La Justicia empieza a tomar las primeras decisiones y el programa del separatismo sigue cumpliendo sus previsiones. Por lo tanto, al auto de la juez que envía a prisión sin fianza a los dos organizadores y directores de la movilización que intentó impedir que la Guardia Civil y la secretaria judicial cumplieran las órdenes emanadas de un juez, responden aplicando la plantilla que ya tenían preparada: en España vuelve a haber presos políticos; en este país se encarcela a las personas por sus ideas; Franco ha vuelto o directamente nunca se ha ido; el Gobierno representa a un Estado opresor y bla, bla, bla.

Es el mejor de los escenarios para los independentistas, que hacen del victimismo su baza más importante

Este era el mejor de los escenarios para los independentistas que ya se sabe que hacen del victimismo su baza más importante para generar el rencor de sus seguidores contra el verdugo señalado, que en este caso es España con todo lo que ella engloba. Pero es que, además, es propósito de los líderes secesionistas, que llevan muchos años preparándose para la llegada de este momento político, empujar al Gobierno a tomar medidas que les permitan a ellos presentarlo ante Europa y ante el mundo democrático en general como un gobierno que atenta contra los derechos fundamentales de la ciudadanía. Y en eso están.

Es inútil explicar que la juez de la Audiencia Nacional que ha decretado prisión provisional sin fianza es miembro de un Poder Judicial independiente del Poder Ejecutivo. Esas sutilezas no les interesan para vender lo que quieren vender, que es que ha sido Mariano Rajoy quien ha decidido meter en la cárcel a los señores Sánchez y Cuixart, presentados ya como «presos políticos».

Es inútil explicar que la juez de la Audiencia Nacional es miembro de un Poder Judicial independiente del Ejecutivo

Es inútil también intentar explicar que estos dos señores no han sido castigados por sus ideas, porque llevan mucho años defendiéndolas sin que ningún juez les haya sancionado por ello, y que por lo que han sido llevados a la cárcel de Soto del Real es por sus hechos, por haber dirigido a las masas en unas movilizaciones que no tuvieron nada de pacíficas, que destrozaron los coches de la Guardia Civil, que robaron su armamento y que obligaron a la ahora llamada letrada del juzgado, antes secretaria judicial, a huir por la azotea y conseguir escapar  confundida entre la gente que salía de un teatro. Y que forzaron a los miembros del instituto armado que estaban cumpliendo el mandato de un juez a permanecer dentro de la sede de la consejería de Economía hasta las siete de la mañana porque la multitud les impedía salir y amenazaba su seguridad. A ese asalto le llaman los independentistas «movilización pacífica».

Pero no es sólo eso: es que el delito de sedición está para ser aplicado a quienes «se alcen pública y tumultuariamente para impedir por la fuerza, o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad o funcionario público el cumplimiento de las resoluciones judiciales». Que fue exactamente lo que los señores Sánchez y Cuixart hicieron aquel día frente a la consejería  de Economía.

Sorprenden extraordinariamente los aspavientos de Iceta, que parece no querer entender que ésta no ha sido una decisión política sino judicial

La juez ha aplicado el Código Penal, que es lo que hacen los jueces en todo Estado de Derecho digno de tal nombre. Por eso sorprenden extraordinariamente los aspavientos hechos por el socialista catalán Miquel Iceta, que parece no querer entender que ésta no ha sido una decisión política sino judicial y que lo sucedido el 20 de septiembre encaja absolutamente en el delito de sedición,  artículo 544 del Código Penal.

Pero es que aquí la batalla es otra. La batalla está en tratar de desacreditar ante el mundo a la democracia española, cuyo ordenamiento es uno de los más garantistas de Europa, si no el que más. Y la explicación es que sin el apoyo o, por lo menos, la comprensión internacional el proyecto de secesión está irremisiblemente perdido.

Si no tiene interlocutores no existen, que es precisamente lo que les pasa ahora. Por lo tanto, y esto está escrito, su única salida está en «citar» al Estado, no sólo al Gobierno sino también a los jueces, al terreno de las sanciones que, por mucho que se atengan estrictamente a la legalidad, serán presentadas por ellos ante la población y ante la opinión pública mundial como resultado de un Gobierno opresor y totalitario.

Ya andan por ahí algunos comparando a Mariano Rajoy con el turco Erdogan y a la democracia española con Turquía, y eso que todavía no se ha empezado a aplicar el artículo 155.  Ésa es su política y ése es su proyecto.

Pero mientras las decisiones que adopte el Gobierno de acuerdo con los dos grandes partidos defensores de la Constitución no sean de cesión total al chantaje de los independentistas, tendrá que afrontar con serenidad y decisión la campaña de descrédito que ya le tienen preparada.

La acción de la Justicia que, como todos sabemos, sigue su curso inasequible y ajena a las circunstancias políticas, no se va a detener hasta no establecer -en este caso, en los anteriores y en los sucesivos- las responsabilidades a que hubiera lugar y decretar y hacer aplicar las sanciones correspondientes. Eso, que es inexorable, no va a hacer más que acentuar la vocación de víctimas profesionales de unas personas que ya han demostrado que no se atienen a ninguna ley ni respetan ni acatan ninguna norma, esté ésta dentro o fuera de la legalidad.

Será imprescindible mantener la posición con temple y sin miedo porque el miedo siempre trae consigo la derrota

Se comportan de acuerdo a lo que en cada instante les conviene, y no hay más que haber visto cómo han ninguneado y sometido al silencio a su propio Parlamento y cómo, con motivo de ese sucedáneo de referéndum, lo han validado sin más explicaciones ignorando así incluso sus propias e ilegales «leyes» recién aprobadas mediante procedimientos escandalosos e inadmisibles en cualquier país medianamente serio.

Es éste el adversario al que se enfrenta el Estado español. Quienes defendemos la Constitución como el marco que garantiza nuestras libertades públicas y nuestra convivencia en paz tenemos que saber que vamos a atravesar duras tormentas y vamos a padecer el bandolerismo mediático y propagandístico de unos guerrilleros que no tienen más recursos que la mentira y las trampas para intentar salir de su propio atolladero. Será imprescindible mantener la posición con temple y sin miedo porque el miedo siempre trae consigo la derrota.