Los militantes de Esquerra Republicana están dispuestos a todo para conseguir por cualquier procedimiento salir vencedores absolutos en estas elecciones. Así que, siguiendo lo que ya se ha convertido en una costumbre por la que no se han visto nunca en la obligación de dar explicaciones y de pedir perdón a la ciudadanía, se preparan a cara descubierta para manipular los datos electorales a poco que los presidentes de las mesas titubeen en los recuentos o muestren algún tipo de debilidad ante los apoderados de ERC, que están expresamente mandatados para camelarse al responsable del escrutinio y alterar en lo que puedan los votos en favor de su formación. La noticia publicada ayer por el diario El Mundo es de una extraordinaria importancia porque demuestra negro sobre blanco que quienes advertían de la necesidad de hacer un recuento paralelo para evitar posibles pucherazos son precisamente quienes se disponen a perpetrarlo porque pretenden alterar el recuento en su favor.

No es que nos coja el asunto por sorpresa porque llevamos varios años, y no digamos desde este mes de septiembre, asistiendo a un festival de mentiras engarzadas como las cerezas por los dirigentes secesionistas con el propósito de engordar su cesto de partidarios. Pero esto ya pasa de castaño oscuro porque esta vez se preparan nada menos que para alterar los resultados electorales, tarea para la que han preparado a sus apoderados. Un escándalo en toda regla que no acaba con este partido en la basura de las elecciones porque el grado de tragaderas que se ha impuesto en esta convocatoria catalana supera con mucho, con muchísimo, cualquier estándar democrático del mundo.

En vista de este espectáculo de corrupción política, practicado con total tranquilidad por sus responsables, quienes defendemos las opciones de los partidos políticos constitucionales no podemos más que felicitarnos por el acuerdo alcanzado por PP, PSOE y Ciudadanos -el primero y el único  hasta el momento- para ayudarse mutuamente en la tarea decisiva de garantizar que el recuento de los votos se va a hacer respetando la legalidad y, por lo tanto, sin trampas. Se trata de que en ninguna mesa de Cataluña se pueda perpetrar el fraude que planea ERC porque en todas y cada una de ellas haya un apoderado de uno de los tres partidos que cumplen la legalidad que esté en condiciones de impedir el atraco planeado. El acuerdo es anterior a la constatación de las intolerables intenciones de los de Esquerra pero ahora cobra especial trascendencia y pasa a ser particularmente imprescindible.

Es verdad que, como dice el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, el “recuento paralelo” que se dispone a hacer ERC, al margen del control habitual que los apoderados de los partidos ejercen normalmente en todas las elecciones celebradas en España, será nulo. Pero su propósito es claro: deslegitimar los resultados si éstos no le son favorables. Es una táctica que casa bien con la práctica llevada a cabo por los independentistas según la cuál todo vale si conviene a sus propósitos.

No descartemos una operación coordinada de deslegitimación de estas elecciones a cargo de los dirigentes del independentismo y sus palmeros

Si se han saltado las leyes y han acallado al Parlamento; si han desobedecido al Tribunal Constitucional; si han utilizado el dinero público que debería haber sido destinado a el gasto social para “engrasar” a las organizaciones de activistas callejeros pro independencia; si Puigdemont asegura que no ha votado porque no le han dejado cuando la verdad es que no lo ha hecho porque no ha querido; si el ex presidente huido de la Justicia se ha pasado por el arco de triunfo la jornada de reflexión y ha lanzado ayer otro mensaje electoral desde su refugio belga; si la ANC sigue enviando mensajes a sus militantes asegurándoles que su fantasmagórica república independiente catalana va a ser reconocida por la Unión Europea, ¿por qué se van a parar en minucias como el respeto al recuento electoral? No hay ningún motivo por el que vayan a dejar ahora de jugar con las cartas marcadas.

La legalidad se enfrenta hoy al desafío y a la amenaza de una actitud antisistema y alegal en la que están metidos de hoz y coz todas las formaciones independentistas. No descartemos, por eso, una operación coordinada de deslegitimación de estas elecciones a cargo de sus dirigentes y sus palmeros. PP, PSOE y Ciudadanos deben estar preparados para aguantar una embestida que, de todos modos, sólo se producirá si los perdedores son sus adversarios, es decir, ERC o JPCat. En caso contrario, si ganan las elecciones, entre el secesionismo reinará la tranquilidad y los comicios habrán cobrado repentinamente una autenticidad  fuera de toda duda. La misma que van a tener tanto si la secesión obtiene la mayoría de los votos como si es derrotada.