Ha tenido que ser Ramón Espinar, de los Espinar de toda la vida, quien tuiteara “con orgullo” contra la diputada canaria Ana Oramas agitando unos supuestos trapos sucios familiares por todo argumento.  De todos los diputados, de todos los partidos de todo el Parlamento, tenía que ser él.

El mensaje contiene un vídeo de 2015 en el que otro diputado de Podemos, el canario Alberto Gonzalez, cuenta la historia de su abuela Concha “que tenía la pobre los deditos reventados de artrosis” de tanto coser para una familia rica y despiadada, a la que acusa de haber maltratado a su abuela y de explotar laboralmente a las mujeres pobres de La Laguna. “¿Y cómo se llamaba esa familia”, pregunta González a un público entregado: “¡Oramas!”.

Los Oramas eran ricos y malvados y los Rodríguez los pobres pero honrados. Y hasta ahí la moraleja cenicientil de ese vídeo grabado hace un año y medio en un acto electoral del entonces candidato canario.

A Ramón Espinar, de los Espinar de toda la vida, le ha parecido oportuno recuperar ese vídeo para atacar a Ana Oramas porque a su juicio lo que explica el tono agresivo contra Pablo Iglesias de la diputada canaria es la “lucha de clases” de los tiempos de la abuela Concha.

Desconozco si la historia es cierta ni si esos Oramas son los abuelos de la ex alcaldesa de La Laguna. O si, como en aquella obra teatral del XIX, Ésos son otros López y éstos otros Oramas. En realidad, da igual. ¿O vamos ahora a juzgar a los políticos por lo que hacían sus abuelos? ¿O sus padres? ¿No crees, Ramón Espinar, de los Espinar de toda la vida?