Hace ya 16 días que Pedro Sánchez aterrizó en Rota con el Falcon, esa evolución del transporte público casi tan rápida como el Hyperloop. El presidente se aferra a las costas de Cádiz como a una encuesta favorable mientras negocia la acogida 2.0 del Aquarius y escucha con sordina el ajetreo de pateras y CIE’s en Algeciras, donde su alcalde vocifera pidiendo ayuda, en alto, para ver si el grito esquiva a los bañistas de la duna de Bolonia, de Zahara, de Chiclana y del Puerto y le llega al presidente, allá en Sanlúcar de Barrameda.

La está echando larga Sánchez, preocupado al menos en demostrar al contribuyente que su dinero está bien invertido en el asueto de su líder político. Al esquivar por fechas el Tour, la Vuelta y el Mundial de fútbol, asuntos que habrían mantenido a Mariano Rajoy muy lejos de la pegajosa y molesta arena, Sánchez se ha labrado con constancia y tesón un moreno asombroso, uniforme, concluyente y sanísimo.

Sánchez todavía tiene tiempo y lugares donde consolidar ese moreno envidiable, pero cuidado: el bronceado en España es cosa de expresidentes

Lo exhibió este fin de semana en Twitter, donde colgó una foto con la alcaldesa de Almonte y el alcalde de Sanlúcar. En la instantánea se deslizaba un detalle: o hizo maleta ligera o se le ha alargado tanto la vacación que ha terminado obligado a repetir look en público. El presidente posaba con pantalón rojo y camisa azul, el mismo atuendo estival y desenfadado con el que acompañó a Angela Merkel a ver linces en Doñana.

No saben los presidentes españoles la suerte que tienen de que la mandamás europea esté tan ávida de roadtrip ibérico. Se pliega con facilidad a eso de quedar en los lugares de veraneo, potencialmente superiores en todo a ese Madrid en agosto que sólo defienden quienes mienten o quienes no tienen más remedio. Ya quedó patente cuando se fue a patear Galicia con Rajoy, y a buen seguro habrá consultado con asiduidad las redes sociales de Pablo Casado y Albert Rivera para valorar nuevos destinos.

Tampoco le gusta esa capital agosteña a Sánchez, que organiza un regreso escalonado mientras medita trasladar las Cortes a Cádiz, como recuerdo a la Pepa y como guiño descentralizador. Se va a ir de ‘retiro rural’ con sus ministros a Toledo y, posteriormente, de gira por Chile, Bolivia, Colombia y Costa Rica hasta el mismísimo día 31, operación retorno en toda su gloria, aunque sin los disturbios de la A-3, la A-6 y resto de ratoneras patrias.

El líder socialista todavía tiene tiempo y lugares donde consolidar ese moreno envidiable, pero cuidado: el bronceado en España es cosa de expresidentes. Nunca olvidaremos a ese Felipe González abandonado al sol en la popa de su yate, ni a ese José María Aznar musculado y con tono de piel como de finalista del Mr.Olympia. Verás cuando fotografíen a Zapatero en un resort de Chichiriviche…