Monarquía británica crisis

La Reina Isabel II ha vivido un año crítico por los desvaríos de su hijo Andrés y las diferencias con su nieto Harry tras su boda con Meghan Markle. CARMEN VIVAS

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La Monarquía británica, un mito que se desmorona

En 2019 el hijo favorito de la Reina ha 'dimitido', sus nietos apenas se hablan, y el Brexit amenaza con romper el país

«Como en las mejores familias, tenemos nuestra parte de excentricidades, de jóvenes impetuosos y rebeldes, y nuestros desacuerdos». La Reina Isabel, 93 años y camino de 68 en el trono, sabe que los suyos han de ser un modelo para los británicos, pero también reconoce lo difícil que resulta en un mundo en el que todos sus movimientos están perfectamente escrutados. La Reina sabe vivir con ello, pero no todos en su familia están a la altura.

Este 2019 vuelve a ser un annus horribilis para la Corona británica. Isabel II describió 1992 con estos términos. Las malas noticias ensombrecieron el 40º aniversario de su ascenso al trono. Dos divorcios (de su hija Ana y del duque de York), además de la ruptura entre el príncipe de Gales y Lady Di, aunque el divorcio no sería efectivo hasta 1996, la publicación de Diana: su verdadera historia, de Andrew Morton, y un incendio devastador en el castillo de Windsor convirtieron ese año en una pesadilla para la soberana.

Cinco años después, el 31 de agosto de 1997 moría en un accidente de tráfico en París Lady Di. La gélida reacción de la Reina hundió su popularidad. Ese 1997 fue otro año nefasto.

El colofón en 2019 ha sido el Andygate. El último miembro de la Familia Real que ha dado un soberano disgusto a la Reina ha sido precisamente su hijo favorito, Andrés, duque de York, forzado a dimitir por su mala gestión de un asunto espinoso que lleva colocándole en el objetivo de los medios desde hace tres años.

No ha sido el único, pero sí quien ha protagonizado la crisis más grave, la peor desde la muerte de Lady Di, recibida con frialdad entre los Windsor, lo que la calle casi no les perdona. La princesa del pueblo reclamaba su sitio desde la tumba y lo logró.

Empezó 2019 con un accidente de tráfico del duque Felipe de Edimburgo, a finales de enero. Milagrosamente resultó ileso, pero las dos mujeres con las que chocó tuvieron que ser hospitalizadas. Iba al volante de su Land Rover a sus entonces 97 años.

El consorte lleva ya dos años jubilado como miembro de la Casa Real. Acaban de celebrar su 72º aniversario de bodas el 20 de noviembre, justo el día que su hijo Andrés dimitía. No encontró consuelo la Reina en su marido, con el que coincide poco. Su hijo Carlos, su heredero, estaba en Nueva Zelanda, y fue quien realmente tomó el timón para reconducir el entuerto de su hermano Andrés.

Sus peligrosas relaciones con el millonario Jeffrey Epstein, acusado en los tribunales estadounidenses de pederastia, han sellado su fin como parte de la realeza británica. Ni su madre, la reina Isabel II, ni su hermano Carlos, el septuagenario eterno heredero, pueden permitirse que la Corona sea objeto de discusión en el primer debate electoral televisado entre el primer ministro, Boris Johnson y el laborista, Jeremy Corbyn.

La monarquía necesita mejorar un poco», dijo Jeremy Corbyn. «La institución está más allá de todo reproche», contestó Boris Johnson en el debate electoral

En su encuentro en la cadena ITV, que se saldó con un empate técnico, los dos contestaron a la pregunta de Sue de Leeds: «¿Cumple la monarquía con su misión?» Corbyn dijo que «necesita mejorar un poco», mientras que Johnson apuntó que «la institución de la monarquía está más allá de todo reproche».

A continuación, Julie Etchingham, la periodista que condujo el debate, añadió: «¿Y es el príncipe Andrés todavía capaz de ejercer sus funciones?» Los dos se referían a las víctimas, lo que no hizo el duque de York ante la BBC. Así quedaba sentenciado el hijo favorito de la Reina.

El debate fue el martes 19, pues el miércoles el príncipe Andrés visitaba a su madre la Reina en el Palacio de Buckingham y poco después emitía un comunicado en el que anunciaba que había pedido a la soberana dejar su función pública como duque de York. Es decir, dimitía, aunque en realidad le obligaron a hacerlo. Es posible que pierda su asignación de 249.000 libras anuales (unos 290.000 euros).

En un comunicado del que se hacía eco la Casa Real en su Twitter, el duque de York reconocía que en los últimos días le había quedado claro que su antigua relación con Jeffrey Epstein estaba perjudicando sus funciones públicas y a las organizaciones y fundaciones caritativas con las que estaba trabajando. (Varias, entre ellas Barclays o BT habían empezado a dejarle de lado).

Anunciaba su dimisión, lamentaba los perjuicios que Epstein pudiera haber hecho, y mostraba empatía con las víctimas. Es decir, alguien con autoridad en la Casa Real había tomado el toro por los cuernos para reconducir el disparate que cometió al conceder la entrevista a la BBC, donde ni se arrepentía de sus tratos con Epstein, ni fue compasivo con las víctimas.

El último miembro de la Casa Real británica que hizo un gesto similar fue el tío de la Reina, Eduardo VIII, que abdicó por amor a Wallis Simpson, una divorciada estadounidense.

Renunció al trono en 1936 y esa carambola hizo que Isabel II llegara a ser reina al suceder a su padre, que reinó como Jorge VI, el hermano menor de Eduardo VIII.

De ‘Andy Randy’ a Andrés, el tóxico

El príncipe Andrés, más extravertido que su hermano mayor, Carlos, siempre fue la debilidad de la Reina Isabel, poco dada a mostrar su cariño a su prole. De joven le gustó la juerga, tanto que en los medios le conocían como Andy Randy (Andresito, el cachondo), o también Party Andy (el fiestero).

Después de amoríos sonados, como su romance con la actriz estadounidense Koo Stark, acabó casándose con Sarah Ferguson, ahora su devota ex mujer. Es la primera que defiende su inocencia y con quien se refugia en Sotogrande cuando surgen dificultades en su entorno.

Desde principios de los 90 el duque de York era amigo del millonario Jeffrey Epstein, muerto en una celda neoyorquina el pasado verano, acusado de pederastia. Una de las jóvenes que reclutaba Epstein para sus juergas asegura haber estado en tres ocasiones con el príncipe Andrés. El duque de York había conocido a Epstein por medio de Ghislaine Maxwell, la hija del empresario mediático Robert Maxwell.

Cuando estalló el escándalo de la relación entre el hijo favorito de la Reina y Jeffrey Epstein, hace tres años, todo quedó en una nebulosa. Tanto es así que en esa época, aunque en el Parlamento hay quienes plantean que deje de representar al Reino Unido como enviado especial para las relaciones comerciales, la Reina le otorga uno de los máximos honores de la Corona.

Pero ha sido este verano cuando han saltado a la luz pública las denuncias de varias de las menores a quienes habría engañado el millonario estadounidense para mantener relaciones sexuales con él y sus amigos, entre ellos el Duque de York, según una de las jóvenes, Virginia Roberts (ahora Giuffre).

Después de un prolongado silencio sobre el caso, el príncipe Andrés, haciendo caso de su secretaria privada Amanda Thirsk, concedió una entrevista a la periodista Emily Maitis, de la BBC, que se emitió el domingo 17 de noviembre. Su intervención fue un auténtico desastre. Será estudiada en los cursos de relaciones públicas porque cometió todos los errores posibles y alguno más.

Jason Stein, que había sido contratado en septiembre para restaurar la reputación del príncipe Andrés, renunció por estar en desacuerdo con esta estrategia que perseguía saldar las cuentas pendientes de la noche a la mañana.

En la entrevista, el duque de York asegura que lo que le gustaba de Jeffrey Epstein era su capacidad para reunir a su alrededor a gente muy interesante. Confirma que le conoce desde 1999, aunque su secretaria asegura que se trataban desde principios de los 90. Reconoce que, aunque se veían solo dos o tres veces al año, solía alojarse en sus casas cuando iba a Estados Unidos. Epstein solía estar fuera.

Asegura que no sabía nada ni vio nada que le hiciera sospechar que Epstein abusara sexualmente de menores. Justifica que mantuviera contacto en 2010, cuando ya había sido acusado Epstein, porque quería decirle directamente que no podía seguir frecuentándole por lo que había hecho.

Incluso se justifica por equivocarse por ser «muy honesto», y por eso quiso decirle en persona que reprochaba su comportamiento. En aquellos días, diciembre de 2010, Epstein celebró su liberación, aunque el príncipe Andrés niega que hubiera una fiesta, o una cena de celebración.

No es habitual, es incluso muy raro, que vaya a tomar pizza, por eso recuerdo lo que hice ese día», esgrimió el príncipe como coartada

No lamenta su trato con Epstein, en la entrevista de la BBC, sobre todo por la gente que conoció gracias al millonario estadounidense, y a las oportunidades que le ofrecieron estos contactos.

Sobre Virginia Roberts, asegura que no recuerda a la joven, y que no se acostó con ella, ni bailó o tomó copas con ella. Incluso recurre a una coartada: estaba con sus hijas y fueron a tomar pizza. «No es habitual, es extraordinario, que vaya a tomar pizza en Woking, y por eso recuerdo qué hice ese día», señala.

Añade que cuando Virginia Roberts señala que estuvieron bailando y él sudaba, se equivoca totalmente porque él tenía entonces una enfermedad que le impedía sudar. Incluso asegura que no recuerda cuando se hizo la foto en la que se les ve juntos. El príncipe Andrés tiene su mano en su cintura.

El duque de York niega categóricamente haber mantenido contacto de cualquier tipo con la denunciante. En ningún caso muestra solidaridad con las víctimas de Epstein. «No tengo ningún mensaje para ella (Virginia Roberts)», señala cuando le pide la periodista un mensaje para la denunciante, víctima de abusos del millonario estadounidense.

La sentencia del público fue implacable. Apenas un 6% de los británicos encuestados por YouGov creyeron la versión del príncipe Andrés. Lo curioso es que el príncipe Andrés creía que la entrevista había ido muy bien. Al día siguiente, al ver la prensa se dio cuenta de lo equivocado que estaba. Se había hecho el harakiri en directo.

Andrés fue segundo en la sucesión al trono después de su hermano Carlos durante 22 años… Fue un niño mimado y un héroe de guerra», dice la directora de ‘Majesty’

«Hay que tener en cuenta que Andrés nació en 1960 y que fue segundo en la sucesión al trono después de su hermano Carlos durante 22 años, hasta que nació el príncipe Guillermo. Durante todo este tiempo, fue un niño mimado y un héroe de guerra (combatió en las Malvinas). Y en su mente todavía persiste esa idea de que puede hacer lo que le apetezca», explica Ingrid Seward, directora de la revista Majesty, según cita The Guardian, en un artículo focalizado en la «toxicidad» del príncipe Andrés.

Si hay alguien a quien la conducta del príncipe Andrés, 71 años recién cumplidos, ha aterrorizado ese es el primogénito de la Reina Isabel, su heredero, el príncipe Carlos, de viaje oficial en Nueva Zelanda con su segunda esposa Camilla Parker-Bowles esta semana crítica. Desde allí, los monarcólogos británicos aseguran que ha orquestado la salida de escena del duque de York.

«El gran trabajo que están haciendo la Reina, el príncipe de Gales y su esposa, así como el príncipe Guillermo y Kate, queda ensombrecido por este desastre», señalaba al Daily Mail la experta en Monarquía Penny Junor.

Cuando Harry encontró a Meghan

Por esta razón el príncipe Carlos sería partidario de que la Casa Real fuera más reducida. En Suecia están impulsando ese proceso, de modo que el rey ha desligado de la Casa Real a sus nietos que no están directamente en la línea de sucesión. Sería una manera de que una falta de un miembro menor manchara el prestigio de la institución.

El hijo menor de Carlos y Lady Di, Harry, tampoco ha estado a la altura de su papel como hijo del heredero y hermano del heredero del heredero. Harry se casó con la actriz estadounidense Meghan Markle, divorciada, en mayo de 2018. Son padres de un niño, Archie.

Primero todo parecía idílico, pero poco a poco fue distanciándose de su hermano Guillermo, hasta el punto de que ya no comparten una fundación que crearon juntos. Junto a su esposa y su primer hijo, pasará la Navidad en casa de su suegra, en Estados Unidos, y no estará en estas señaladas fechas con la Reina.

En una entrevista en la cadena ITV, Meghan aseguraba que se sentía acosada por los tabloides. Su marido siempre ha reprochado a los medios sensacionalistas la persecución a la que sometieron a su madre, Lady Di.

A su vez, Harry reconocía que los dos hermanos se habían distanciado. «Ahora seguimos caminos separados. No nos vemos tanto como antes. Pero es mi hermano y sé que estará ahí siempre como él sabe que yo siempre estaré para él».

A todos estas desventuras propias de una familia que Tolstoi diría «infeliz a su manera», este 2019 se ha sumado la telaraña del Brexit en la que ha quedado enredada hasta la Reina. El primer ministro británico, Boris Johnson, colocó a la soberana en una posición muy difícil cuando forzó la suspensión temporal del Parlamento, para limitar su capacidad de debate sobre la salida de la Unión Europea. El papel institucional de la Corona es muy limitado, pero el movimiento de Boris Johnson colocaba en el foco a Isabel II.

Y todo esto sucede cuando el Reino Unido está más desunido y como Reino vive su peor crisis en 22 años. ¿Seguirá siendo Reino? ¿Sobrevivirá la Monarquía británica a Isabel II? Muchas monarquías tiempo atrás terminaban de forma sangrienta. Ahora pueden ser víctimas de una mala gestión de relaciones públicas.

La serie The Crown, que ahora estrena tercera temporada, refuerza el mito, esa imagen que conecta a los británicos con su historia y sus tradiciones más arraigadas. El riesgo es cuando la realidad supera a la ficción. El guion del Andygate aún promete sorpresas. ¿A qué se dedica un príncipe cuando dimite?

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