Decía Svetlana Alexiévich -la distinguida premio Nobel de literatura bielorrusa- que el problema de los regímenes autoritarios es que convierten a los ciudadanos en cómplices por el miedo. Es cierto, pero algunas veces el hartazgo de una población sometida durante años supera al miedo.

En Bielorrusia -o Belarús, como deberíamos acostumbrarnos a llamar a la república ex-soviética-, las elecciones fraudulentas del 9 de agosto, en las que Alexander Lukashenko reclamó un 80% de los votos frente a la candidata opositora Svetlana Tijanóvskaya, marcaron la última frontera del miedo tras 26 años de gobierno del régimen de Lukashenko. 

La sociedad, y muy especialmente las mujeres, han puesto fin al tiempo del miedo, que es ahora el tiempo de la esperanza

La sociedad -y muy especialmente las mujeres– han puesto fin al tiempo del miedo, que es ahora el tiempo de la esperanza. En esta revolución pacífica protagonizada por ellas, la esperanza está representada por la determinación y el coraje de líderes como Tijanóvskaya, Maria Kolesnikova y Veronika Tpsekalo, unidas en la campaña a las presidenciales con un programa muy simple y, sin embargo, dirigido a cambiarlo todo: el cese de la represión de la disidencia y la celebración de elecciones libres y justas.

Desde el 9 de agosto se han sucedido movilizaciones masivas y pacíficas sin precedentes en la historia reciente del país. La respuesta de Lukashenko, tanto en lo simbólico como en el despliegue material de la fuerza, ha desencadenado detenciones, torturas y violencia contra ciudadanos y periodistas.

Según datos de organizaciones sociales bielorrusas, más de 7.000 personas han sido detenidas. El centro de detención de Okréstino se ha convertido en un verdadero campo de torturas, con más de 450 expedientes de malos tratos investigados por el centro de derechos humanos Viasna, que asegura que no se ha vivido una represión tal en el país desde la ocupación nazi. 

Progresivamente, todos los miembros del Presidium del Consejo Coordinador han sido detenidos o forzados a salir del país bajo amenazas o bajo el uso de la fuerza con la única excepción de la premio Nobel, Svetlana Alexievich, quien ha sido investigada e increpada en su domicilio por las autoridades. Varios diplomáticos europeos acudieron a su domicilio para evitar una posible detención.

La delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo ha propuesto la nominación de la oposición democrática al Premio Sajarov a la libertad de conciencia

Por todas estas razones, la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo ha propuesto la nominación de la oposición democrática bielorrusa al Premio Sajarov a la libertad de conciencia, que reconoce anualmente el trabajo de defensores de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Creemos que este galardón sería un impulso a una sociedad que se arriesga por la libertad en un momento histórico. Creemos además en la capacidad de este galardón para permitir a la UE y a Bielorrusia –estamos hablando de sociedades europeas – reconocerse. 

Gracias a la información a través de los canales Telegram- fundamentales en la movilización en Bielorrusia- nuestros hijos conocen lo que ocurre en el país y se identifican con jóvenes como ellos, que saben de las libertades y que luchan por la conquista de las suyas.

Muchos más ciudadanos de la UE tienen que saber que, al otro lado de la frontera, hombres y mujeres, también de Europa, se arriesgan en defensa de la democracia. Que al otro lado de la frontera, madres europeas van de los hospitales a las comisarías buscando a sus hijos e hijas desaparecidos en las protestas que sufren tortura en  muchas ocasiones. 

Para comprender bien qué significa ser una mujer y no tener miedo en Bielorrusia hemos de entender que hablamos de más de 26 años de régimen represivo, en un país en el que la pena de muerte sigue vigente. 

La situación en Bielorrusia, donde Lukashenko sigue castigando cualquier disidencia y apelando al apoyo de Rusia, es extremadamente frágil. La Unión Europea es un espacio normativo, basado en valores que definen no sólo lo que somos, sino lo que aspiramos a ser.

El silencio ante la brutalidad de la represión del régimen de Lukashenko nos hará cómplices

El silencio ante la brutalidad de la represión del régimen de Lukashenko nos hará cómplices. La identificación de la sociedad de la UE con la sociedad bielorrusa de la que hablamos conlleva necesariamente una responsabilidad. 

La Unión Europea debe reconocer y acompañar los esfuerzos de la sociedad bielorrusa. En primer lugar, actuando para lograr que cese la violencia por parte de las autoridades y por la liberación de los presos políticos y el fin de la impunidad. Es urgente avanzar en la imposición de las sanciones ya anunciadas por el Consejo a los responsables de violaciones de derechos humanos.

Los recientes acontecimientos muestran cómo el levantamiento o relajación de sanciones a Lukashenko y otros dirigentes bielorrusos a partir de 2015 han sido un error: colaboraron en un maquillaje preelectoral del régimen de Lukashenko que, años después, sigue mostrando su verdadera cara.

Desde el grupo liberal europeo al que Ciudadanos pertenece, Renew Europe, trabajamos por la elaboración de un marco europeo de sanciones en materia de derechos humanos y corrupción similar a la Ley Magnitsky de Estados Unidos, que podría facilitar en el futuro este tipo de procesos. En ningún contexto es posible avanzar hacia la paz y la estabilidad sin justicia para los ciudadanos. 

La UE y sus Estados miembros deben además apoyar las demandas de la oposición democrática bielorrusa en foros internacionales, que pasan por la celebración de una sesión especial en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas y por el envío de una misión de observación internacional de la ONU que documente de forma independiente la situación y contribuya a la investigación de la brutalidad policial y los abusos ejercidos contra la población durante las manifestaciones. 

Los ciudadanos de Bielorrusia se enfrentan a una tarea histórica. La Unión Europea debe permanecer a su lado. El miedo no puede ser nunca un peaje para la vida. 


Luis Garicano, jefe de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento europeo, es vicepresidente y portavoz económico de Renew Europe

Soraya Rodríguez, eurodiputada en la delegación de Ciudadanos, es portavoz de Renew Europe en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento