¿Cómo alguien como Quim Torra ha llegado a ser candidato a presidir la Generalitat? ¿Por qué han caído tan bajo las expectativas de los independentistas al aceptar como Molt Honorable no ya a Puigdemont, sino al presidente del club de fans?

La respuesta a estas preguntas la dio el propio candidato en su discurso: “Excepcionalidad”. El independentismo, dirigido con autoridad desde Berlín, no quiere un gobierno que gestione las necesidades de los catalanes, ni siquiera un gobierno que recupere las instituciones tras el levantamiento del artículo 155, sino un comité de guerra contra el Estado, un soviet para la proclamación de la república, la libertad de los presos y el regreso de los exiliados.

Torra ha asumido su papel de presidente provisional con naturalidad, casi con orgullo: “El presidente legítimo es Puigdemont”, dijo en el Parlament al principio de su discurso, como para que nadie tuviera duda sobre su fidelidad perruna al hombre que pretende marcar los destinos de Cataluña haciendo creer a los nacionalistas que la independencia no sólo es posible, sino que ya se la puede tocar con los dedos de la mano.

El ex presidente de la Generalitat hubiera preferido ir directamente a elecciones. Cree que el independentismo revalidaría el triunfo que obtuvo el 21-D, incluso con mayor margen. Eso daría fuerza y legitimidad a su reclamación contra el Estado. ¿Cómo reaccionarían la mayoría de los gobiernos europeos ante esa eventualidad? Puigdemont piensa que ese escenario llevaría a la Unión Europea a establecer una mediación entre la Generalitat y el gobierno español. Es decir, al reconocimiento de facto de la bilateralidad, del doble poder en pie de igualdad.

Ha sido la amenaza de ruptura del frente anti español por parte de ERC, partido comparsa en esta fase del conflicto, lo que ha llevado a Puigdemont a aceptar proponer un candidato sin limitaciones penales (como lo eran Jordi Sánchez, Jordi Turull o él mismo), aunque con una trayectoria lo suficientemente nauseabunda como para que todos sepamos a qué atenernos.

Puigdemont ha diseñado con Torra un escenario de confrontación: su intención es convocar elecciones en otoño para hacerlas coincidir con el juicio oral contra los cabecillas del procés

¿Quiere ello decir que el ex president se conforma ahora con su papel como ministro plenipotenciario de la Generalitat con la misión de “internacionalizar” el conflicto? Ni mucho menos. Su hoja de ruta tan sólo ha sufrido una alteración momentánea, de calendario.

Él mismo hizo explícitos sus planes en una entrevista a La Stampa: Torra convocará elecciones en cinco meses “si el gobierno español sigue con la persecución”.

Si Torra cumple su palabra y da prioridad en su gobierno a la construcción de la república catalana, con un proceso constituyente incluido, Mariano Rajoy no tendrá más remedio que rescatar el 155 para restablecer la legalidad en Cataluña. Y eso es precisamente lo que pretende Puigdemont, provocar para que el gobierno español “siga con la persecución”. El victimismo es la mejor arma política del independentismo.

Puigdemont sabe que la intención del Tribunal Supremo es iniciar el juicio oral contra los imputados del procés en otoño, con lo que la convocatoria de elecciones en Cataluña coincidiría con la imagen de los jefes de la secesión sentados en el banquillo. ¿Puede aspirar el ex president a una campaña más efectista?

El gobierno sabe que esa es la aspiración del líder indiscutible del movimiento secesionista, que no sólo pretende derrotar políticamente al constitucionalismo, sino que espera que, como premio, se paralice el proceso judicial en el que está incurso. Ante esa perspectiva: ¿qué hará Rajoy?

El 155 como lo ha aplicado el gobierno no ha servido para mucho. Si Rajoy quiere frenar a los independentistas tendrá que asumir competencias en medios de comunicación y educación

Este sábado advirtió de que se aplicará la ley en Cataluña (“el 155 ya no es sólo un artículo de la Constitución, es un precedente”), lo cual no es decir mucho. ¿Se aplicará el 155 como hasta ahora? ¿Está acaso orgulloso el gobierno de cuál ha sido el resultado de la aplicación del 155?

Torra es el producto de la aplicación del 155 tal y como lo ha aplicado el gobierno. Si Rajoy se limita -como ha hecho hasta ahora- a la destitución del gobierno de la Generalitat y nada más, conseguirá dos cosas: darle a Puigdemont la excusa que necesita para convocar elecciones en octubre y desmovilizar a los constitucionalistas, que representan a más de la mitad de la población y que, lógicamente, pensarán que el Estado no tiene instrumentos suficientes como para detener a los que que quieren destruir la convivencia, creando una república con tintes xenófobos.

Si se cumplen las amenazas de Torra, Rajoy no tendrá más remedio que aplicar un 155 reforzado. Es decir, que quite a los independentistas el control de la educación y de los medios de comunicación. De lo contrario, estará dando por perdida la batalla de Cataluña. Probablemente, para siempre.