Fue urdida con sigilo y trabajada durante meses, mucho antes del verano. El equipo que la llevó a cabo sabía perfectamente la forma de actuar del Gobierno central y también la posición general de los medios de comunicación, por ellos llamados “españoles”, cuando la llevaran a cabo. Cada titular que lanzaban con premeditación y alevosía seguía un destino final certero y predeterminado para llegar al caos, y de ahí a la independencia.

Todo empezó con la elección de Puigdemont para el cargo de president por parte de la CUP. Un jefe de los Mossos me contaba que para los de ese partido el actual presidente de la Generalitat es más radical que algunos de ellos. En una reunión inicial le prepararon la ruta para la independencia esperando que sólo accediera a la mitad de sus propuestas, pero la sorpresa para la CUP fue que en pocos minutos las había aceptado todas sin discusión. Tras encontrar a Puigdemont tan dispuesto incluso a ir a prisión o perder su patrimonio por ello –Artur Mas nunca lo estuvo-, marcaron su hoja de ruta con la ayuda de una presidenta del Parlament colocada para la ocasión. El referéndum era lo de menos, un paripé. Sabían lo que iba a suceder y lo provocaron. Hasta habían anunciado la huelga general del día 3 mucho antes de las cargas policiales y las utilizaron como pretexto para amplificar sus efectos.

Todo empezó con la elección de Puigdemont para el cargo de ‘president’ por parte de la CUP

Mientras las fuerzas de seguridad anunciaban la llegada a Catalunya el día 1 de 300 antisistema de toda Europa, añadidos a los cachorros de la CUP “Arran” y a numerosas organizaciones independentistas violentas, el día que debían mantenerse en guardia para facilitar la colocación de urnas y la apertura de colegios recibieron la orden de no salir de casa. Y la acataron.

Con la llegada de miles de efectivos policiales a Catalunya y la posición beligerante de una Fiscalía activa y no ausente como en el 9-N, dejaron hacer sin intervenir. Al presidente Rajoy le aseguraron en privado que los Mossos iban a defender la legalidad y se lo creyó. Muchos de ellos acudían atónitos en parejas, sin casco ni protección, a detener las votaciones en colegios electorales con cientos de personas esperándoles. Esa fue la trampa de Trapero, a quien le preocupa más su imagen pública y la de su cuerpo policial que no el futuro de Catalunya.

La mayoría de los Mossos se sienten utilizados por sus mandos políticos, que provocaron la reacción en cadena que vimos. Claro que algún Guardia Civil y Policía se sobrepasó, pero algún ciudadano también con ellos y siguen haciéndolo todavía en una venganza que fomenta el odio. Ese enfrentamiento era del todo evitable, pero fue provocado para enviar un mensaje a Europa. Hasta el lunes todos los gobiernos europeos le habían dado la espalda al Govern de la Generalitat y ahora la Comisión Europea ha advertido a Rajoy que, con violencia, no. El presidente del Gobierno no puede cometer más errores.

La trampa ha funcionado y como consecuencia de la retransmisión televisada de decenas de cargas policiales, ahora Guardia Civil y Policía, lo que TV3 llama “les forces de seguretat españoles” se encierra en sus cuarteles y les prohíben actuar, son acosados en los hoteles, expulsados de sus habitaciones por Ayuntamientos socialistas como el de Pineda de Mar, apedreados como en San Carles de la Rápita, Reus, Lleida, Calella… Nada es casual, forma parte de la trampa. En muchos de esos lugares, quienes iniciaron las algaradas frente a cuarteles, comisarías y hoteles fueron jóvenes llegados de fuera, no del pueblo. Kale borroka organizada y dirigida desde Barcelona como no habíamos visto nunca en Catalunya, la misma que inventó el eslogan “prensa española manipuladora”, curioso que lo digan en la tierra que ve cada día TV3, ejemplo de manipulación durante décadas.

La mayoría de los Mossos se sienten utilizados por sus mandos políticos, que provocaron la reacción en cadena que vimos

Estamos en un punto de no retorno donde sólo caben tres opciones: una, abandonar Catalunya a voluntad de la mitad de los catalanes que gobiernan fuera de la ley y fuera de Europa; la segunda opción sería retomar las competencias plenas el Gobierno central y actuar pase lo que pase con la fuerza de la ley y la Constitución; y la tercera y última, conseguir un mediador suficientemente influyente para que ambos gobiernos se sienten sin condiciones previas frente a una mesa.

Es curioso que quienes ocuparían esas sillas de privilegio son posiblemente los dos máximos representantes de los dos partidos más corruptos de España y quizá de Europa, el PP y el PDCAT, en ambas sedes ha entrado la Guardia Civil en más de una ocasión a registrar sus archivos y los dos tienen a algunos de sus miembros más destacados entre rejas. La diferencia es que mientras uno será eliminado de las instituciones por las urnas el otro ha cogido el atajo de la promulgación de leyes ilegales para avanzar a pasos de gigante hacia ninguna parte.

No son pocos los que ven tanta prisa en una fecha, el 1 de enero del 2018, cuando termina el secreto bancario en Andorra y la Agencia Tributaria podrá acceder a cuentas de particulares, empresas y gobiernos en el principado.

Los ciudadanos, votemos lo que votemos, seamos independentistas o constitucionalistas, los de derechas e izquierdas, incluidos mossos, guardias civiles, policías locales y policías nacionales somos la moneda de cambio de estos dos gobiernos que no quieren entenderse. Estamos siendo manipulados día tras día en base a un plan preestablecido en el que siempre ganan ellos. Quizá la única solución honrada es convocar elecciones autonómicas y nacionales para dejar claro de qué parte está la mayoría y los perdedores entonces, sean quienes sean, tendrán que acatar los resultados.