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Opinión, Política

Fake News: la mentira como arma política letal

Las informaciones falsas o bulos siempre han existido. Pero su difusión masiva es un fenómeno relativamente reciente y se ha hecho posible gracias a la popularización de  las redes sociales: Facebook, Twitter, WhatsApp, etc.

El bulo es tan contagioso como un peligroso virus y, a la vez, se ha convertido en un arma destructiva sin precedentes al alcance de las grandes empresas, los gobiernos e incluso de cualquier ciudadano.

Según publicó The Guardian (20 de julio de 2018), más de 20 personas fueron linchadas en sólo dos meses en India después de haber sido acusadas de secuestro de menores. Esos bulos se difundieron a través de WhatsApp.

El acceso a la información, gracias a Internet, es muy fácil y, por tanto, se ha masificado gracias al uso de los móviles. Según los datos del informe anual de Mobile Economy, el número de usuarios en 2017 se elevaba a 5.000 millones, de los que el 60% son teléfonos inteligentes. Ese fenómeno tiene sus consecuencias: cada minuto se realizan 3,5 millones de búsquedas en Google, se producen 900.000 accesos a Facebook y se envían 156 millones de emails.

El bulo se ha convertido en un arma destructiva sin precedentes al alcance de grandes empresas, gobiernos e incluso ciudadanos

Pero, para el fenómeno de las noticias falsas, más importante aún el uso masivo de internet, lo es el cambio que se ha operado en la manera de acceder a la información por parte de los ciudadanos. Los medios clásicos (fundamentalmente los periódicos), han perdido su hegemonía como principales suministradores de noticias. Según un informe de Pew Research Centre (publicado en agosto de 2017), dos tercios de los norteamericanos se informan sólo a través de las redes sociales.

¿Por qué proliferan las ‘fake news’?

Aunque los bulos son tan viejos como el mundo, la expresión Fake News  (noticias falsas) es relativamente reciente y se ha hecho conocido en todo el mundo. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, lo ha utilizado hace unos días para descalificar a los medios que publicaron la noticia sobre el plagio de su tesis doctoral. Según el diccionario Collins la expresión fake new fue la más utilizada en 2017.

Pero ¿cómo y por qué se ha producido este auge de los bulos?

En primer lugar, porque a la mayoría de los ciudadanos no le resulta fácil distinguir lo que es cierto de lo que no lo es. Según el Estudio sobre las fake news en España (elaborado en 2017 por Simple Lógica y la Universidad Complutense de Madrid) en España un 86% de la población no es capaz de distinguir una información verdadera de una falsa.

Las noticias falsas proliferan por la predisposición a creer lo que refuerza nuestras opiniones

El futuro suena aún más aterrador: la Consultora Gartner, en sus Predicciones Tecnológicas publicadas este mismo año, prevé que en 2022 en los países occidentales se consumirán más noticias falsas que auténticas.

En segundo lugar, las noticias falsas proliferan por la predisposición a creer lo que refuerza nuestras opiniones. Los medios difícilmente cambian las opiniones de las personas, pero sí las refuerzan. Por ejemplo, los votantes del PP tenderán a magnificar el supuesto plagio de la tesis de Pedro Sánchez, mientras que se inclinarán a considerar como un tema menor las aparentes facilidades que le proporcionó la Universidad Rey Juan Carlos a Pablo Casado.

Por esa razón es tan importante para las empresas o los grupos políticos que recurren como herramienta a las noticias falsas saber cuál es la tendencia política de los ciudadanos a los que van a inocular sus mensajes. Y ahí es donde intervienen las redes sociales, sobre todo Facebook, que tiene los perfiles de 2.100 millones de personas en todos el mundo.

En tercer lugar, el éxito de la mentira se explica porque políticamente es muy rentable.

Tal vez la mayor fake new de los últimos 20 años fue que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva escondidas en Irak. Ese falaz argumento fue la palanca para lanzar la invasión de Irak con un despliegue militar no conocido desde la guerra de Vietnam y en el que multitud de países (como España) se enrolaron al creer a pies juntillas que esa información era verdadera e indiscutible.

Cuando eso ocurrió, no estaba de moda hablar de Fake News. Pero no cabe duda que si hay alguien experto en usar ese recurso son los servicios secretos y, sobre todo, la CIA.

Las noticias falsas y la política

Cada vez con mayor frecuencia las noticias falsas se utilizan para interferir en las campañas políticas, convirtiéndose en un arma muy eficaz.

-Lo vimos en las últimas elecciones norteamericanas, en las que, entre los artículos más leídos, pudimos leer bulos como, por ejemplo: “El papa Francisco sorprende al mundo y apoya a Donald Trump para la presidencia” (ese fake tuvo 960.000 interacciones en Facebook, según Buzzfeed). Julian Assange, un adicto a los bulos, publicó que había 1.700 correros que conectaban a Hilary Clinton con Libia, Siria, Al Qaeda y el ISIS.

-Lo hemos visto en la campaña del Brexit, con el escándalo de Cambridge Analytica, al que ahora me referiré.

-Con motivo del referéndum del 1-O en Cataluña, se publicaron en las redes multitud de fotos de heridos que no se correspondían con los enfrentamientos que se produjeron ese día. El propio Assange se refirió a la Guardia Civil como Navy Seals (el cuerpo de élite de la marina norteamericana). Según un informe del gobierno, ese bulo de Assange se convirtió en la cuarta información más compartida en las redes sobre los sucesos del 1-O.

-También lo hemos visto en la precampaña de las elecciones italianas. Según la empresa Alto Analítica entre el 1 de febrero y el 31 de julio de 2017 se produjo un intenso debate sobre inmigración en las redes (sobre todo tweeter). A pesar de que la comunidad de los anti inmigración era mucho menor que la que defendía la llegada de inmigrantes, los primeros generaron 2,5 veces más tweets (469.881). La versión italiana de Sputnik se convirtió durante esos meses en el segundo sitio de internet más visitado después de Huffington Post Italy. Entre las noticias falsas lanzadas por los anti inmigración se encuentra esta: “Bill Gates llama a salvar Europa de los inmigrantes”.

Cada vez con mayor frecuencia las noticias falsas se utilizan para interferir en las campañas políticas, convirtiéndose en un arma muy eficaz

El escándalo de la empresa Cambridge Analytica, que estalló a principios de este año, ha puesto de manifiesto como la campaña política a favor de la salida del Reino Unido de la UE se financió no sólo con mucho dinero, sino que muy probablemente vulnerando la legislación británica sobre referéndums. Todo ello, con la colaboración de Facebook, que, por acción u omisión, permitió que se utilizaran con un fin político los perfiles de sus usuarios sin que estos lo supieran.

Cambridge Analytica accedió a 50 millones de esos perfiles para  seleccionarlos en función de sus preferencias políticas y así poder dirigir la campaña a favor de la salida de la UE de forma mucho más eficiente.

El escándalo de Cambridge Analytica también destapó que uno de los servicios que ofrecía abiertamente la empresa británica a sus clientes era la fabricación y difusión de noticias falsas.

Ya no hace falta que un rival político tenga un pasado oscuro o un affaire con su secretaria, basta con fabricar esas mentiras para destruirle.

La conclusión es dramática: tanto en la campaña de EEUU, como en la del Brexit, en la precampaña de las elecciones en Italia, o en la mala imagen de España que se generó a partir del 1-O, las mentiras han salido triunfantes.

Noticias Falsas, democracia y buen periodismo

La prensa de calidad ha sido históricamente el mejor blindaje contra los bulos. Los grandes periódicos, de todas las tendencias, siempre han llevado a gala dar prioridad a los hechos sobre las opiniones. Pero Internet provocó una revolución sin precedentes. La gratuidad del acceso a la información trajo consigo la aparición de miles de medios digitales teledirigidos por oscuros intereses y la llamada desintermediación: cualquiera puede ser periodista.

La elección de Trump como presidente de Estados Unidos fue una sorpresa para casi todo el mundo. Sobre todo, porque esa victoria se logró  contra a los 250 medios más poderosos  (incluyendo a The New York Times, The Washington Post o la CNN). El presidente norteamericano demostró que hoy, haciendo uso espurio de las redes sociales y contando con periódicos digitales militantes dispuestos a todo, se puede ganar el favor de una masa suficiente como para ganar las elecciones. Hay que recordar que el Brexit también ganó contra la opinión del Partido Conservador (la derrota provocó la dimisión de David Cameron), del Partido Laborista y de las principales organizaciones sindicales y empresariales británicas.

Lo que algunos llaman “democratización” de la información y de la influencia no es más que una anarquía orquestada por fuerzas ocultas. La extrema derecha, los antisistema de extrema izquierda, incluso los gobiernos de algunos países que ocultan su identidad tras webs como Sputnik, mueven los hilos en las redes utilizando para el logro de sus fines y sin rubor bulos y medias verdades. El resurgimiento del nacionalismo en Europa es un caldo de cultivo ideal para la difusión de la mentira.

Cuando hablamos de información no estamos hablando de un negocio, sino de un derecho de los ciudadanos

El periodismo es uno de los pilares fundamentales de la democracia. La libertad de prensa es un derecho constitucional en España. Por tanto, cuando hablamos de información no estamos hablando de un negocio, sino de un derecho de los ciudadanos.

La caída de la difusión de los publicaciones de papel junto al desplome de la publicidad, etc. han llevado al cierre de algunas cabeceras históricas como Interviú, Tiempo o El Correo de Andalucía. En las redacciones se trabaja bajo presión por el miedo a los recortes. La eclosión de las redes y la desintermediación no sólo han ido en detrimento de la calidad de la información, sino que la han convertido en un producto low cost para el que ya no hacen falta buenos periodistas.

En la película Los archivos del Pentágono, hay una escena en la que un grupo de consejeros le reprochan a la editora de The Washington Post el elevado sueldo de los periodistas, a lo que Katharine Graham contesta: “Nuestros lectores son de calidad y, por tanto, nuestros periodistas también tienen que ser de calidad”.

¿Son conscientes los gobiernos, los grandes partidos, los movimientos sociales, los empresarios, del riesgo que corren los estados democráticos si la tendencia a la masificación de la mentira sigue creciendo como lo ha venido haciendo en los últimos año? Desgraciadamente, mi opinión es que no.

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