Pedro Sanchez fue el único en llegar a Ferraz en coche para esperar el recuento de las primarias porque lo suyo desde el principio ha sido una road movie.

En el tiempo que va del 29 de octubre, cuando dijo que cogería su coche «para recorrer de nuevo España y escuchar a los militantes», hasta que el 21 de mayo entró en Ferraz a esperar los resultados que le convertirían en el nuevo secretario general (nuevo por decir algo), hemos vivido el alumbramiento de un nuevo líder sietemesino.

Nada que ver el Sánchez que salió el 1 de octubre desahuciado con el que ocho meses más tarde se puso a cantar en Ferraz La Internacional con el puño en alto y la euforia que le daba saberse arropado por más del 50% de la militancia.

Lo más parecido a la unidad que prometía de palabra ha sido una foto con Susana Díaz y Patxi López, que más que un posado fue un robado porque no duró más que ocho tensos segundos. Un espejismo.

El poder es una burbuja engañosa llena del jabón que dan los que rodean al líder que se cree intocable

Esto podía acabar mal. O muy mal. Lo llevan diciendo algunas viejas glorias del PSOE desde que Sánchez anunciara que se presentaba a las primarias. Y al final ha sido muchísimo peor para los patriarcas de lo que incluso los susanistas más prudentes esperaban. Le pasó a la favorita lo mismo que a Hillary Clinton cuando estaba tan confiada de que ganaba que no se preocupó de hacer campaña hasta que fue demasiado tarde.

El aparato dio por muerto a Sánchez desde aquella entrevista que dio a Jordi Évole en Salvados. Y nunca se creyó del todo su resurrección porque el poder es una burbuja engañosa llena del jabón que dan los que rodean al líder que se cree intocable. Ni Susana Díaz ni el resto de la cúpula calcularon bien.

Pensaron que dejando pasar el tiempo se desinflaría el tirón pedrista de la militancia. Y de tanto decir que Sánchez era un bluf no le vieron tomar aire. Y cuanto más retrasaba la gestora la convocatoria del Congreso más tiempo tenía Sánchez para recomponerse con un relato épico que nunca antes había tenido.

Porque en octubre, cuando salió de Ferraz al paro, llegó a estar realmente hundido. Y en vez de dar un paso adelante entonces, cuando tuvo a tiro la victoria, Díaz prefirió saborear con calma su caída para verlo agonizar desde la barrera.

En vez de dar un paso adelante cuando tuvo a tiro la victoria, Díaz prefirió saborear con calma la caída de Sánchez

Creyó la presidenta andaluza que el calentón del #Noesno se le iría curando con el tiempo a la militancia igual que hace seis años Rubalcaba menospreció el movimiento 15-M. Pero dejar la vida pasar es un antídoto que solo le funciona a Rajoy.

Normal que todo haya salido un poco al revés, teniendo en cuenta que las primarias empezaron con el partido patas arriba. Como aquel lobito bueno al que contaba Goytisolo que maltrataban todos los corderos, aquí el outsider era un ex secretario general y la hija de fontanero la de la casta. Y como en el cuento al revés donde la bruja era hermosa y el pirata honrado, el bluf resultó ser el líder y la candidata más joven un símbolo del pasado.

Sánchez ha construido un discurso reyarturesco tremendamente resultón en estos tiempos basado en recuperar un trono legítimo que el establishment le arrebató. Y Díaz, tan convencida de que ganaría, ni siquiera hizo campaña. Porque recorrerse España abrazando gente no es una campaña. Le faltó un programa, una historia, un sueño.

Pedro era el sueño. Susana la razón. Y dónde vas a parar. La militancia ha preferido cerrar los ojos muy fuerte y dar un salto a lo desconocido a seguir como estaba.

Pero la road movie no acaba en Ferraz. Falta por ver si los votantes del PSOE están en sintonía con sus militantes. Si no, igual que en Thelma y Louise, el final del camino habrá sido un salto al vacío.