En junio de 2013, un grupo de 800 personas ocuparon un cine abandonado del centro de Barcelona para proyectar un documental. El 17 de enero del 2015, la televisión pública de Cataluña, emitió el polémico documental Ciutat Morta, dirigido por dos habituales agitadores separatistas, Xavier Artigas y Xapo Ortega.

En dicho documental se relataban unos trágicos hechos que se vivieron en Barcelona el 4 de febrero de 2006. Aquella noche la policía disolvió una fiesta ilegal que se estaba organizando en un local okupado situado en la calle de Sant Pere més Baix, propiedad del Ayuntamiento. Una maceta arrojada desde la azotea, por el okupa Rodrigo Lanza, hirió gravemente a un guardia urbano de Barcelona, padre de 6 hijos, dejándolo parapléjico y en estado vegetativo.

Inmediatamente después de la bárbara agresión, siete jóvenes fueron detenidos, entre ellos el propio Lanza, y declarados culpables. Los jóvenes acabaron en el Hospital del Mar de Barcelona donde coincidieron con Patricia Heras, persona ajena a los graves disturbios y que había sufrido un accidente de bici, la policía pensó que también estaban involucrados en los hechos y acabaron en prisión y condenados en 2010. Heras se suicidó al salir de la cárcel un año después.Tres agentes testificaron que el okupa Rodrigo Lanza fue el autor de la pedrada que dejó tetrapléjico a su compañero. Los acusados dijeron que había sido una maceta lanzada desde uno de los balcones. Lanza fue condenado a prisión, pero un documental sobre su vida buscó su exculpación, argumentando la manipulación y la falsedad de las pruebas policiales.

La emisión del documental fue un éxito de audiencia y tuvo gran impacto en las redes

El documental no se hubiera emitido en la cadena pública sino hubiese existido la insistencia chantajista del entonces líder de la CUP David Fernández, socio preferente del gobierno separatista. La emisión del documental fue un éxito de audiencia, puesto que lo vieron 569.000 espectadores y tuvo una cuota del 20%, un dato histórico para una emisión del canal público catalán, además del enorme impacto en las redes sociales que lo convirtió en un auténtico fenómeno viral y de grave descalificación hacia todas las instituciones. «Es uno de los casos de corrupción policial, judicial y gubernamental más graves que ha vivido la ciudad de Barcelona en los últimos años», sentencia el final de la película Ciutat Morta, premiada en festivales como el de Málaga como mejor documental y Premio Ciutat de Barcelona. “El documental habla de la mentira, del montaje político y judicial, y de torturas”, expusieron los autores, en las innumerables ruedas de prensa que se hicieron.

La denuncia de un complot policial, político, mediático y judicial en el que un joven acusado fue víctima, centraba el guion peliculero. El acusado se llamaba Rodrigo Lanza, un okupa de origen chileno, se convirtió en el héroe de separatistas y progresistas varios que llenan los espacios mediáticos catalanes de odio antiespañol. Fue paseado por todos los medios públicos y privados catalanes como un héroe, víctima de un estado español opresor en el que la justicia reprime a los jóvenes que luchan por la libertad.

Jaume Asens, actual teniente de alcalde de Barcelona, fue el abogado defensor del okupa Rodrigo Lanza y también reclamó la revisión del caso al considerar que hubo fallos en la instrucción. También ejerció la defensa el abogado chileno Gonzalo Boye, que fue condenado a 14 años de prisión por el secuestro del empresario Emiliano Revilla. No olvidemos que Gonzalo Boye es el letrado de los ex consejeros Serret y Comín, y aconsejó al ex presidente Puigdemont sobre su fuga a Bélgica.

Una gigantesca ola de indignación se levantó en Cataluña después de la emisión del documental, hasta el punto que llevó al Parlament a hacer una insólita declaración a propuesta de la CUP, dónde se instaba a la Fiscalía a revisar todas las actuaciones por si el caso tuviera que ser reabierto, y se trasladaba al Ayuntamiento, que entre tanto también había enviado el documental al Ministerio Público, la conveniencia de llevar a cabo investigaciones sobre la actuación de la Guardia Urbana. Una semana después, el TSJC respondía con contundencia al vendaval de acusaciones que se habían dirigido contra las instancias judiciales desde la emisión de Ciutat Morta.

Lanza se trasladó a Zaragoza y encontró acomodo entre los antisistema maños

Ada Colau, líder de la entonces asociación Guanyem Barcelona, exigió actuaciones contra «los graves casos de corrupción» que denuncia el documental, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (Favb) pidió a la Fiscalía la reapertura del caso al valorar que existen elementos suficientes para reconsiderar las decisiones judiciales y abrir lo que consideran «un escalofriante montaje policial, político y judicial» y ERC solicitó la investigación de las prácticas oscuras de los cuerpos policiales en la acusación al joven Rodrigo Lanza, que se trasladó a Zaragoza, donde encontró trabajo y acomodo en el movimiento antisistema maño.

La madrugada del jueves 7 de diciembre, Víctor Laínez tomaba una cerveza en el bar El Tocadiscos de Zaragoza. Víctor, un catalán de Terrassa y residente en Zaragoza, vestía unos tirantes con la bandera de España. Un grave delito en la España del discurso buenista y progresista. Víctor apenas llevaba unos minutos en el local cuando entraron cuatro personas, dos chicos y dos chicas. Uno de ellos era Rodrigo Lanza. Miradas provocativas de los okupas, acusaciones de “facha”, insultos. Víctor decidió salir del bar.

La Policía Nacional detuvo el martes en Zaragoza a Lanza, acusado de asesinar a Víctor, al que agredió de forma cobarde y traicionera por la espalda. Es la primera víctima del proceso separatista. Un catalán que se sentía profundamente español, asesinado salvajemente por el delito de llevar unos tirantes con la bandera de España con simpatías y apoyos separatistas. Su asesino, un joven héroe de los separatistas catalanes.

Juan Salas es el nombre del policía municipal tetrapléjico. Víctor Laínez es el nombre del primer catalán asesinado.

No será el primer muerto. Vendrán más. Demasiado odio insuflado en la sociedad catalana. Avisados estamos. Esto será largo, muy largo.