Ramón Espinar ha entrado en la campaña del 21-D justo a tiempo de la jornada de reflexión. No sabíamos cuánto le echábamos de menos hasta que ha aparecido. En las elecciones catalanas más atípicas de la historia, con un candidato en prisión y otro haciendo la campaña por Skype desde Bruselas, con dos bloques tan enfrentados que cualquier postura que no sea la suya es tachada de inmoral y con el color amarillo cautelarmente prohibido por la junta electoral para no politizar las luces navideñas, ya solo faltaba que entrara en escena el senador más metepatas de Podemos.

Que llamen pija a Arrimadas, que ha recibido insultos de facha a mala puta, no tendría por qué ser noticia

No ha habido muchas ocasiones en esta campaña en la que tanto se juega Cataluña de echarse unas risas. Hasta que ha llegado el secretario general de Podemos de la Comunidad de Madrid, afirmando en un acto en Rubí que Inés Arrimadas «no puede ser la presidenta de la Catalunya trabajadora, es una pija que se debe al Ibex 35”. Así lo recogía la cuenta de Twitter de @podem_cat antes de que el asunto se convirtiera en trending topic y tras el revuelo decidieran borrarlo. Espinar se ha limitado a explicar en su cuenta que no quiso personalizar el insulto. En vez de rectificarlo, lo extiende a todo el partido y en paz.

Que llamen pija a Arrimadas, que desde el referéndum del 1-O ha recibido insultos que van de facha a mala puta, no tendría por qué ser noticia en una campaña tan marrullera. Pero es que se lo dice Ramón Espinar, de los Espinar de toda la vida. El político de Podemos se hizo célebre hace un año cuando tuvo que explicar cómo ganó 20.000 euros por revender un piso de protección oficial nueve meses después de comprarlo. Por entonces tenía solo 23 años y ninguna nómina conocida, pero pudo adquirirlo por un préstamo familiar de 52.000 euros, algo que, según él: «No es una cantidad escandalosa».

Más psicoanálisis y menos Gramsci le ayudarían a entender por qué necesita ir llamando pijos a los que visten de Zara

Lleva tiempo el senador de Podemos insistiendo en esto de la lucha de clases. Pero no le tiene el pobre Espinar cogido del todo el punto al cliché proletario. Se esfuerza en lograrlo comiendo #mariscobaratísimo (él mismo subió a Instagram varias fotos de su comilona gallega con ese hashtag hace unos meses) y se disculpa cuando cae en la tentación imperialista de tomar Coca-Cola en el Senado después de que Podemos pidiera el boicot a la multinacional.

A Espinar le vendría bien cambiar Twitter por un diván. Más psicoanálisis y menos Gramsci le ayudarían a entender por qué necesita ir llamando pijos a los que visten de Zara, comen marisco no tan barato y beben Coca-Cola sin remordimientos.