Hay por ahí un meme de la rectora de la Universidad de Granada, Pilar Aranda, pidiendo una licencia de pub para poder abrir sus facultades siquiera como abadías vinateras, ahora que la Junta de Andalucía prima el comercio y el bebercio sobre otra sed del espíritu. En mis tiempos no había muchas distinciones y el pequeño bar de la Escuela Politécnica de Cádiz conectaba directamente con las clases como a través de una bella y antigua grifería cervecera o del Nautilus, que parecía recorrer todo el edificio feo y marinero. Quiero decir que íbamos del bar a clase como bajando o quizá subiendo una cucaña de bombero. Nosotros no teníamos conflicto entre el bar y la carrera, nos lo ponían junto y además con un tuno que nos animaba a mezclarlo todo, el Cálculo, la barra y una españolísima bandurria adornada igual que un as de bastos. Quizá es que nos estamos equivocando con todas estas disyuntivas, la salud o la economía, el bar o las aulas, la derechaza o el poscomunismo faldero. Nos falta, a nosotros y a los gobernantes, el lúcido equilibrio de aquel tuno con su vida, su cigarrillo y su pandereta en equilibrio.

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