En 1967 una serie de Televisión Española sobrecogió al país. Se titulaba ¿Es usted el asesino?, y estaba dirigida por el genial Narciso Ibáñez Menta. ¿La trama? La aparición de sucesivos cadáveres en las calles y la falta de pistas provocaba la psicósis generalizada sobre quién podría ser el asesino en serie. Podría ser cualquiera. Incluso usted.

Las situaciones de estrés y miedo generan extraños, cuando no violentos, comportamientos. Y eso es justamente lo que está ocurriendo con el coronavirus. Todo el mundo quiere saber quién es el culpable de la muerte de un familiar, de un amigo,… del confinamiento, del ERTE o del posible despido.

Ayer una ginecólogo de Barcelona, Silvana Bonino, denunció ante los Mossos la pintada que alguien -ella sospecha que un vecino, ya que el coche estaba aparcado en el garaje comunitario- hizo en su automóvil: «Rata contagiosa» ¿Será porque ella sale a la calle habitualmente para dirigirse a la clínica en la que trabaja? ¿Tal vez porque su marido sea chino? Da igual, alguien ha decidido ponerla en la diana.

La oposición culpa al Gobierno por su mala gestión de la expansión del virus en España. Hay quien ve la mano negra de una conspiración. The Washington Post señalaba ayer como causante al fallo en un laboratorio de Wuhan… Pero hay mucha gente que prefiere culpar a ese que va por la calle no se sabe muy bien a qué.

Entiendo que en las comparecencias diarias del Comité Técnico creado por el Gobierno, los responsables de la Policía y de la Guardia Civil relaten comportamiento insolidarios, aunque a veces las anécdotas suenen un tanto pueriles. Pero hay que tener mucho cuidado con machacar demasiado en esa idea. Los justicieros anónimos brotan estos días como las setas.

La Televisión pública o el Gobierno deberían moderar la campaña contra los «insolidarios». Los justicieros del coronavirus crecen ahora como setas

En el Telediario del pasado martes vi un par de reportajes que me pusieron los pelos de punta. En uno de ellos se relataba como la Policía había pescado in fraganti a un vecino de un pequeño pueblo que usaba a su perro como excusa para dar paseos de ¡hasta 45 minutos! El pobre hombre se explicaba ante la cámara: «Yo hago tres trayectos, según si ha llovido o no». Me le imagino estigmatizado de por vida: «Por ahí va el que no se quedaba en casa poniendo en riesgo la salud de sus paisanos».

A renglón seguido, y con imágenes brumosas como de operación contra la mafia rusa, aparecía un individuo sentado en una playa jugando con la arena. El locutor, enfático, contaba como la Policía desplazó un helicóptero para capturarlo. Como si fuera un traficante o algo peor.

Sí, están siendo días de gozo para los caza insolidarios. A mediodía, La Sexta anunciaba una gran exclusiva: El ex presidente Rajoy sorprendido cerca de su casa paseando a su peculiar estilo y, aparentemente, vulnerando el confinamiento decretado del 14 de marzo. Por la tarde, en rueda de prensa, el ministro Marlaska anunciaba que su departamento investigará al ex presidente del Gobierno. ¡Grande La Sexta, grande Marlaska! El día del aniversario de la República Rajoy es pescado en chándal como arquetipo del tipo insolidario. A este paso, le va a salir más caro el garbeo alrededor de su vivienda que la trama Gürtel.

El confinamiento, a falta de otras medidas, está dando resultado. Natural. Si no hay contacto no hay posibilidad de contagio.

Pero no saquemos las cosas de quicio. Tanto Rajoy, como el vecino del perro o el infractor de la playa estaban solos y en lugares no transitados. Vale que se les ponga una multa, pero que se les exhiba como si fueran delincuentes peligrosos es a todas luces un exceso.

Como todo hijo de vecino tengo que bajar a diario al mercado o al supermercado y esperar largas colas donde, en muchas ocasiones, no se respeta el metro de distancia. Veo gente sin mascarilla y sin guantes, pero llevan a mano un salvoconducto: la bolsa de la compra.

Yo le pediría al Gobierno que tuviera un poco de cuidado a la hora de exacerbar ese rechazo al que supuestamente incumple el confinamiento. Porque la psicosis, a medida que se prolonga el encierro, se extiende, se hace más agresiva. Y puede que en los próximos días veamos otros casos como el de la ginecólogo de Barcelona. Dar un paseo por el campo puede ser una falta, pero no la causa de que a alguien se le señale con el dedo o se le denigre de por vida.