Venezuela es un país con más de 912.000  km2 y una población que rebasa los 30 millones de habitantes. Un país intensamente rico, no solo por el potencial humano que forjó en los tiempos de estabilidad democrática, sino por contar con ingentes recursos naturales, que van desde las reservas probadas de petróleo más grandes del planeta, hasta cuantiosos yacimientos de gas, minas de oro, diamante, hierro, bauxita, coltán y uranio.

Venezuela pasó de ser el país de América Latina con una de las democracias más sólidas y solventes a un país sometido por una feroz dictadura que mantiene secuestrados a más de 25 millones de ciudadanos, porque la triste realidad es que ya somos más de cuatro millones los compatriotas que nos hemos visto forzados a emigrar, huyendo de la hambruna, la escasez de medicinas, la violencia que desata la inseguridad que ampara el régimen, o simplemente escapando de la persecución política de una narcotirania que no tolera la disidencia.

Ya son miles los venezolanos que han escrito su nombre en el martirologio. En ese mapa de dolor están colgados las imágenes de Franklin Brito, un productor agropecuario que se inmoló cumpliendo rigurosamente una huelga de hambre, para denunciar el arrebato de su finca.

Pudiéramos también enumerar las decenas de nombres de estudiantes asesinados simplemente por reclamar su derecho a vivir en democracia. La historia de las agresiones perpetradas por el régimen conducido, primero por Chávez y ahora por Maduro está manchada por el encarcelamientos de centenares de venezolanos que ofrendan su sagrado derecho a la libertad por solamente opinar, porque en Venezuela, para la camarilla que apadrina el anacrónico proyecto del siglo XXI, opinar es un delito.

El propósito que siempre abrigó Chávez fue entronizarse en el poder aprovechándose de las virtudes de la democracia”

El propósito que siempre abrigó Chávez fue entronizarse en el poder, al que accedió mediante el método electoralista, aprovechándose de las virtudes de la democracia para luego engullir sus instituciones que dejaron de ser autónomas, pulverizando así el sacrosanto principio de separación de poderes.

Allí comienza la escalada autoritaria para establecer un régimen con fachada democrática pero con un desempeño absolutamente contrario a los principios y valores de una auténtica democracia: sin libertad de expresión, sin derecho de propiedad y sin disidencia política.

Esa es la tragedia que trae consigo el populismo mezclado con la demagogia, que le permite a líderes que se afanan en capturar el poder a costa de lo que sea, deslumbrando a los ciudadanos, sobre todo aquellos que se muestran incómodos con la corrupción y la pobreza que son criaderos de esos síntomas que incuban los falsos mesías que encabezan cabalgatas guiando a sus pueblos hacia abismos, como en el que ahora se hunde nuestro país.

Chávez y Maduro se afincan en el esquema de las hegemonías para desarrollar todo tipo de controles que limitan el ejercicio de la libertad como corresponde en una verdadera democracia.

Hegemonía sobre los poderes públicos que son vaciados de contenido y por ende desaparece la seguridad jurídica. Hegemonía comunicacional asfixiando la indispensable libertad de expresión para cercar los medios de comunicación y usarlos a su antojo. Hegemonía financiera, disponiendo de los dineros públicos sin rendir cuentas a nadie porque se sienten que están por encima de la mismísima constitución nacional. Hegemonía policial, creando grupos de milicianos que equipan con armas de fuego y les otorgan impunidad para agredir a los disidentes, todo en nombre de ”la revolución”.

El desprestigio de la claque gobernante está desparramado por todo el mundo donde ya no se vacila en caracterizarla de dictatorial y relacionarla con narcotráfico, corrupción y terrorismo.

Solicitamos a la comunidad internacional que active el principio de intervención humanitaria”

En medio de este patético cuadro la dictadura venezolana pretende entronizarse en el poder manipulando escenarios de diálogos, cerrando salidas cívicas y organizando elecciones que no son más que una burda farsa continuada. Por tal razón la inmensa mayoría de los ciudadanos nos declaramos en rebelión electoral para desconocer esas ilegítimas consultas, con la firme convicción de que mientras Maduro usurpe el poder no habrá elecciones libres en nuestro país.

Por eso solicitamos a la comunidad internacional la activación del principio de intervención humanitaria que haga posible desarrollar el concepto de “Responsabilidad de Proteger” para salvaguardar a un pueblo martirizado por funcionarios perversos que no repararán en los daños que infringen a las personas, porque solo los obsesiona la idea de preservar el poder.


Antonio Ledezma es alcalde metropolitano de Caracas. Exiliado político en España.