Ardua tarea la de implementar la República y obedecer al mandato popular del 1 de Octubre. No le arriendo el verano a Quim Torra, de tan atareado. En ese afán de romper con España, sus valores y su cosa, el president se presta a las performances más rompedoras. Tan pronto publica un artículo al unísono en toda la prensa del movimiento, como quien edita el NO-DO, que se empapa la solapa bebiendo agua de un botijo rodeado de curas, crucifijos y concejales de la CUP. Llevábamos años pensando que la independencia era del país, pero empieza a sospecharse que era del espacio-tiempo.

Lo confirmó este lunes El Nacional, convertido en guardián moral de las esencias independentistas. Le afearon al exconsejero Santi Vila que pase sus vacaciones en un barco mientras sus excompañeros de Govern se achicharran entre rejas o se marchitan en Bélgica, acordándose a cada instante de la Costa Brava mientras se asoman con nostalgia al balcón de Waterloo, que no es lo mismo ni parecido.

Lo hicieron con un tono cómico de tan rancio. «Las vacaciones de Santi Vila con jóvenes semidesnudos (y su Govern en la cárcel)», decía el periódico en un tweet (borrado) rotundo, editorializante, de enmarcar. Enigmático también: no queda claro el reproche. Puede ser que alquilar un barco ayude menos a «hacer República» que bendecir botijos. O que lo censurable sea darse un chapuzón en bañador y no en traje color pastel, como Torra.

El problema es ser un traidor: Vila ya no puede disfrutar de sus vacaciones sin que la censura las reduzca a una crónica rijosa de folletín tardofranquista o VHS porno

En realidad el problema es ser un traidor. Le pasó a Iceta, al que quisieron prohibir que bailara, y le pasa a Vila, que ya no puede disfrutar de sus vacaciones como le venga en gana sin que la censura las reduzca a una crónica rijosa, como de folletín tardofranquista o de reverso de cinta VHS porno. Por eso no hubo problema cuando el propio Torra y Artur Mas se bañaron, también ‘semidesnudos’ y rodeados de otros hombres ‘semidesnudos’, en la Barceloneta, a principios de julio. También entonces estaba el Govern en la cárcel, pero no importó.

Por esto le pueden preguntar a Albert Rivera, sometido igualmente -cómo no- al examen veraniego del independentismo, que se entretiene con lo rosa mientras mantiene el Parlament cerrado para no pelearse en público. El presidente de Ciudadanos está de vacaciones con su familia en Menorca y ha asumido el «riesgo» de contarlo en Instagram. Sorpresa: no ha pasado el corte de El Nacional, desencantado con algunas de sus publicaciones.

Dice el digital que «una cosa es subir fotos con la familia, disfrutando del horizonte y la tranquilidad, y otra grabar un stories posando con cara de circunstancia, o de patrón loco de crucero, sin decir ni mú, haciendo una panorámica para ver las vistas y volviendo a uno mismo haciendo el símbolo del like y levantando una ceja como Carlos Sobera o José Luis Rodríguez Zapatero». La de realizadores e influencers que nos ha ahorrado el procés. Me quedo mucho más tranquilo.