Que los nacionalismos están basados en leyendas y deformaciones de la Historia es una característica consustancial a cualquiera de sus expresiones en todo el mundo. Sucede en el caso español y cómo no en el catalán, que durante más de 300 años ha retorcido de manera indisimulada una interpretación más que libre de la Guerra de Sucesión, y de la querencia de ciertas élites de la época por los austrias sobre los borbones, para justificar una especificidad histórica irrenunciable. Aquel mito ya huele a cerrado. La nueva consigna trata de renovar el argumentario y cambiar de look para esquivar la caspa. 2017 será el nuevo 1714 para el independentismo catalán. Pero hay un problema: los hechos ahora son bastante menos épicos que entonces.

Para combatir ese obstáculo las élites independentistas utilizan a su favor las herramientas digitales y a un ejército de propagandistas. Muchos de ellos voluntarios. Otros tantos, adiestrados para la ocasión. No hay nada novedoso en esto, y poco criticable más allá de lo ético. Lo hemos visto recientemente en Estados Unidos y en Oriente Medio. Lo vimos en su día en las primaveras árabes y lo volveremos a ver en Rusia, en China o en la península de Corea. El único problema vendrá de la inacción si el Estado, como lleva haciendo desde hace décadas, deja sin respuesta argumental a fantasías como la que desde hace horas distribuye Òmnium Cultural, una de las asociaciones que actúan como brazo ejecutor de la hoja de ruta independentista diseñada por la Generalitat.

El vídeo Help Catalonia. Save Europe (Ayuden a Cataluña, salven a Europa) es un ejercicio propagandístico de manual. Tres minutos y 27 segundos de puro mito, leyenda y deformación de la Historia antes incluso de que se escriba. Un producto calcado a otros que ya hemos visto antes en Ucrania y en Venezuela: una actriz en primer plano, al borde de las lágrimas, con un discurso de intensidad creciente, voz rasgada e intercalado con imágenes de cargas policiales. Apela a la comunidad internacional, como si el escándalo en la comunidad internacional no fuera a provocarlo precisamente que Cataluña tenga siquiera la osadía de compararse con los baños de sangre que se produjeron y se producen en ambos países.

El vídeo subido por Òmnium a Youtube, por cierto, no admite comentarios. Ni votar: después de hacerse viral, y tras acumular 13.000 ‘me gusta’ y 17.000 ‘no me gusta’, ya no está disponible el contador de valoraciones.

El vídeo difundido por Òmnium plagia el argumentario y la factura técnica de otros distribuidos antes en Ucrania o Venezuela

El vídeo, además de poco original técnicamente, es una acumulación de mentiras. Aunque ninguna más grande que la primera, que insiste en el relato imperante entre el independentismo. «Nosotros, los catalanes», dice la actriz para arrogarse la voz de un pueblo unido y homogéneo que no existe, por más que insistan Òmnium en sus vídeos y Carles Puigdemont en sus discursos.

Lo hace como introducción a otra falacia: «Somos ciudadanos europeos y creemos en los valores europeos», que oculta que el actual gobierno de la Generalitat lo sostiene una formación profundamente antieuropeista como la CUP. Tampoco muestra el vídeo, cuando habla del europeísmo y las protestas pacíficas, los actos callejeros en los que se quemaron banderas de España, Francia y la Unión Europea.

Ni mucho menos se refiere la actriz al nuevo lema inoculado a base de mentiras entre los propagandistas indepes en las redes sociales: «Adiós Unión Europea, hola EFTA», que defiende que la imposibilidad de adherirse a la pérfida UE no supone ningún problema si Cataluña se suma al tratado de comercio firmado por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza. Una mentira alentada por el mismísimo Oriol Junqueras, que en su momento defendió que Cataluña no tendría que unirse a la Unión Europea porque nunca saldría de ella, y que ahora oculta que el EFTA no sirve de nada si no concede acceso al Espacio Económico Europeo, lo cual requiere aprobación unánime de todos los Estados miembros de la Unión.

El vídeo insiste también en el carácter pacifista y solidario del pueblo catalán, que parece contraponer al del resto de España. Lo hace con imágenes de manifestaciones «masivas» contra la guerra en Siria y a favor de la acogida de refugiados, como si esas mismas movilizaciones no se hubieran producido del mismo modo por todo el país.

La última mentira independentista, ya desmontada, vende el EFTA como la alternativa perfecta a la pérfida Unión Europea

La pieza utiliza como principal argumento para justificar el «ataque» del Gobierno español a los «valores catalanes» los vídeos de las cargas policiales del 1 de octubre, de los que la comunidad internacional ya ha dado buena cuenta. Tanto el Parlamento Europeo, como la Comisión y el Consejo han censurado el uso de la violencia, del mismo modo que lo ha hecho la prensa de todo el mundo. No hay nada nuevo en ese frente. Tampoco en el resto del argumentario: la apelación a Escocia y la burda referencia a las leyes aprobadas por el Parlament, silenciando a la oposición, contra el criterio de los propios Letrados de la Cámara e impidiendo los recursos del resto de partidos, que representaron una mayoría en votos el 27-S de 2015, al Comité de Garantías Estatutarias.

Miente el vídeo cuando dice que «el Gobierno español declaró ilegal el referéndum». No sólo porque el Tribunal Constitucional no es un órgano del Ejecutivo, sino porque en el momento de la publicación del vídeo la Ley del Referéndum ni siquiera había sido declarada inconstitucional, algo que ha sucedido hoy martes, estando hasta el momento simplemente suspendida.

Miente también cuando dice que la policía efectuó registros en «medios de comunicación favorables a la independencia». El registro sólo se produjo en la sede de un semanario donde se imprimían papeletas para el referéndum, y en el resto de medios no hubo registros sino visitas de paisano para informar de que incluir publicidad del referéndum suspendido podía constituir una ilegalidad.

El vídeo de Òmnium cae en mentiras flagrantes pero repetidas mil veces y vendidas entre lágrimas

Miente con mayor descaro aún cuando dice que «14 altos cargos del Gobierno fueron detenidos sin ninguna orden judicial». Esto, por supuesto, es directamente una invención: en todas las detenciones practicadas había una letrada judicial dando fe de las actuaciones, que se produjeron fruto de la investigación liderada desde el mes de febrero por el juzgado de instrucción número 13 de Barcelona.

Más previsible es el vídeo cuando asegura que las cargas del 1 de octubre constituyeron un nivel de violencia policial «nunca antes visto en un Estado miembro de la Unión Europea». Sin ir demasiado lejos, el gobierno holandés disolvió este año una manifestación favorable al gobierno turco utilizando perros y cañones de agua. En Francia, durante los últimos meses, los antidisturbios han utilizado cañones y gases lacrimógenos para disolver manifestaciones de todo tipo, que se han saldado con detenidos y heridos. En Hamburgo, en la cumbre del G20 de julio, se detuvo a 186 personas después de que casi 500 agentes resultaran heridos.

Podría haber hecho referencia también a las cargas de los Mossos en Plaza Cataluña en 2012, o mencionar siquiera de paso que de los atendidos el 1 de octubre sólo cuatro pasaron por el hospital, dos de ellos leves.

Europa ya conoce todos los argumentos que Òmnium vende entre lágrimas, y su reacción ha sido clara: sobre las emociones y el histerismo, en el continente prima el respeto a las leyes, a la Constitución Española en particular y al Estado de Derecho en general. Europa, para salvar a Cataluña, probablemente hiciera un vídeo pidiendo ayuda para las empresas que huyen, para las subvenciones que dejarán de llegar al campo y a los despachos de los medios que hoy distribuyen en portada el vídeo falaz como argumentario oficial.

En su búsqueda de referentes, la cuesta abajo del independentismo es preocupante. De los fracasos de Escocia y Quebéc se dio el salto al éxito de la ‘vía Eslovena’, regado en su tiempo de sangre, de muertos y de guerra. Olvidada esta, hay quien habla ya de la ‘vía Kosovo’, envalentonado por su carácter unilateral y por la presencia de sus selecciones en competiciones deportivas. Olvidadizo de la masacre, la limpieza étnica, el drama y la falta de reconocimiento que hoy siguen lastrando a la región más mísera de la Europa continental.

La estrategia ahora es plagiar los movimientos mediáticos ucranianos, los mismos que consiguieron hacer estallar una Guerra Civil en el corazón de Europa en pleno siglo XXI. Hay que salvar a Cataluña, es verdad. De la propaganda.