En el mismo recinto industrial donde nació la marca SEAT hace 76 años, una discreta nave de la Zona Franca de Barcelona custodia el patrimonio automovilístico más valioso de España. Más de 240 vehículos históricos, prototipos únicos y coches de competición duermen en un espacio que funciona como cápsula del tiempo de la movilidad española.
Pasear por los alrededores de la antigua fábrica de Seat en la Zona Franca de Barcelona es transitar por un paisaje industrial que ha visto nacer, crecer y transformarse la marca de coches más emblemática de España. Entre el estruendo amortiguado de la logística moderna y el olor a metal envejecido, la Nave A-122 no huele a museo impoluto, sino a taller vivo, a gasolina de octanaje antiguo, cuero curtido y aceite de motor.
Este espacio, de aproximadamente 3.500 metros cuadrados, no figura en los mapas turísticos de Barcelona ni aparece en las guías convencionales de la ciudad. Sin embargo, dentro de sus muros se alberga una colección que cualquier museo del automóvil europeo envidiaría. Más de 240 vehículos históricos (de una colección total que supera los 400 ejemplares) reposan en perfecto estado de conservación, distribuidos en largas filas que dibujan un recorrido cronológico por siete décadas de historia de la movilidad en España.
La colección incluye desde el primer Seat 1400 fabricado en 1953 hasta prototipos que nunca llegaron a producción, pasando por vehículos de competición que escribieron páginas doradas en el automovilismo nacional, ediciones especiales limitadas y modelos singulares como el famoso Panda 'Papamóvil' que utilizó Juan Pablo II durante su visita a España en 1982.

Una colección nacida del entusiasmo y la iniciativa personal
La historia de la Nave A-122 es, antes que nada, una historia humana. Todo comenzó de forma casi clandestina a principios de la década de 2000. En ese momento, Elvira Veloso, entonces responsable del parque de coches de prensa de Seat en Barcelona, decidió salvar de forma altruista todos los modelos y prototipos que podía rescatar. Con la ayuda de trabajadores de la fábrica, Veloso fue recuperando vehículos esparcidos por el entonces inmenso recinto de la Zona Franca y los fue almacenando, a escondidas, en la Nave A-127.
Aquella maniobra rozó el espionaje industrial interno. Durante años, la colección sobrevivió en la clandestinidad frente a la propia cúpula del Grupo Volkswagen, cuyos ejecutivos alemanes aterrizaban en Barcelona convencidos de que la historia de Seat empezaba en 1990, cuando tomaron el control total de la marca. Lo anterior a su llegada era poco más que chatarra o un pasado Fiat prescindible.
El punto de inflexión llegó en 2003, cuando Fernando Salvador, jefe de comunicación de Seat, reveló la existencia de esta colección a Andreas Schleef, presidente de Seat entre 2001 y 2006. Schleef, que venía de Audi y había impulsado la división de clásicos Audi Tradition, comprendió inmediatamente el valor de aquel tesoro oculto. En 2004 ordenó agrupar todos los vehículos en la Nave A-127 y, dos años más tarde, en 2006, dispuso su traslado a la Nave A-122, donde permanece hasta hoy.
En 2010 nació oficialmente Seat Históricos, la división que desde entonces dirige Isidre López, procedente de Seat Sport. Bajo su liderazgo, un equipo dedicado no solo restaura y mantiene los coches, sino que también trabaja con bibliotecarios e historiadores que digitalizan y catalogan los archivos de la marca.
Un recorrido por siete décadas de automovilismo español
Los vehículos de la colección se distribuyen en cuatro largas filas dentro de la nave. Las dos primeras acogen modelos históricos de producción y los Seat más singulares, como el Panda 'Papamóvil' o el 1400 Sport Serra, una joya de la corona fabricada en solo 20 unidades por el carrocero Pedro Serra. Otra fila está dedicada a los modelos de competición, desde los míticos Fórmula 1430 que corrían por Montjuïc hasta el Córdoba World Rally Car de 1998, con 300 CV y tracción 4x4. La última fila alberga prototipos célebres que en muchas ocasiones dieron lugar a verdaderos coches superventas.
En sus pasillos convergen todas las caras de la España sobre ruedas. Los símbolos de la democratización del asfalto, encabezados por la evolución más refinada del Seat 600 D, comparten espacio con el lujo de representación de un 131 Diplomatic de 1980 o con guiños pop como el Ibiza del Sol, la primera edición limitada del modelo, lanzada en 1986 exclusivamente en un impoluto color blanco. No faltan tampoco las piezas de culto para mitómanos, como el Seat 124 GR.2, una rareza del automovilismo deportivo de la que solo se ensamblaron 829 unidades.
La colección también incluye prototipos que adelantaron su tiempo, como el Seat Altea Twin Drive de 2009, primer prototipo híbrido enchufable de la marca, que permitía circular en modo 100% eléctrico durante unos 30 kilómetros; el Seat Exeo ST V8 4x4, un proyecto conceptual radical sobre la base de la carrocería familiar con tracción 4x4 y motor V8 que nunca llegó a producción; o el Cupra León e-Racer, presentado en 2018 en Ginebra como el primer turismo de carreras 100% eléctrico del mundo, ganador de la Copa del Mundo FIA ETCR en 2021 y 2022. Este vídeo de la nave, publicado por SEAT en el año 2021 como conmemoración del 70 aniversario de la marca demuestra la grandeza de la A-122
Restauración artesanal y mantenimiento en perfecto estado
Cada vehículo que entra en la colección de Seat Históricos pasa por un proceso exhaustivo de restauración. El equipo desmonta por completo el coche, chorrea con arena la carrocería para retirar pintura y sanea la chapa antes de volver a imprimir y pintar. El motor se desmonta y reconstruye (adaptándolo al uso de gasolina sin plomo) antes de volver a montarlo, y finalmente se restaura el interior y los accesorios de la carrocería.
Este proceso puede durar entre tres y cuatro meses y más de un año, aunque la media de tiempo para una restauración exhaustiva es de un año. Los vehículos de SEAT más problemáticos son los de competición, de los que al ser unidades de muy baja producción apenas se encuentran repuestos, y los más antiguos, como los Seat 1400, de los que no existe prácticamente ningún recambio y de los que el equipo ha tenido que fabricar piezas concretas de forma artesanal.
Para la restauración, el equipo cuenta con copias de los planos originales de cada modelo, en los que, como curiosidad, han encontrado anotaciones e instrucciones de los ingenieros de aquella época. El resultado es una colección de vehículos que no solo se exhiben estáticos, sino que se mantienen en perfecto estado de funcionamiento, capaces de competir en un rally de asfalto, realizar una travesía por la península o cruzar el desierto de Marruecos.
Un espacio cerrado al público que abre sus puertas una vez al año
A pesar de su valor histórico y cultural, la Nave A-122 no está abierta al gran público de forma regular. Solo personalidades, visitas institucionales y, en ocasiones, la prensa especializada pueden visitarla bajo previa reserva. Sin embargo, existe una excepción anual que permite a los aficionados acceder a este tesoro oculto.
La nave se abre al público una única vez al año, el penúltimo fin de semana de octubre, con motivo de la celebración del festival de arquitectura 48h Open House Barcelona, organizado por el Ayuntamiento de la Ciudad Condal. El pretexto para visitar la fábrica de Seat Barcelona es que, durante su construcción en los años 50, contó con soluciones arquitectónicas singulares, pero la marca aprovecha esos días para abrir la nave y realizar varias visitas guiadas a la colección de Coches Históricos: cuatro el sábado y cuatro el domingo.
Las entradas, que hay que solicitar vía web, se agotan en segundos. Y no es para menos: la nave A-122 de SEAT y los tesoros automovilísticos que guarda bien lo valen. Isidre López, responsable de Seat Históricos, ha manifestado en repetidas ocasiones que la colección, por importancia e interés, debería estar abierta al público en un museo propio, tal como tienen otras marcas históricas europeas.
Ampliación reciente y futuro incierto
Lejos de ser un depósito estático, el espacio sigue cobrando vida. Apenas hace unos meses, en julio de este mismo año, la nave dio un salto cuantitativo con la llegada de 57 nuevos vehículos que elevan el catálogo expuesto a 241 unidades. Una ampliación récord que ha obligado a reordenar sus pasillos para hacer hueco a diez piezas especialmente exclusivas, rescatadas del olvido por su impecable estado o por marcar un punto de inflexión en la historia del fabricante.
Esta ampliación supone un reconocimiento a los trabajadores de la marca, a la tradición industrial de Barcelona y a los millones de conductores que han tenido y tienen un Seat en sus vidas. Sin embargo, la pregunta sobre cuándo se establecerá un museo propio de Seat en condiciones y abierto al público de forma permanente sigue sin respuesta.
Dos factores no juegan a favor de un museo abierto al público, como sí tienen otras marcas del Grupo Volkswagen. El primero es inherente a la historia de Seat: la mayor parte del museo estaría repleta de coches que, en el fondo, son básicamente modelos Fiat. El segundo factor está vinculado a la actualidad: desde el Grupo Volkswagen se potencia Cupra para que Seat pueda ser un actor relevante en la movilidad eléctrica.
Mientras Cupra mira al futuro eléctrico y la marca madre busca su sitio en la nueva movilidad, la Nave A-122 sigue siendo la única que custodia la respuesta a quiénes fuimos sobre cuatro ruedas. Aunque sea a puerta cerrada.
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