Keir Starmer ha retado a quien aspire a sucederle a dar un paso al frente. La derrota en las elecciones locales en Inglaterra del 7 de mayo cobró mayor dimensión con la pérdida del gobierno de Gales y el peor resultado de los laboristas en Escocia. El primer ministro británico asumió como líder laborista la responsabilidad de los catastróficos resultados pero dijo desde el primer momento que irse ahora sería dejar el país sumido en el caso. Alrededor de un centenar de diputados han pedido a Starmer que prepare su marcha y cuatro ministros han dimitido. En privado se lo sugirió Shabana Mahmood, ministra del Interior. Es el "ahora o nunca" de Wes Streeting, su ministro de Salud.

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Tras la reunión del martes convocada por Starmer para cerrar filas, el único que no hizo declaraciones a la salida fue Streeting. Según los medios británicos, es quien está detrás de la rebelión por los malos resultados electorales. De hecho, varios de los que han renunciado pertenecen a su entorno. Está dejando que otros hablen por él. Sin embargo, sabe que el proceso para derrocar a un líder en el partido laborista es complejo. Y también lo sabe Keir Starmer.

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Primero el diputado que aspire a la nominación ha de comunicarlo al Comité Ejecutivo Nacional del partido. A continuación, el comité tendría que fijar un calendario para su nominación por al menos el 20% de los diputados laboristas. Como hay 403 diputados, serían 81 miembros del Parlamento, incluido el que desafía al líder.

La condición básica es que el aspirante, o aspirantes, sea diputado. Si Starmer decidiera presentarse, sería nominado automáticamente. Y si solo hay un rival, sería líder por defecto, como ocurrió con Gordon Brown en 2007. Si hay una contienda, el próximo primer ministro lo determinarán los aproximadamente 300.000 miembros del Partido Laborista.

Candidatos con puntos débiles

Aún así The Economist titula: Starmer is on the way out (Starmer está a punto de irse). Relata cómo la revuelta empezó tímidamente hasta convertirse en "una avalancha". Y recuerda que los índices de popularidad de Starmer son pésimos. "Es uno de los primeros ministros menos populares de la historia", señala el semanario.

Hay una serie de potenciales candidatos pero todos tienen puntos débiles, según The Economist. Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, no es diputado. Angela Rayner, la exviceprimera ministra, está a la espera del resultado de una investigación sobre sus asuntos fiscales. Ed Miliband, el titular de Energía, goza de popularidad en el partido, pero ya perdió unas elecciones generales como líder laborista, en 2015.

Streeting deshoja la margarita

Así llegamos a Wes Streeting (Stepney, 1983). El ministro de Sanidad es popular entre la derecha laborista, los que siguen la estela de Tony Blair, pero despreciado por sus colegas de la izquierda. Según The Telegraph, es "el ahora o nunca" de este ambicioso político que se convertiría en el primer jefe de gobierno abiertamente gay del Reino Unido. Mientras sus compañeros se lamían las heridas por el fracaso en las urnas, el fin de semana se fue a ver El Diablo se viste de Prada 2 con su compañero de gabinete, Peter Kyle.

Streeting dirige el Ministerio con mayor gasto. Ha declarado sentirse "incómodo" con los niveles de impuestos en el Reino Unido tras los importantes aumentos incluidos en los dos primeros presupuestos del Partido Laborista. También ha dejado la puerta abierta a la idea de que el Reino Unido se incorpore a una unión aduanera con la Unión Europea.

Aunque no es el favorito de los miembros del partido, ni de los votantes, sería el mayor beneficiario de un proceso acelerado para sustituir a Starmer. El primer ministro impidió que Burnham, el mejor situado, aspirara a un escaño en una elección parcial. Sin ser diputado no puede concurrir en primarias. Si el proceso se demora, el llamado rey del norte tendría más opciones.

Nieto de un atracador y de un marino mercante

Su origen es singular. Sus padres tenían 17 y 18 años cuando nació. Creció en un piso de protección oficial en el este de Londres. Su abuelo materno, Bill Crowley, fue un atracador a mano armada que conocía a los gánsteres gemelos Kray. Su abuelo paterno, también llamado Bill, se enroló en la Royal Navy en la Segunda Guerra Mundial y luego fue marino mercante. Según cuenta Wes Streeting, era el típico tory de clase trabajadora. Su abuela estuvo en prisión con Christine Keeler, personaje fundamental en el Caso Profumo, y se hicieron amigas. En su juventud dejó el Partido Laborista por participar en la invasión de Irak.

Estuvo a punto de perder el puesto de ministro de Salud, debido a que pudo mantener su escaño en Ilford North por solo 500 votos. Su rival era un candidato independiente crítico con la posición laborista sobre Gaza. Es diputado desde 2015.

Streeting se ha distinguido por sus críticas al gobierno del que forma parte. En mensajes a Peter Mandelson, dijo que "no tenía estrategia de crecimiento". Su relación con Mandelson, que tuvo que renunciar a la embajada en Washington por sus vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein, juegan en su contra. Lleva tiempo intentando borrar esa mancha en su historial. La designación de Mandelson ha llevado a Starmer a una posición muy incómoda.

En los últimos meses, mientras se preparaba para desafiar a su jefe, Streeting ha criticado el enfoque "práctico y tecnocrático" del Partido Laborista. En diciembre dijo que se sentía "frustrado" por la incapacidad del partido para vender sus políticas a los votantes. Ha expresado en el gabinete sus preocupaciones sobre una serie de cuestiones, desde un controvertido recorte a las ayudas para la calefacción en invierno destinadas a los jubilados, hasta el conflicto en Gaza y las propuestas de recortes en el gasto social.

Quien empuña el cuchillo nunca lleva la corona

"Es una decisión complicada para el ministro de Sanidad. Desde hace tiempo se ha mostrado reacio a ser quien dé el paso, quizá por temor a que eso le salga por la culata en sus aspiraciones de liderazgo. La dimisión de Rishi Sunak derrocó a Boris Johnson en 48 horas, pero Liz Truss acabó ganando la carrera por la sucesión, mientras que Sunak quedó tachado de traidor. Pero, ¿es cierto ese viejo cliché de Westminster de que 'quien empuña el cuchillo nunca lleva la corona'? ... La historia política británica está plagada de los cadáveres de aquellos que dudaron en lugar de actuar y perdieron su oportunidad", señala Ben Riley-Smith, comentarista político en The Telegraph.

El diagnóstico que hace The Economist es demoledor: "La inestabilidad política ha agravado una situación económica ya de por sí complicada. Gran Bretaña sufre el mismo malestar de elevada deuda y bajo crecimiento que afecta al resto de Europa. Ahora, su partido gobernante se ve envuelto en una guerra civil. Los rendimientos de los bonos del Estado han subido hasta su nivel más alto en 30 años, impulsados en parte por la preocupación de que el sucesor de Sir Keir recurra a más deuda. Quienquiera que resulte primer ministro se enfrentará a una situación desastrosa. Por ahora, lo único que pueden hacer los votantes británicos es contemplar la familiar imagen de un primer ministro luchando por su supervivencia".