Tras casi cuatro años de discusiones y negociaciones, el Brexit será finalmente una realidad a las doce de la noche de este viernes. Ante la salida de un miembro de la Unión Europea -un hecho histórico sin precedentes- España tiene dos opciones: el riesgo de hundirse con el Reino Unido o la posibilidad de aprovechar las oportunidades políticas y económicas que esta situación nos ofrece.

Aunque Londres abandona el bloque comunitario esta semana, el drama del Brexit dista mucho de estar resuelto todavía; aún hay riesgo de que el proceso descarrile. La siguiente fase es quizás la más difícil: negociar el acuerdo comercial y ll relación futura entre Bruselas y Londres. El primer ministro británico, Boris Johnson, se ha marcado una agenda ambiciosa y pretende dejar cerrado el asunto antes de final de año, cuando vence el período transitorio; algo que no pocos dudan de que sea posible en tan corto período de tiempo.

Con independencia de cómo se concrete la relación futura, los británicos van a descubrir que la vida dentro del club europeo es mejor que la vida fuera de él. Noruega o Suiza, por ejemplo -dos de los países no comunitarios con una relación más estrecha con la UE- están obligados a permitir el libre tránsito de ciudadanos de la Unión y a aplicar legislación europea para acceder al Mercado Único, pero sin tener a cambio capacidad de decisión sobre la misma, como sí ocurriría si fueran miembros. Precisamente dos de las demandas centrales de los brexiteers -restringir la inmigración procedente del continente y dejar de aplicar la legislación europea- son las condiciones más elementales que tendrá que respetar el Reino Unido en el futuro acuerdo comercial.

La endiablada realidad de seguir dependiendo del acceso al mayor mercado del mundo tienen mal encaje con las promesas de una "Gran Bretaña Global"

La endiablada realidad de seguir dependiendo del acceso al mayor mercado del mundo, y las conexiones con la red industrial y comercial tejida durante las últimas cuatro décadas de pertenencia a la UE, tienen mal encaje con las promesas de una “Gran Bretaña Global”. El Reino Unido deberá mantener buena parte de los estándares y normativas europeas si quiere seguir comerciando con los países del bloque comunitario.

A todo ello se añade el riesgo de que Escocia e Irlanda del Norte, que votaron mayoritariamente por permanecer en la UE, busquen respectivamente su independencia del Reino Unido y la unificación con la República de Irlanda.

Europa también se verá perjudicada con la salida de Gran Bretaña: pierde a un país que, pese a que en ocasiones ha frenado el proceso de integración europea, fue instrumental en la consolidación del Mercado Único y ha sido contribuyente neto al presupuesto comunitario.

El Parlamento Europeo tendrá en los próximos meses un papel central en la negociación de la futura relación comercial con el Reino Unido, ya que le corresponde dar su visto bueno a la misma. Para España es vital garantizar que la negociación de este acuerdo no perjudica a la economía. Los sectores de la automoción, la agricultura y la pesca se encuentran entre los que más empleos generan en nuestro país, y dependen en buena medida de que haya unas relaciones comerciales fluidas entre la Unión Europea y Londres. Los eurodiputados españoles tenemos la responsabilidad de asegurar que el futuro acuerdo no daña a nuestra economía.

Por primera vez la Comisión Europea ha defendido la posición de España respecto al aeropuerto... Esta victoria supone un primer paso en el objetivo, estratégico e irrenunciable, de restablecer la soberanía española en Gibraltar

Pero el Brexit supone también una oportunidad histórica para España. Con la salida del Reino Unido, nuestro país se convierte en la cuarta economía de la Unión Europea, y gana peso específico en el Consejo y el Parlamento.

El eje franco-alemán necesita un socio fiable, que no puede encontrar ni en una Polonia que da con frecuencia la espalda a Bruselas, ni en un Italia crónicamente inestable. Pero la alianza de Gobierno de Pedro Sánchez con Podemos ha despertado recelos en Europa y dificulta que España pueda desempeñar ese papel de liderazgo y fiabilidad en la Unión.

Por lo que se refiere a Gibraltar, España puede también convertir el Brexit en una oportunidad.  Una vez que el Reino Unido adquiera la condición de tercer país, la Unión Europea deberá posicionarse del lado español en el contencioso con Gibraltar, ya que nuestro país pasará a ser el único Estado Miembro. 

Ese apoyo a España ya se ha materializado gracias a Ciudadanos antes incluso de que se hiciera efectiva a la salida del Reino Unido: durante el escrutinio parlamentario, y respondiendo a una pregunta que le formulé, la entonces candidata y hoy comisaria de Transporte, la rumana Adina Valean, comprometió por primera vez a la Comisión Europea a defender la posición de nuestro país respecto al aeropuerto, construido sobre territorio español.

Esta victoria supone un primer paso en el objetivo, estratégico e irrenunciable, de restablecer la soberanía española en Gibraltar, y evidencia que, ante el drama del Brexit, España no solo debe esquivar el peligro, sino aprovechar las oportunidades.

No escatimaremos ningún esfuerzo, en este capítulo y en los ya mencionados de la economía y el comercio, para hacer realidad nuestro compromiso. 


José Ramón Bauzá @JRBauza es eurodiputado de Ciudadanos.

Tras casi cuatro años de discusiones y negociaciones, el Brexit será finalmente una realidad a las doce de la noche de este viernes. Ante la salida de un miembro de la Unión Europea -un hecho histórico sin precedentes- España tiene dos opciones: el riesgo de hundirse con el Reino Unido o la posibilidad de aprovechar las oportunidades políticas y económicas que esta situación nos ofrece.

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