De las 133 encuestas que se realizaron en el mes anterior a las elecciones de 2016, 122 (un 92%) dieron a Hillary Clinton como vencedora. Fallaron. Por eso ahora nadie se toma muy en serio la victoria holgada que pronostican para el candidato demócrata, Joe Biden.

Más allá de la presidencia, estas elecciones tienen otra capa de complejidad. En noviembre se vota también al Congreso, que en EEUU se compone de dos cámaras: el Senado—del que se renueva un 35%—, actualmente dominado por los republicanos, y la Cámara de representantes—que se renueva en su totalidad—, que ahora está controlada por los demócratas.

Cuando preguntamos a los inversores si creen que una victoria de Biden o Trump sería buena para los mercados, la respuesta es depende

¿Por qué importa? La probabilidad de que el programa electoral de un presidente se convierta en realidad depende mucho de la composición del congreso.

Un presidente que gobernara con las dos cámaras del Congreso en contra tendría sus poderes enormemente limitados. Con ambas cámaras a su favor podría hacer cambios profundos.

Con las cámaras divididas, como es el caso ahora, tenemos una opción intermedia. Por eso, cuando preguntamos a los inversores si creen que una victoria de Biden o Trump sería buena o mala para la economía y los mercados, la respuesta es «depende», y depende de lo que pase en el congreso.

Cuestión de probabilidad

Según las encuestas, el escenario más probable es una «ola azul». A tres semanas de las elecciones, el resultado más probable, aunque con poca diferencia, sería una clara victoria demócrata en la presidencia y una victoria ajustada en las dos cámaras del congreso.

Biden podría implementar gran parte de su programa: incremento de tres billones de dólares en el gasto en energías limpias y servicios sociales, aumento del salario mínimo, subida de impuestos a las empresas (desde el 21% actual al 28%, pero sin llegar al 35% de Obama) y a las rentas más altas y un incremento de la regulación en banca, tecnológicas y energía.

La tensión comercial con China caería, pero no desaparecería, y las relaciones con Europa serían mejores. En este caso, el crecimiento de EEUU sería mayor, impulsado por el gasto público.

Probablemente, la reacción de las bolsas en el corto plazo sería negativa, pero a medida que el gasto público y la estabilidad internacional aceleraran el crecimiento el impacto pasaría a ser positivo.

Un Biden «débil»

En segundo lugar: «un Biden débil». Si Biden gobierna con el apoyo de sólo una de las cámaras, tendríamos una versión descafeinada del programa anterior: incremento moderado del gasto público—por lo tanto, menos crecimiento—y menos impuestos y regulación, lo que mitigaría el impacto negativo en la Bolsa. Este es el mejor escenario fiscal: con su capacidad de gasto limitada y mayores impuestos, el déficit estaría bajo control.

Y, por último, el escenario menos probable: «un Trump débil». Más de una cuarta parte de las simulaciones dan a Trump como presidente y en ese caso veríamos una extensión atenuada de las políticas actuales.

Es poco probable que veamos una sorpresa como la de 2016

Sin espacio fiscal ni político para aprobar nuevos recortes de impuestos, un programa de infraestructuras, o nuevas medidas de desregulación, la agenda seguiría centrada en disputas comerciales con China y la Unión Europea.

Este escenario supondría menor crecimiento durante la legislatura, aunque las Bolsas, aliviadas al evitar la amenaza de impuestos y regulación, podrían experimentar en el corto plazo una reacción de alivio.

No esperemos demasiado

Dos consideraciones finales. Primero, es poco probable que veamos una sorpresa como la de 2016, simplemente porque ahora mismo todas las opciones están sobre la mesa. Sólo una victoria abrumadora de Trump en la presidencia y ambas cámaras podría considerarse «inesperada».

Y, segundo, no esperemos demasiado en términos políticos. Si gana Biden, cambiará las políticas menos de lo que muchos auguran. En áreas claves como impuestos, regulación y comercio, Biden busca modificar, más que deshacer los cambios de Trump. Si gana Trump, será menos fuerte que hasta ahora, y le quedarán menos balas en la recámara de las que tenía en 2016.

De momento, los inversores están reaccionando con normalidad frente a la ventaja sólida de Biden en las encuestas. Sea cual sea el resultado final de las elecciones, el factor que va a ser crucial en la evolución de la Bolsa en los próximos doce meses es otro: el desarrollo de una vacuna.

Francisco Quintana es director de Estrategias de Inversión en ING