Lunes por la mañana, estrenamos la fase 1. Trabajo en casa, así que no percibo ningún cambio respecto a los 60 días de encierro. Tal vez, el WhatsApp esté más activo de lo habitual. El chat de tenis está en efervescencia con gente cruzando retos para toda la semana. Yo no he perdido el tiempo, y, mañana a primera hora tengo el primer partido. El tono del gobierno ha cambiado un poco, ahora nos alientan a todos a planificar nuestras vacaciones para julio y agosto, incluso a los extranjeros. Tenemos fecha para la vuelta del fútbol, y, la gente empieza a hablar de otras cosas. Del negro pasamos al gris. Esperemos que pronto al rosa. 

Por mi parte, he recuperado mi idilio con la especie humana, al menos con parte de ella. Con los uniformados. El jueves pasado sonó mi móvil. 

– ¿Dígame?

– Soy fulanito, de la Policía Nacional.

Me extrañó, el primer pensamiento que me pasó por la cabeza fue, ¿que habré hecho? El buen hombre me dice que se encontró un DNI en la calle. Yo me quedo loco porque no tenía ni idea de que lo había perdido. Me dijo que pensó en la faena que sería en las circunstancias actuales poner una denuncia en comisaría, coger cita para renovar y todo el rollo. Así que, en vez de enviarlo a la dirección, que además es de Oviedo, decidió hacer unas pesquisas, y, dio con mi teléfono. En fin, que menuda suerte tuve de que encontrara mi DNI este buen samaritano. Pero por otro lado pensé, ¡Que controlados nos tienen!, no sé, para alguien sin antecedentes penales me pareció un proceso demasiado sencillo.

Después de hacer la mili no tenía en la mejor de la estima al universo castrense en general. Sin embargo, entre mi episodio de la semana pasada, y, las palabras del jefe del Estado Mayor de la Defensa, estoy encantado con ellos. En respuesta a algunas críticas ante la presencia de los militares en las ruedas de prensa dijo: “Nosotros vamos donde se nos requiere, para salvar vidas, así que por favor les pido que nos dejen al margen de sus disputas políticas”. Chapó.

En La peste, Camus señalaba que hay algo que se aprende en medio de las plagas, que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio. Eso es tan cierto como que en las crisis hay quién llora y quién vende pañuelos.

El trabajo no es sólo producción, también relaciones sociales, y, el contacto físico es básico para estrechar vínculos entre personas

Otros, se dedican a filosofar sobre que nada volverá a ser como antes, que saldremos de este drama con la lección aprendida, y, que seremos una sociedad mejor. Lo siento, como dice Juanín, no puedo estar más en desacuerdo. Pasará un tiempo y volveremos a ser como éramos. Por cierto, los españoles nos volveremos a tocar. Nos besaremos con los familiares, nos abrazaremos con los amigos y volveremos a disfrutar. Los orientales que sigan haciendo sus reverencias, porque la sociedad será exactamente la misma, ni mejor ni peor. Igualita. 

Se producirán algunos cambios, básicamente, lo que habrá será una agudización de las tendencias previas. Teletrabajo, pues se generalizará porque hasta ahora muchas empresas no se atrevían a ponerlo en marcha por miedo. Una vez comprobado que funciona, pues adelante. Pero sin pasarse, porque el trabajo no es sólo producción, también relaciones sociales, y, el contacto físico es básico para estrechar vínculos entre personas. Por no hablar de las relaciones comerciales, ya que no hay pantalla que sustituya la piel. Menos viajes superfluos, tal vez, pero hay que ver a los clientes de vez en cuando, cuidarlos, estar cerca. No todo es tangible ni cuantificable, las sensaciones cuentan.

Tal vez algo que hayamos podido aprender de esta crisis es que no podemos quedarnos sin capacidad productiva interna. No se puede uno ver obligado a adquirir productos o materias primas en países como China o los del cártel del petróleo. No son fiables, hay que tener planes B. 

Con los que no me reconcilio es con los políticos, ni con los que mandan ni con los que están en la barrera. Los primeros por razones obvias. La mentira, la manipulación, en fin, la lista es interminable, pero lo peor son esos acuerdos taimados que nos intentan colar por lo bajini. Los segundos, bueno de los segundos hay de todo.  Si el principal partido de la oposición tuviera un hombre, o una mujer, al mando en vez de un niñato, tendrían ya el futuro gobierno del país en sus manos. Y tienen algún candidato, Feijoo, por ejemplo. O Almeida, que es el primer político que me cae bien en los 45 años de vida que tengo.

La mentira, la manipulación, en fin, la lista es interminable, pero lo peor son esos acuerdos taimados que nos intentan colar por lo bajini

En cuanto a los que están más a la derecha, se han retratado ellos solos subidos al autobús descapotable. Las manifestaciones son absolutamente lícitas, pero comparar su periplo por Madrid con el de cuando se ganó el Mundial es para bajarlo del autobús de un bofetón. Imbécil, no hay nada que celebrar, hay 28.000 muertos, y, no habéis ganado nada, campeón. 

Lo peor es la polarización que se está extendiendo en la sociedad española. Lleno de actitudes guerracivilistas, que no conducen a ningún sitio, sólo a la violencia. El camino es el respeto, la tolerancia y el diálogo. Para ello es imprescindible que el gobierno abandone a sus socios radicales, que huya de estratagemas interesadas y partidistas. Almeida ha dado un buen ejemplo hoy de como puede funcionar alguien a la altura de las circunstancias. Es necesario el consenso para salir del hoyo cuanto antes. 

Claro que si se miran los curriculum de alguno de los políticos españoles y se comparan con los de países vecinos se le caen a uno los palos del sombrajo. Ojalá al menos compensaran su incapacidad y baja cualificación con altitud de miras al estilo Marco Aurelio. Lamentablemente, ni su fin es el bien de la sociedad, ni actúan tras profunda reflexión y con una finalidad altruista. Suerte.