Está visto que para un político se ha vuelto más peligroso aprobar un máster que suspenderlo. La carrera de Cristina Cifuentes, sin ir más lejos, atraviesa su peor crisis porque sacó un Notable. Si le hubieran puesto un cero, sin embargo, no tendría de qué preocuparse la presidenta de la Comunidad de Madrid. Nadie hubiera sospechado en España de un político iletrado.

Del título de Cifuentes se recela porque su máster es de la Universidad Rey Juan Carlos, una institución con fama de ser más pepista que el PP. Unas revelaciones de eldiario.es apuntan a una posible falsificación de dos de sus calificaciones que en 2014, dos años después de haberlo cursado, pasaron de ‘No Presentado’ a ‘Notable’. Cómo pudo presentar el Trabajo Final de Máster en 2012 constando entonces dos asignaturas sin aprobar es uno de los misterios sin resolver.

Para un político se ha vuelto más peligroso aprobar un máster que suspenderlo

La misma mañana en la que aparecieron esas informaciones, el rector de la Universidad, Javier Ramos, acompañado de dos catedráticos, comparecieron en una precipitada rueda de prensa para demostrar que la presidenta era una alumna más. Como si fuera de lo más habitual que salga un rector a resolver los malentendidos burocráticos del alumnado. Defendía Ramos que todo había sido un error de transcripción en las calificaciones y que en el título de «esa-alumna-de-la-que-usted-me-habla» no había ninguna irregularidad. Lo malo es que al día siguiente de avalar públicamente que todo estaba bien, la propia Universidad abrió una investigación para comprobarlo. De haber seguido el orden inverso tendrían, sin duda, más credibilidad.

Tampoco ayuda que el cambio de notas para subsanar el presunto error lo hiciera la funcionaria Amalia Calonge, que no trabaja en el campus de Vicálvaro en el que se impartía el máster sino en el de Alcorcón, y conoce a Cifuentes desde antes de que fuera un alto cargo del PP.

Según explicó la presidenta regional a través de un plasma, ella no es la única de los 21 alumnos que cursaron aquel máster que están afectados por errores en la calificación. Sin embargo, ninguno de estos otros estudiantes era delegado del Gobierno en Madrid en 2012 ni estaba a cargo del operativo de seguridad de los festejos de la victoria de España en la Eurocopa el 2 de julio, día que le tocó defender el Trabajo Final de Máster ante el tribunal de la Universidad. Cómo fue capaz de hacer ambas cosas a la vez estará sin duda entre las explicaciones que le pedirá la oposición a Cifuentes en el pleno extraordinario para aclarar este asunto que han convocado el próximo 4 de abril en la Asamblea de Madrid.

Nunca antes los políticos habían estado tan tentados de falsear los currículos a la baja

Que la política madrileña no sepa dónde está su Trabajo Fin de Máster, que podría haber perdido en alguna de sus tres mudanzas de los últimos seis años, tampoco ayuda a disipar las dudas. La Universidad, de momento, tampoco lo encuentra. Sin embargo, una semana después de que estallara el escándalo la presidenta ya ha dado permiso para publicarlo si apareciera, algo a lo que se mostró reticente cuando el día que estalló el escándalo David del Cura le preguntó por él en La Brújula de Onda Cero. Cifuentes no parecía acordarse en aquella entrevista, la única que ha dado hasta la fecha para explicarse, de qué iba su trabajo. Sí que recordaba, sin embargo, tener el acta que prueba haberlo entregado, que consta entre la documentación que ya ha presentado (sin sello ni registro oficial).

Los papeles aportados por Cifuentes para desacreditar las informaciones de eldiario.es, a cuyos periodistas la presidenta ha interpuesto una querella criminal, demuestran que Cifuentes obtuvo el máster, que es exactamente de lo que se le acusa. El verdadero escándalo que revela el caso Cifuentes es que un documento oficial de una universidad pública y las declaraciones de tres catedráticos, incluido el rector, tienen poco valor probatorio ante la opinión pública. Lo que se está poniendo en tela de juicio no es ya el futuro político de la presidenta de la Comunidad de Madrid, es una institución entera.

Así que si en los próximos días la Universidad Rey Juan Carlos no encuentra una explicación más convincente a todo esto, no sería de extrañar que a la vuelta de Semana Santa muchos altos cargos del PP que han obtenido sus títulos de máster en esta universidad vayan corriendo a revisar sus expedientes. El caso Cifuentes será un antes y un después. Nunca antes los políticos habían estado tan tentados de falsear los currículos a la baja.