No hay nada más fiable que los números cuando vienen avalados por fuentes solventes y alejadas por lo tanto de cualquier otro interés que no sea el de reflejar la realidad. Y los números que publica hoy aquí Olga Rodríguez dibujan un panorama que nada tiene que ver con las versiones políticas que se han manejado muy insistentemente a lo largo de los últimos años. En concreto, desde que España empezó a padecer los estragos de la crisis anterior en el año 2008.

Según esa versión, naturalmente interesada y que circula estos días con su correspondiente carga de pasión habida cuenta de la crisis sanitaria que estamos hoy padeciendo, lo que sucede ahora -la falta de camas de UCI, la falta de personal sanitario- es consecuencia directa de los irresponsables recortes que hizo el Partido Popular, enemigo declarado según esta versión de la sanidad pública y corruptamente aliado de los negocios que la privatización de la sanidad deparó a muchos de los miembros de esa formación.

Esta es la versión que circula por las redes, en ocasiones con muy buena factura en los montajes audiovisuales, y ésta es también la versión que nos transmiten muchos de los entrevistados estos días a pie de hospital por los periodistas. Y, sin embargo, es falsa. Es mentira, o por lo menos lo es en lo que se refiere a la comunidad más vapuleada por la izquierda de todas las que componen la España autonómica: la comunidad de Madrid.

La Andalucía gobernada por el PSOE fue la comunidad que le metió el mayor tajo a los presupuestos de Sanidad

Digamos de antemano que aquella crisis que dio comienzo en septiembre de 2008 cuando un gigante financiero, Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de EEUU, se declaró en bancarrota y provocó un seismo que causó profundísimos daños en la economía mundial los causó también, cómo no, y de una manera trágica en la economía española. A partir de aquel momento se produjo el punto de no retorno y en nuestro país las estructuras financieras cayeron en picado junto con el conjunto de los indicadores económicos. Baste recordar como muestra que el paro en España, que en 2007 era de un 8% de la población activa, llegó a alcanzar en 2013 la aterradora cifra del 27% y se entró en una espiral de recesiones que afectaron a todo el sistema.

Por eso no tiene nada de sorprendente que los responsables políticos se vieran obligados a hacer recortes, también en el gasto sanitario. No se trata aquí por lo tanto de devolver la pelota acusatoria y lanzársela a los dirigentes de aquella época sino de desmontar las manipulaciones interesadas que con un afán puramente político de desacreditar al adversario se multiplican desde entonces por parte de la izquierda española.

Hay que decir que el gasto en la sanidad pública es desde 2002, bajo la presidencia de José María Aznar, que se lo transfirió a las diez comunidades que aún no la habían asumido, competencia de los gobiernos autonómicos. Y es en ellas en las que nos tenemos que fijar.

Resulta que la comunidad que más redujo el gasto en salud pública entre 2008 y 2017, año en que España había salido ya prácticamente de la profunda crisis padecida, fue Andalucía. La Andalucía gobernada por el PSOE fue la comunidad que le metió el mayor tajo a los presupuestos de Sanidad. Y que la consejera de Salud y Bienestar Social de la Junta era la hoy ministra de Hacienda del Gobierno de España, María Jesús Montero, que ocupó ese cargo durante nada menos que nueve años, de 2004 a 2013, en gobiernos presididos primero por Manuel Chaves y luego por José Antonio Griñán. Es decir, que la señora Montero tiene que asumir que fue ella la que pilotó durante los años más negros de la crisis el gran hachazo que se infligió en su tierra a la sanidad pública, el mayor recorte de toda España.

En Madrid no solo no se han producido recortes en ese periodo sino que el gasto en sanidad se ha incrementado nada menos que en un 9%.

Insisto en que no se trata ahora de acusar a nadie de las medidas durísimas que se tomaron en aquellos años. Pero sí se trata de acusar de manipulación política y de falsedad a quienes difunden datos que no se corresponden con la realidad y también a quienes la permiten. Y la señora Montero es una de esas personas porque ni yo ni nadie la ha oído nunca asumir esos recortes ni responsabilizarse de ellos. No fue Madrid quien recortó más que nadie. De hecho -luego lo veremos- no fue Madrid quien recortó.

Y como no tengo ningún interés en defender a ningún partido político sino en honrar a la verdad, añadirá que, después de La Rioja, fue Castilla-La Mancha la comunidad que metió un mayor tijeretazo al gasto sanitario: un 3% en todo ese período, aunque la mitad que Andalucía. Pero desde 2011 a 2015, la legislatura en la que la comunidad castellano manchega estuvo presidida por María Dolores de Cospedal, el gasto total en la sanidad pública se redujo en un 12,18%, de 3.067.000.000 euros a 2.672.000.000. Así pues, Cospedal comparte con su predecesor en la presidencia de la comunidad, José María Barreda, la responsabilidad del recorte del gasto en su comunidad. A cada uno lo suyo.

Ahora vamos a la comunidad de Madrid, tradicionalmente denostada por todos los portavoces de la izquierda .Y resulta que en Madrid no solo no se han producido recortes en ese periodo sino que, según los datos proporcionados por el ministerio del ramo, el gasto en sanidad se ha incrementado nada menos que en un 9%.

Ahora habrá quien reproche a los presidentes autonómicos madrileños su decisión de abrir a la empresa privada la gestión de determinados hospitales públicos. Pero esa no es la discusión. La discusión está en los reproches que se hacen continuamente a los presidentes madrileños que desde 1.995 siempre han pertenecido al PP , y de ahí las acusaciones de la izquierda militante a «la derecha» corrupta e insensible a las necesidades de la población. Pero es mentira, la comunidad de Madrid ha incrementado muy notablemente, y un 9% lo es, el presupuesto en la sanidad pública. Y eso también hay que decirlo, más que nada porque es la verdad.

Pero como sabemos desde los tiempos de Joseph Goebbels, a quien se atribuye la frase de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, en el caso de la comunidad de Madrid hemos tenido la ocasión de comprobar que es así. Casi cualquier madrileño al que se preguntara hoy por la calle diría que sí, que en su comunidad ha habido muchos y graves recortes en la sanidad pública y que, por culpa de esos recortes, las UCI de los hospitales están ahora mismo colapsadas. El madrileño en cuestión no estaría mintiendo, sencillamente estaría demostrando sin quererlo la muchísima razón que tuvo el propagandista nazi al decir lo que parece que dijo.

Lo que conviene subrayar en este momento preciso es que ahora mismo estamos ante el intento de desviar el descontento, más bien la indignación, popular ante los retrasos del Gobierno en reaccionar a la amenaza de este coronavirus que tantas muertes y tantos desgarros nos está causando. Se trata de enfocar hacia el PP, hacia «la derecha» en el lenguaje utilizado últimamente por los partidos de izquierdas, la responsabilidad de todo lo malo que nos pueda estar sucediendo en estos momentos. Y ésta de los recortes en la sanidad pública es un arma de eficacia contrastada. Pero es un arma que dispara falsedades.

Así que la próxima vez que escuchen por televisión o reciban en su móvil esa acusación a los recortes infligidos a la sanidad de Madrid por los gobiernos de «la derecha» causantes del colapso hospitalario producido por el coronavirus, acuérdense un poco de Goebbels pero acuérdense también, y más intensamente, de que no hay nada más fiable que los números cuando proceden de fuentes solventes. Como es el caso.