrotado presidente Donald Trump, aunque en Brasil han ido más allá al dirigirse a las sedes de los tres poderes. Sin embargo, en Brasilia los edificios estaban vacíos por no haber sesiones, al contrario de lo que ocurrió en Washington. Además, Lula estaba de viaje. Hace dos años en Washington los trumpistas irrumpieron un 6 de enero en el Congreso sembrando el pánico entre los legisladores.

Los manifestantes en Brasilia, que clamaban que se llevara a cabo un golpe contra Lula, se habían concentrado frente a la explanada en la que se levantan los edificios de la Cámara de Diputados y del Senado, y consiguieron romper las barreras policiales para acceder al recinto y tomar el tejado y otras instalaciones de las cámaras, en las que están causando graves destrozos.

Otro grupo de bolsonaristas ha enfilado hacia el Palacio Presidencial, el Palacio de Planalto, y a la sede del Tribunal Supremo Federal con el objetivo declarado de derrocar a Lula y a su vicepresidente, Geraldo Alckmin. La Policía ha expulsado finalmente a los asaltantes del interior de la sede del Supremo Federal con el recurso a gases lacrimógenos.

Entraron rompiendo cristales y dentro han arrasado con todo lo que han encontrado a su paso tanto en el Supremo con en el Congreso y la Presidencia: obras de arte, bancos, televisores, etcétera.. No han logrado entrar en el despacho del presidente.

El presidente Lula da Silva, de 77 años, no estaba en esos momentos en Brasilia, sino en Araraquara, en el estado de Sao Paulo, en una visita a una zona afectada por inundaciones. Desde allí ha seguido las informaciones antes de mantener una reunión de emergencia y firmar el decreto presidencial.

Cientos de manifestantes habían acampado, frente al Cuartel General del Ejército, en el centro administrativo de Brasilia, desde hace dos meses, cuando ganó Lula en las urnas. También hubo acampadas de este tipo en otras ciudades. Este grupo y otros recién llegados han marchado sin encontrar límite alguno hasta la Explanada de los Ministerios, donde han llevado a cabo el asalto a las sedes de los tres poderes. Su marcha ha sido a plena luz con total pasividad de las fuerzas de seguridad. Era un acto previsible desde el momento en que se mantuvo esa protesta, alentada por esos reclamos de Bolsonaro y su actitud tan lejana a la búsqueda de reconciliación.

Bolsonaro, en Estados Unidos

En su última intervención antes de viajar a Estados Unidos, Bolsonaro pidió a quienes le apoyan que no tirasen la toalla y aseguró que el bolsonarismo había salido fortalecido. Insistió en que había sido «víctima de una justicia electoral que no fue parcial». Durante horas el ex presidente permaneció en silencio.

El secretario estatal de Seguridad de Brasilia, donde ha tenido lugar este gravísimo ataque a las instituciones, es el policía Anderson Torres, ex ministro de Justicia de Bolsonaro, también en Estados Unidos. Los medios brasileños apuntan a que ha permitido actuar a los manifestantes, a quienes la prensa brasileña califica de «terroristas».

También hacen responsable al gobernador de Brasilia, Ibaneis Rocha, quien ha destituido a Torres después de perpetrarse el asalto. La Fiscalía ha pedido el arresto de Torres y Rocha ha quedado fuera de juego en la cuestión de seguridad por el decreto presidencial. En unas imágenes difundidas por GloboNews se puede ver a varios policías haciéndose selfies cuando empieza el asalto.

Mientras el ministro de Justicia, Julio Dinio, era partidario de disolver a los manifestantes bolsonaristas, el titular de Defensa, José Múcio, creía que era mejor esperar a que se agotaran sus fuerzas. Pero no ha sido así. Hay analistas que apuntan que era cuestión de tiempo que los bolsonaristas cometieran un acto similar al del Capitolio en 2021.

Los afines a Bolsonaro exigían la intervención de las Fuerzas Armadas y la detención de Lula, que asumió como presidente por tercera vez el pasado 1 de enero, tras haber derrotado en las presidenciales a Jair Mesías Bolsonaro por la mínima el pasado 30 de octubre. Bolsonaro nunca llegó a reconocer explícitamente la victoria de Lula, pero no llegó tan lejos como Trump en Estados Unidos al ver que las instituciones brasileñas se ponían del lado de la Constitución. Aceptó de forma implícita el traspaso de poder y se marchó. Hay varias causas pendientes contra él y su familia.

Opositores a Lula como el juez Sergio Moro han criticado estos actos. En su cuenta de Twitter, el ex ministro de Justicia de Bolsonaro ha escrito: «Las protestas deben ser pacíficas. Las invasiones de edificios públicos y la depredación no son la respuesta. La oposición debe hacerse democráticamente, respetando la ley y las instituciones».

También se han desmarcado en el partido por el que se presentó Bolsonaro. Valdemar Costa Neto, líder del Partido Liberal, ha calificado de «vergüenza» lo sucedido en Brasilia. «No representa a nuestro partido, no representa a Bolsonaro». Costa Neto ha sido más contundente que el propio expresidente.

Los bolsonaristas, y el ex presidente a la cabeza, rechazan la victoria de Lula, que celebró su toma de posesión el 1 de enero con asistencia de numerosos mandatarios internacionales, entre ellos el Rey Felipe VI. Lula celebró «la victoria de la democracia» y prometió rescatar del hambre a 33 millones de brasileños.

Apenas una semana después de suceder a Bolsonaro, Lula afronta su 23-F, encabezado por miles de opositores muy radicalizados, alentados por los reclamos de su antiguo rival en las urnas. Este 8 de enero la democracia en Brasil ha estado en serio peligro.

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