En la Sagrada Familia, hecha de estalagmitas del cielo por fuera y de luz y savia por dentro, se celebran ceremonias prohibidas por la gravedad, por el virus o por Torra. El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, presidente de la Conferencia Episcopal, príncipe de la Iglesia que parece disponer o vestir la canastilla del mismo Dios, ha sido sancionado por la Generalitat por dar misa allí como dentro de una burbuja del Paraíso, ignorando las burocracias terrenas. Torra tiene una pelea nerviosa contra el virus, como contra Madrid, y ha terminado metiendo en ella hasta a los peinadores de la Santísima Trinidad.

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